‘Ernie Pike’, la obra maestra de Oesterheld y Pratt que cambió para siempre la historieta argentina

‘Ernie Pike’, la obra maestra de Oesterheld y Pratt que cambió para siempre la historieta argentina


El título identifica una obra maestra en la historieta argentina. Ernie Pike. Corresponsal de guerra, la serie escrita por Héctor Germán Oesterheld e ilustrada por Hugo Pratt y otros dibujantes, comenzó a publicarse en abril de 1957 en la revista Hora Cero y desde entonces no ha dejado de reeditarse con diversos formatos y recortes.

En su última versión, ahora en el sello Planeta, incluye otra historieta bélica del mismo dúo, Lord Crack, prólogo de Juan Sasturain y una entrevista inédita de Martín García con el guionista, realizada un año antes de que fuera secuestrado y desaparecido por grupos de tareas de la última dictadura.

Nacido en Buenos Aires en 1919, Oesterheld estudió Geología y obtuvo el título de Licenciado en Ciencias Naturales. “Mi acercamiento a la historieta se produjo ya bastante avanzada mi carrera en las editoriales –cuenta en la entrevista con García–. Empecé haciendo trabajos de divulgación científica para muchachos (…) y a la vez hacía cuentos infantiles hasta que un día necesitaban unos guiones en la editorial Abril para la revista Misterix y me preguntaron si me animaba”.

A partir de ese momento, “el hobby, que era escribir, se convirtió en profesión y la profesión ahora es hobby”.

Ray Kitt (1951), protagonizada por un inspector de la Sureté francesa, fue la primera serie guionada por Oesterheld y el comienzo de su trabajo con Hugo Pratt (Rímini, Italia, 1927 – Suiza, 1995). En Sargento Kirk, iniciada en 1953, el escritor se propuso contar “la novela humana, real, del oeste americano” con un sargento que desertaba del Ejército después de una masacre de indígenas. La distancia con los estereotipos narrativos se profundizó con Ernie Pike.

Un periodista de modelo

El modelo fue el periodista estadounidense Ernest Pyle (1900–1945), cuyas crónicas sobre la Segunda Guerra Mundial estaban centradas en la vida cotidiana y en los pequeños conflictos de los soldados antes que en las batallas y en las estrategias militares. Oesterheld se sintió atraído por esa figura y por el hecho de que había modificado su visión sobre la guerra después de presenciar la muerte de un soldado pero no tanto por los textos, “porque eran más bien meras pinturas, no había argumento”.

Oesterheld escribía por entonces prácticamente la totalidad de las historietas que publicaban las revistas Hora Cero y Frontera en sus ediciones semanales, mensuales y extraordinarias, lo que aguzó su destreza como narrador.

“En el caso particular de Ernie Pike, cualquier cosa me ha servido para crear historias, desde una foto en un diario de la época hasta una frase en una historia o a veces un nombre o una escena en una película”, dice en la entrevista que incluye la reedición.

Al radicarse en Buenos Aires hacia 1949, Pratt había traído desde Italia un archivo personal con fotografías de la guerra. La documentación, asociada con la influencia de las películas neorrealistas Roma, ciudad abierta (1945) y Paisá (1946), de Roberto Rossellini, respaldó el extremo detalle con que representó uniformes, armas, buques, aviones, submarinos y ambientes tan diversos como Normandía, Nueva Guinea, Pearl Harbour, Somalía y Burma. Como remate, y en principio a modo de broma, Pratt dibujó a Pike con los rasgos de Oesterheld.

La edición actual incluye los episodios dibujados por Pratt. A partir de 1959, cuando el italiano se mudó a Inglaterra, la serie fue continuada entre otros por Francisco Solano López –el dibujante de El Eternauta–, Julio Schiaffino y hasta un joven José Muñoz, el cocreador de Alack Sinner.

La otra guerra

Ernie Pike representa un personaje recurrente en las creaciones de Oesterheld: el narrador como intermediario entre el lector y la historia que se trata de relatar y a la vez de interpretar. El acto mismo de contar se convierte en tema por ejemplo en “Navidad”, episodio donde el corresponsal narra una historia de la Segunda Guerra ante un grupo de soldados que pelea en Corea.

Ernie Pike. Edición integral, de Héctor Oesterheld y Hugo Pratt (Planeta). Foto: gentileza.

Lo que empieza como entretenimiento termina en una especie de lección ejemplar: como empujados por las palabras del periodista, los soldados rescatan a un enemigo que yace herido en el campo de batalla.

Ese episodio es significativo además del interés de Oesterheld por las historias que muestran el sentido y la fuerza de los gestos solidarios. Otra clave se encuentra en “La fuga”, donde un prisionero estadounidense escapa a la tortura de sus captores japoneses al aplicar un cuento de Jack London que plantea una situación similar.

