En 1994, cuando Estados Unidos organizó su primer Mundial, la falta de tradición del público se vio reflejada al término del debut de la selección local. Después del 1-1 contra Suiza en Detroit, miles de hinchas permanecieron en el estadio a la espera de un tiempo suplementario. De acuerdo con su cultura deportiva, un partido no podía terminar sin un ganador: desde los altavoces debieron informarles que el encuentro ya había finalizado. Otra vez en Estados Unidos pero ya en 2026, el equipo de Mauricio Pochettino comenzó el Mundial como si fuera incapaz de empatar: al triunfo 4-1 contra Paraguay en el estreno del Grupo D le siguió una nueva victoria, 2-0 ante Australia en el mediodía de Seattle, que le garantizó el pase a los dieciseisavos de final.










