Nora Cárpena está en un gran momento. Protagoniza la obra Viuda e hijas, en el Multitabaris. En el ping pong con Viva, cuenta qué le gustaría cambiar de su personalidad, su lugar en el mundo, los miedos y cómo le gustaría morir.
-Tenés 80 años y se te ve espléndida, ¿cuál es tu secreto?
-Hace muchos años que no tomo sol. Nunca tomé alcohol y fumé muy poco tiempo cuando era joven, cada tanto en un restaurante, nunca en casa. Y tengo una cosmetóloga hace muchos años. Ahora me atiendo con la hija. Pero… ¿la verdad? Ahora estoy yendo cada muerte de un obispo.
– Sos una de las actrices legendarias de la obra Brujas, ¿tenés algo de brujita?
– (Risas) Y, soy una mujer. Las brujas son seres celestiales. Que las hay, las hay.
– ¿Estudiaste alguna otra cosa además de actuación?
-Sí, estudié asistencia social y soy maestra normal. Pero lo que yo quería era ser actriz. Soy hija de actores y siempe estuve convencida de seguir por ese lado.
Soy naturalmente ansiosa. Quiero las cosas para pasado mañana.
– Contame de tu infancia.
-Crecí en el barrio de Quilmes, en una casa con tres dormitorios, un patio y una terraza. Hasta los doce años fui hija única y después nació mi hermana Claudia, también actriz. Jugábamos a la rayuela, saltábamos a la soga y andábamos en bicicleta. De hecho, dejaba la bici en la plaza, me iba a comer y a la tarde volvía a buscarla y ahí estaba.
– ¿Qué es lo primero que hacés cuando te levantás?
-Abro el balcón para que mis perros salgan a hacer pis. Tengo dos. Uno que se llama Quilmes, un pomedaña, y la grande, Firuleta.
-Sólo cuando pienso en las cosas que no voy a poder ver y que me gustaría, como la realización de mis siete nietos. El mayor ya tiene 32 años y están todos recibidos.
-Un jugo de naranja y un cortado.
-No tengo ganas de morirme.
– ¿Cómo te definirías?
-Soy naturalmente ansiosa, las cosas las quiero para pasado mañana. Y soy una gran trabajadora. Me encantaría volver a hacer televisión y me gusta mucho el teatro. Ahora estoy disfrutando enormemente de hacer la obra Viuda e hijas en el Multitabaris.
– ¿Un lugar en el mundo?
– ¿Qué te gustaría cambiar de vos?
-Me gustaría tener un poco más de paciencia. Soy bastante impaciente. Por momentos no tengo un buen carácter que digamos. Soy bastante chinchuda. Digo cosas horribles y después no entiendo por qué la gente está enojada. Me pasaba con Guillermo (Bredeston, su marido que falleció). Yo pensaba: “¿Qué le pasa, por qué tendrá esa cara?” Y seguramente yo le debía de haber dicho una barbaridad.
Guillermo (Bredeston, su marido) estuvo mucho tiempo con internación domiciliaria. Yo había armado una especie de clínica en mi casa.
– ¿Soñás con Guillermo? ¿Cómo te resulta la vida sin él?
– Sueño por épocas. Hará siete años que murió y estuvimos juntos cincuenta y cuatro años, más o menos. El tema es que el último tiempo de Guillermo fue muy duro. Al principio de su partida sentí como un extrañamiento. Guillermo estuvo mucho tiempo con internación domiciliaria. Yo había armado una especie de clínica en mi casa. Tenía enfermeros viviendo conmigo las veinticuatro horas; dos veces por semana venía la foniatra y una vez, el kinesiólogo. Y cuando de pronto todo eso se paró y mi cuarto volvió a ser mi cuarto, sentí fuerte la ausencia. No sólo la ausencia de mi marido sino todo lo que conllevaba él. Los últimos tres años él no se movía. Las fiestas y todos los eventos se pasaban en mi casa. De hecho, si me iba a hacer temporada a Mar del Plata, lo llevaba. Él iba en ambulancia y yo detrás, manejando mi auto con mi perro. Nunca permití que esas cosas me avasallaran. No tuve depresión. Sí tuve momentos de tristeza.
-Un hermoso crucero que hicimos con Guillermo, mis padres y mis hijas por el Mediterráneo.
– ¿Pensaste en volver a enamorarte?
–Esas cosas no se piensan, se sienten. Lo que sí, no podría convivir con nadie más que con mis dos perros. Tengo muchas amigas, salgo, voy al teatro, al cine y también viajo cada vez que puedo.
– Si pudieras tener un súper poder, ¿cuál sería?
-El poder de evitar los momentos amargos.
-Los idiomas. Soy buena en eso. Champurreo francés y hablo inglés. Me hubiera gustado aprender otros. Es una cuenta pendiente.
Nora sueña con filmar una película. Foto: Fernando de la Orden. – ¿Lo que más te costó como mamá?
–Combinar la maternidad con la actuación.
-Fui mamá por primera vez a los 20. Quedé embarazada. Y ese momento era un momento muy importante de mi carrera. Y muy importante en la carrera de Guillermo. Y a veces había que correr como loca. Guillermo me llevaba trece años. Yo grababa Rolando Rivas en Canal 13 y de pronto tenía un acto en el colegio de la nena y yo iba con el pelo colorado, toda maquillada por estar haciendo algún papel en la ficción.
-Sí, soy católica apostólica romana, voy a misa casi todos los domingos. Igual, leí que después de los setenta podés faltar y empecé a hacerlo (risas). Creo mucho en Dios y creo que todo tiene que ver con Dios.
– Vivís sola con tus perros, ¿cómo te las arreglás?
-Antes cocinaba, ahora tengo una señora que me ayuda. También hay una casa que vende tartas cerca y suelo comprar ahí. Y los domingos generalmente comemos asado en la casa de Nachi, una de mis hijas, en Pacheco.
-Ser buena compañera y buena amiga.
¿Volver a enamorarme? Esas cosas no se piensan, se sienten. Lo que sí no podría volver a convivir con nadie.
-Como te comenté: tengo mal carácter. Debería ser más paciente.
– ¿Una cuenta pendiente?
-Hacer cine porque filmé muy poco.
– ¿En qué gastás la plata?
-En ropa. ¡me encanta! También me gusta hacer regalos.
– ¿Cómo te gustaría morir?
-De golpe, lo que antes llamaban “la muerte de los justos”.










