Réplicas y saqueos complican la desesperada búsqueda de desaparecidos en Venezuela

Réplicas y saqueos complican la desesperada búsqueda de desaparecidos en Venezuela

La tierra no deja de crujir en el norte de Venezuela y cada vibración pulveriza las pocas esperanzas que quedan bajo las montañas de hormigón. Tras el inédito doble sismo del pasado miércoles, el panorama entra en su fase más crítica, con numerosas réplicas. Mientras la cifra oficial de fallecidos ya supera las 1.400 personas, los damnificados se cuentan por millones.

Ahora la prioridad absoluta de las brigadas de rescate se convirtió en una carrera contrarreloj y a ciegas: hallar a los desaparecidos en un escenario dominado por el pánico, el colapso de las infraestructuras y el estallido de graves tensiones sociales.

Ayer, una intensa y continua actividad sísmica volvió a despertar de golpe a los habitantes del centro-norte del país. De acuerdo con la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), el conteo de movimientos telúricos ya supera las 300 réplicas desde la emergencia inicial. Uno de ellos fue de 6 grados de magnitud.

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Solo en las primeras horas de ayer, las estaciones de monitoreo detectaron al menos siete nuevos temblores de mediana intensidad en las zonas costeras y centrales, con profundidades inferiores a los 12 km, lo que provoca ruidos subterráneos y una percepción mucho más violenta en la población.

Cada uno de estos movimientos obliga a suspender temporalmente la remoción de escombros ante la amenaza de nuevos colapsos, quebrando el ritmo de unos rescatistas exhaustos.

El dato es angustiante porque se considera que hay más de 50.000 desaparecidos. “Luego de tres días, la norma es que los cuerpos ya estén sin vida, pero si Dios quiere tal vez podamos encontrar a las personas con signos vitales todavía”, dijo un rescatista extranjero que pidió el anonimato.

El balneario parece una zona de guerra, con edificios colapsados como castillos de naipes y transformados en montañas de arena y escombros. En el terreno, el tiempo es oro. Luego de tres días de una tragedia de este tipo se reducen mucho las chances de encontrar gente con vida.

Los trabajos de rescate continúan mientras la población no esconde su ira por la lenta y escasa ayuda del gobierno para excavar entre los escombros en busca de sobrevivientes.

Los trabajos de rescate continúan mientras la población no esconde su ira por la lenta y escasa ayuda del gobierno para excavar entre los escombros en busca de sobrevivientes.

Marlon Ochoa, sobreviviente del desplome de un edificio en La Guaira, la ciudad más afectada, a 40 km de Caracas, cuenta que busca entre los escombros a su madre, a su esposa y a su hijo, desaparecidos tras el derrumbe de su edificio.

“Aún no veo a las autoridades encargándose de la situación aquí en esta zona”, dijo desesperado. “Me dijeron que están deliberando. ¿Deliberando qué? Si hoy no llega nadie aquí vamos a hacer una revolución porque aquí necesitamos cosas: maquinaria, plantas eléctricas, taladros, de todo”, exclamó.

La ONU estima que los sismos podrían dejar casi siete millones de damnificados y daños en 6.700 millones de dólares, 6% del PBI del país petrolero.

Entre la desesperación y el pillaje. La crisis humanitaria ha derivado de forma alarmante en un problema de orden público. La zona costera de La Guaira, declarada en desastre y bajo un estricto proceso de militarización, se enfrenta ahora a una agresiva ola de pillaje y delincuencia que ha obligado al Gobierno a tomar medidas drásticas para intentar restablecer el control.

El epicentro del desorden y los asaltos masivos a comercios se ha localizado en Catia La Mar. En este sector, el desabastecimiento severo de agua potable y alimentos, sumado al quiebre de la vigilancia, desató el caos. Decenas de personas irrumpieron en locales comerciales semidestruidos por el sismo; mientras algunos actúan movidos por la pura desesperación de la subsistencia, bandas delictivas han aprovechado la coyuntura para saquear de manera sistemática.

En la zona de Caribe, una sucursal de la cadena Farmatodo fue completamente vaciada. Quienes participaron en el asalto se llevaron desde medicamentos de primera necesidad hasta electrodomésticos y productos no esenciales, caminando de forma temeraria sobre techos fracturados y estructuras a punto de ceder. Los efectivos de la Guardia Nacional y las fuerzas antimotines que intentan descender desde Caracas se encuentran desbordados, dividiendo sus esfuerzos entre el cordón de seguridad comercial y las urgentes tareas de salvamento.

Mientras tanto, en Caracas, el panorama en los barrios de Altamira y Los Palos Grandes sigue siendo agónico. Los operarios y rescatistas trabajan sobre los escombros buscando sobrevivientes.

Las familias se preparan para pasar otra noche a la intemperie en plazas y jardines, bajo lonas plásticas, vigilando los restos de sus hogares y con el temor a nuevas réplicas.

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