En la plaza de Gutiérrez hay un árbol de Navidad. Es junio. Nadie lo ha desmontado todavía. Ni lo hará. Está hecho con botellas de plástico recicladas, pintado de verde, con su estrella todavía en la cima. A Gutiérrez, a cuatro horas por carretera desde Bogotá, no se llega de paso hacia ningún lado. El que viene aquí lo hace buscando algo. Sus vecinos lo saben y miran de arriba abajo al visitante. No hay desconfianza, pero sí curiosidad. Esperan a que de una vez la forastera diga qué quiere, en este caso responder a una pregunta: ¿Por qué el 31 de mayo el 82% de sus habitantes votó por Abelardo de la Espriella, un candidato que representa la derecha más radical?












