El nuevo alza de los precios de la gasolina y el diésel ligado al conflicto en Oriente Próximo, que está sacudiendo el bolsillo de medio planeta y alimentando las protestas en muchos países, pone el foco sobre el peligro que implica la dependencia de los combustibles fósiles. Estos mismos combustibles son los principales responsables del cambio climático, que se sigue acelerando y mostrando sus múltiples y destructivas caras a lo largo y ancho del planeta en forma de olas de calor, incendios, glaciares que se desploman, inundaciones… Y la vía que se perfila para protegerse frente a ambos problemas —el climático y el alza de los precios— es la misma: la electrificación de la economía mundial para dejar atrás el petróleo, el gas y el carbón.
El presidente de la próxima cumbre del clima, la COP31, que se celebrará en noviembre en Antalya (Turquía), Murat Kurum, ha lanzado este lunes una propuesta que pretende que asuman los casi 200 países que participan en estas conferencias de la ONU: que el 35% del consumo energético final en el mundo se cubra con electricidad para 2035. “Cumplirlo requerirá un enfoque urgente en los edificios, el transporte y la industria, respaldados por redes y finanzas resilientes”, ha dicho. “Invito a todos los actores a alinearse con este objetivo y a llevar sus soluciones a Antalya”, ha señalado Kurum con motivo de la presentación de un informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) sobre los progresos en la instalación de fuentes limpias. El informe apunta que la tasa de crecimiento de las renovables en el mundo fue del 15,5%, 0,4 puntos porcentuales más que la de 2024. Aunque es un crecimiento récord, IRENA advierte de que todavía se debe incrementar más ese ritmo para cumplir con los objetivos climáticos.
Por su parte, la tasa actual de electrificación del consumo final de la energía en el conjunto del planeta ronda el 23%. Y, como apunta el informe de IRENA, incrementar esa cuota “resulta especialmente importante porque, a medida que aumenta el suministro de electricidad renovable, la electrificación actúa como un multiplicador de la descarbonización al mejorar la eficiencia y reducir la intensidad de emisiones asociada al uso de la energía”.
Pero no solo es una necesidad frente al cambio climático, recalca Ben Backwell, presidente de la Alianza Global por las Energías Renovables: “La presión sobre el suministro mundial de petróleo y gas derivada de la confrontación militar en el estrecho de Ormuz representa un punto de inflexión para la transición energética global”. En su opinión, recogida en el análisis de IRENA, “la mejora de la competitividad económica de las energías limpias, combinada con nuevas políticas públicas, está acelerando una tendencia ya existente, especialmente en Asia y Europa, donde los países intentan reducir su dependencia de la importación de los combustibles fósiles”.
IRENA destaca que en 2025 la capacidad renovable mundial aumentó en 692 gigavatios (GW), una cifra récord que, según esta agencia, muestra que se trata de un cambio “imparable”. “Las renovables generaron un ahorro estimado de 480.000 millones de dólares en costes de combustibles fósiles”, añade.
Simon Stiell, el secretario ejecutivo del área de Cambio Climático de la ONU, ha abundado en esa misma idea este lunes en un acto en Nueva York relacionado con la celebración de la Asamblea de Naciones Unidas en la ciudad estadounidense. “Cualquier líder que se tome en serio la lucha contra la inflación, la construcción de economías fuertes y la protección de sus ciudadanos, debe tomarse en serio la reducción del uso de los combustibles fósiles que están impulsando esta crisis climática”, ha afirmado.
Dave Jones, analista jefe de Ember, un grupo de investigación especializado en energía y clima, sostiene que la “electrificación” está ahora en el centro del debate. “Los precios disparados del diésel, la gasolina y el gas han puesto a gobiernos, industria y consumidores en una misión urgente de encontrar otro camino”, explica. “En la última crisis energética, la electrificación no estaba lista, ahora sí”, afirma sobre los problemas similares que produjo el inicio de la invasión de Ucrania en 2022. Jones insiste en que la electrificación es “una solución que no alimenta guerras, no causa cambio climático, no contamina a su población ni mantiene a países enteros como rehenes”.
Sectores
El informe de IRENA refleja que el sector residencial, con la climatización a la cabeza, es el más electrificado, con un 36% de cuota en 2023. En la industria, la cuota es del 27%, y el más retrasado de todos es el transporte, que partía del 1% en 2023, pero que está recibiendo ya un fuerte impulso con el vehículo eléctrico.
Los expertos de IRENA abogan precisamente por aumentar el ritmo de despliegue de tecnologías como las bombas de calor y los vehículos eléctricos. También apuntan a la necesidad de adoptar otras medidas como los incentivos fiscales, los programas de renovación de edificios y el impulso de la eficiencia.
Objetivo de renovables
La propuesta de llegar a esa cuota del 35% en 2035 es parecida a la que hace tres años, en la cumbre de Dubái, acordaron los países. Entonces los gobiernos, tras unas tensas negociaciones, se comprometieron a triplicar la capacidad mundial de energía renovable para 2030, además de apostar por dejar atrás los combustibles fósiles.
En el informe de IRENA de este lunes se hace un seguimiento de ese compromiso. Y aunque se apunta a que las renovables “ya están creciendo a un ritmo extraordinario”, se admite que es necesaria una mayor velocidad. “Para cumplir el objetivo global de triplicar las renovables hasta 11,2 TW (teravatios) para 2030, la capacidad instalada debe más que duplicar los niveles actuales”, señala esta agencia. “A pesar de alcanzarse un récord de 693 GW de nueva energía renovable en 2025, la tasa anual de crecimiento tendría que acelerarse hasta alcanzar una media de 1.200 GW entre 2026 y 2030″.
Los expertos de esta agencia creen que es posible lograrlo, entre otras cosas, porque las renovables, fundamentalmente la solar y eólica, “son la fuente de nueva electricidad más competitiva en costes en la mayoría de los mercados”. Y en este apartado destaca la solar, “la columna vertebral de la transición energética global”.
El complemento perfecto para estas tecnologías son las baterías, para que puedan seguir volcando electricidad cuando no haya sol o no sople el viento. El estudio de IRENA resalta que solo entre 2024 y 2025 los costes de almacenamiento en baterías han caído un 30%.









