«Era como si hablara a través de la ropa”, recuerda Nicolás Manusovich. El diseñador de indumentaria revisita así el modo en que, durante su adolescencia, la vestimenta se convirtió en una herramienta clave para vencer la timidez y poder comunicarse, al mismo tiempo, en el punto de partida de su interés por la industria de la moda.
“Lo que me gustaba no estaba dentro de ninguna materia; pasaba más por fuera del aula”, rememora sobre ese primer acercamiento a la escena fashion, mientras cursaba el último año de la secundaria en el Colegio Ecos de Villa Crespo, y frecuentaba las matinés de los boliches.
Por entonces, su inspiración venía, por un lado, de los músicos que escuchaba -como el estiloso Justin Bieber y otros artistas vinculados al hip hop- y, por otro, de la fascinación que le provocaba el auge de las zapatillas, especialmente las diseñadas por Virgil Abloh, director creativo de Off-White, la marca de impronta urbana que sacudió la parafernalia de la moda del nuevo milenio.
Formado en la Universidad de Palermo, a los 25 años, Manusovich está al frente de SICH, la firma de indumentaria que propone otra forma de pensar la vestimenta en una era abarrotada por el fast fashion y por una industria cada vez más deshumanizada.
La propuesta se apoya en dos premisas centrales: producir ropa en talleres locales, con materiales nobles, y correrse de las tendencias que dicta el mercado para crear piezas atemporales, ideadas para perdurar en el tiempo.
A ese enfoque se agrega una mirada genderless, es decir, sin distinción de género: aunque la mayoría de los diseños parten de cortes masculinos, se adaptan con naturalidad a las siluetas femeninas. “Busco que todas las prendas sean elegantes y sensibles -reconoce-, que acompañen a las personas y las ayuden a comunicar su energía”, profundiza.
El estilo de SICH, la flamante marca que, si bien recién ahora salió a la venta, ya la venía craneando hace tres años, es el resultado de maridar los rasgos típicos del oficio sastrero y la funcionalidad del universo deportivo. Esa combinación aparece, por ejemplo, en la incorporación de capuchas y viseras, elementos que le quitan formalidad a los looks sin resignar elegancia.
“Intentamos unir esos dos mundos, y esa fusión se ve en las tipologías, los detalles y el uso”, explica. Y la referencia deportiva también tiene una raíz biográfica: su padre, Damián Manusovich, exjugador del fútbol argentino, formó parte de los planteles de San Lorenzo y Vélez Sarsfield, entre otros clubes.
Esa influencia se traduce en diseños que apuestan a la comodidad, algo que además se advierte en torno a la pasión con la que se vive el fútbol: entre jugadores, cuerpos técnicos e hinchas. “Me siento muy atraído por eso; me parece un acto muy hermoso vivir con esa intensidad”, admite.
“Jovencito bien vestido, elegante”, es una de las acepciones del término lunfardo “Cajetilla”, la misma que le da nombre a la colección cápsula presentada recientemente en el espacio cultural Loro Negro, cuyo lanzamiento reunió a personalidades del ámbito deportivo, como Sergio Goycochea, exarquero de la selección argentina, y Claudia Villafañe. Eso sumado al reconocido relator Sebastián “El Pollo” Vignolo, uno de los primeros difusores de la marca en redes sociales.
La línea recién lanzada que se distingue por la elección de tramas, texturas y formas, está integrada por seis ítems de abrigo; tapados, camisas de invierno, camperas, buzos y chalecos con cierre en paño de pura lana, en una paleta de color que oscila entre rojo, azul, negro y gris, ya sea en textiles lisos o un símil Príncipe de Gales.
¿El propósito? Complementar los básicos de calidad hechos en el país, como remeras y pantalones, con piezas capaces de aportar un sello propio. “Brindarle al usuario una prenda que complemente este look y le dé un toque más personal al outfit de cada uno”, concluye.