“No hay lecturas inútiles. Quizá este mismo relato que acabo de hacerles les sirva a alguno de ustedes… pero no, ¡pensándolo bien, mejor que nunca tengan que recurrir a él!”: la reflexión de Pike como cierre de la historia recuerda ahora dramáticamente la experiencia del propio Oesterheld, quien después de su secuestro el 27 de abril de 1977 fue visto con signos de graves torturas en los centros clandestinos Campo de Mayo, El Vesubio y El Sheraton y permanece desaparecido.

“La fuga” expone que el saber y la experiencia surgen para Oesterheld de las formas de la cultura popular, y el valor del conocimiento está dado por su utilidad para resolver problemas concretos, una perspectiva que también se encuentra en los personajes de El Eternauta ante la invasión extraterrestre a Buenos Aires.

Ernie Pike, reedición. Archivo Clarín.

Pike observa además que los torturadores “en tiempos de paz eran labriegos… pequeños campesinos que llorarían al ver nacer un ternero”, pero la guerra “los había transformado en fieras más crueles aún que la más sanguinaria de las fieras salvajes”: el reconocimiento del enemigo como un semejante y de la guerra como deshumanización es constante en las historias.

“En toda guerra, y también en toda paz, cada soldado, cada hombre, libra su propia lucha. Los que vencen son pocos, muy pocos”, dice Ernie Pike en el cierre de “Navidad”. El resultado de ese “combate”, agrega en otro episodio, “se conoce en la muerte, porque según cómo se muere se sale vencido o vencedor”. La única victoria que cuenta, para Oesterheld, es la que los personajes logran frente a las razones de la propia guerra.

Dos contra la corriente

En 1957, mientras Oesterheld publicaba Ernie Pike y otras historietas, Rodolfo Walsh desarrollaba la investigación periodística sobre el fusilamiento de un grupo de militantes peronistas en José León Suárez. En su libro Enigma Walsh. La escritura del oficio (2024), Raúl Horacio Campodónico analiza la coincidencia entre ambos escritores respecto a los medios de publicación en la época y las rupturas que provocaron.

“Francotiradores”, el primer episodio de Ernie Pike, presenta un relato que “no comprará ni el Life ni Time ni otra publicación que se respete”, aunque “hay en él heroísmo del bueno” y detenta el gris y la dureza “que tienen las cosas de la realidad, un relato sin buenos ni malos”; del mismo modo, la denuncia de Juan Carlos Livraga “se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar, y casi ni enterarse”, contará Walsh en el prólogo de Operación Masacre.

Ernie Pike, reedición. Archivo Clarín.

Walsh y Oesterheld coincidieron también en la convicción de que las historias provocaban efectos. Así como “con una máquina de escribir y con un papel podés mover a la gente en un grado incalculable””, según la declaración del autor de Operación Masacre en una entrevista con Ricardo Piglia, el de Ernie Pike no se propuso contar cualquier historia sino aquellas que contuvieran un ideal humanista para compartir con los lectores.

Oesterheld tematizó la resistencia de las editoriales a los cambios en episodios de Ernie Pike. En “Desencuentro”, como cierre de una trágica historia de amistad entre dos soldados, el corresponsal le dice al fotógrafo Tony Zardini: “Tiene que haber un lugar, Tony, un lugar donde estas tragedias, hechas de coraje y desencuentros, se anoten a favor de la especie humana”.

La reflexión suena como un programa para la propia saga; Campodónico propone que “además, puede interpretarse que el ‘Tony’ proferido por Ernie Pike no solo invoca a su compañero, sino que también interpela a la conocida revista El Tony”, publicada por Editorial Columba y emblemática de la historieta convencional.

Una conmoción en el quiosco

En Ernie Pike también hay lugar para el humor en las historias de un escocés cuya gaita funciona como “arma secreta” en una batalla, una oficial que busca al hombre de sus sueños en el frente de batalla o un soldado convencido de que lo persigue la mala suerte aunque sobrevive a la guerra.

Ernie Pike, reedición. Archivo Clarín.

La comicidad está resaltada en Lord Crack a través de la inexperiencia y la torpeza de un joven poeta se alista en el cuerpo de marines, en contraste con un rudo sargento, y de otras ocurrencias de la trama, como un poema que resulta útil para una operación militar.

En la guerra, insiste Osterheld, no se trata de la maldad de algunos hombres sino de la perversión del sistema en el cual funcionan como piezas descartables. El sentido heroico surge de acciones que niegan el conflicto, como el oficial que ofrenda su vida para salvar a náufragos del bando opuesto en “Un teniente alemán”, otro episodio notable.

Las características originales de la publicación –en formato apaisado y por entregas– pueden apreciarse en la digitalización reciente de Hora Cero realizada por el sitio Ahira (Hora Cero – Ahira).

En el prólogo de la reedición, Juan Sasturian recuerda el impacto ante la primera lectura de Ernie Pike cuando tenía once años y la historieta se publicaba por primera vez: “Ese episodio insólito, que ‘terminaba mal’, no se parecía a nada de lo que habitualmente leíamos en las historietas o veíamos en el cine. Fue una conmoción y un acontecimiento”. La novedad sigue vigente.

Ernie Pike. Edición integral, de Héctor Oesterheld y Hugo Pratt (Planeta).

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