«Hay muchas cosas para decir”

«Hay muchas cosas para decir”


Dos tés endulzados con stevia sobre la mesa ratona ayudan a combatir el frío de la tarde. Sentada de espaldas al ventanal que da a la calle, Isol escucha con atención y a veces responde enseguida. Otra se queda pensando unos segundos antes de volver sobre una idea. La conversación avanza entre libros, dibujos, música y una preocupación que aparece más de una vez: cómo seguir defendiendo la curiosidad.

“Al Indio Solari le escuché decir algo que me gustó mucho: que los artistas son la piel sensible del pueblo y ese es nuestro lugar”, dice Marisol Misenta, conocida universalmente como Isol. “Algunos dirán: ¿para qué quiero una piel sensible? Y por eso prefieren ponerse una coraza para no sufrir. Entonces tenemos que preguntarnos qué estamos aportando y qué mundo queremos”.

Ganadora del Premio Astrid Lindgren (ALMA) en 2013, el reconocimiento más importante de la literatura infantil y juvenil, Isol dejará inaugurada la 34ª Feria del Libro Infantil de Buenos Aires.

Aunque la Feria se puede recorrer desde hoy, la ceremonia inaugural será el viernes 17 de julio a las 17 en el Centro de Convenciones, espacio al que regresa este año el encuentro, que se desarrollará hasta el 2 de agosto con entrada libre y gratuita.

“Me habían convocado otras veces y no sentía que fuera el momento. Ahora sí. Hay muchas cosas para decir”, sonríe.

–¿Qué importancia tiene para vos la Feria del Libro Infantil y que además sea gratuita?

–¡Es fundamental! No podés cobrarle a la gente por ir a mirar. La feria es una invitación, una salida para personas que quizás nunca entrarían a una librería. Son esos jardincitos que hay que defender. Ir a una marcha o ir a la feria son actos cívicos que nos energizan y nos hacen sentir que no estamos solos. Argentina tiene una potencia cultural enorme; nuestros autores de literatura infantil son reconocidos en todo el mundo. Eso se construyó durante décadas y no hay que tirarlo al tacho. Para mí es un honor participar.

–Una feria en tiempos dominados por los algoritmos.

–El algoritmo es un temazo porque usa tus datos para saber quién sos y proponerte siempre más de lo mismo. Podés pasar una hora en redes sociales y terminar con una sensación de vacío absoluto. El libro físico, en cambio, te pide otro tipo de concentración. No tiene esa luz eterna de la pantalla, igual a cualquier hora del día. Además, el libro se comparte, se presta, circula. Yo misma descubro que no puedo pensar si no escribo a mano. Hay algo en el trazo y en la elaboración física que sigue siendo irreemplazable.

–En tus encuentros con lectores suele haber preguntas muy profundas. ¿Cómo evitás caer en la condescendencia adulta?

–Un nene una vez me dijo: “Tus personajes están muy preocupados”. Me encantó que lo viera así. Mis personajes tienen conflictos humanos, dudas, contradicciones. No son modelos de conducta. Siempre digo que es más fácil hacer fuerte a un nene que arreglar a un hombre roto. Trato al niño como a un par, como una mente inquieta y juguetona. Los chicos son subversivos por naturaleza: quieren romper, explorar, entender. En mis charlas trato de no dar respuestas cerradas. Estamos todos metidos en este balurdo del mundo y hay que seguir preguntándose cosas.

Vida de perros

El año próximo se cumplirán treinta años de Vida de perros, el libro con el que Isol debutó como autora e ilustradora. Tres décadas después, aquella primera obra sigue siendo una buena puerta de entrada a su universo creativo. Al otorgarle el premio ALMA, el jurado destacó una forma de narrar «desde el nivel de los ojos del niño» y unas imágenes que ya «vibraban con energía y emociones explosivas».

–Tus dibujos suelen desafiar la idea tradicional de prolijidad o perfección. ¿Qué buscás cuando te salís de la línea?

–¡Me salgo de la línea a propósito! Son decisiones gráficas. Lo que me interesa es la expresividad, no el realismo. A veces creen que mis dibujos están hechos así nomás, pero puedo pasar un año entero trabajando un libro. No soy una virtuosa del dibujo; soy una trabajadora de la imagen. Me gusta que se vea la mano detrás de la obra, la cocina, porque eso también les muestra a los chicos que hay libertad para probar. Me gusta recordar una anécdota de Picasso. Un pasajero de tren le preguntó por qué no pintaba las cosas como eran realmente. Entonces le mostró una foto de su esposa y le dijo: “Así es”. Picasso la miró y respondió: “Qué raro, yo la veo bastante chiquita, plana y en blanco y negro”.

Entrevista a la autora Isol. Foto: Emmanuel Fernández.

–Vos insistís en definirte como una narradora en imágenes. ¿Qué cambia cuando entendemos que la ilustración también cuenta la historia?

–Es curioso porque muchas veces me preguntan cuándo empecé a escribir, como si la ilustración no fuera también una forma de autoría. La imagen es un lenguaje muy poderoso que suele quedar relegado cuando aprendemos a escribir. En el libro álbum muchas veces la historia nace justamente de lo que se ve. Por eso me considero una narradora en imágenes porque entiendo que la historia son las dos cosas.

–En tus historias, la palabra a veces contradice lo que vemos en el dibujo. ¿Es esa tensión lo que define tu estilo de narración?

–Lo más divertido es cuando se genera un «contrapunto chispeante»; ese diálogo donde la palabra a veces contradice lo que muestra el dibujo. Es ahí donde se produce el «clic» en el lector, un tercer sentido que no existiría si el texto y la imagen dijeran lo mismo. Un mismo texto, con una imagen diferente al lado, puede disparar el relato hacia cualquier otra dirección.

–Los chicos hoy pueden preguntarle todo a una inteligencia artificial. ¿Qué se pierde cuando desaparece la conversación con otros?

–Se pierde algo muy importante: lo intergeneracional. Lo que cohesiona una sociedad son esas sabidurías compartidas. Por eso valoro tanto los espacios de encuentro. Argentina tiene una potencia comunitaria increíble. Talleres, coros, grupos de teatro, bibliotecas. Todo eso nos salva de quedar aislados. El otro día vi en la plaza a un hombre practicando la tuba. No es un concierto, no es algo utilitario; es simplemente el uso del espacio común para la investigación personal y la belleza. ¡Me encantó verlo porque es lo opuesto a lo utilitario! Pensé en ese hombre en su departamento: seguramente le dirían que la tuba es muy linda pero que molesta, que tiene horarios, que el sonido es demasiado. En la plaza, en cambio, el espacio es de todos. A veces te aparece algo que no esperabas. Mis libros buscan eso: ser un espacio donde uno puede probar cosas, ser un poco más libre ante lo políticamente correcto que a veces nos constriñe tanto.

–Después de una experiencia como la que viviste en Palestina, ¿qué pasa con esa sensibilidad de la que venimos hablando?

–Es un lugar de riesgo. Algunos se ponen corazas para no sufrir, pero el arte te obliga a tener la piel sensible. Estuve en Palestina en 2018 y vi el apartheid con mis propios ojos: los colonos sacándole todo a la gente, el control militar…. Sin embargo, cuando estuve allá con los chicos, me di cuenta de que al cuarto día ellos ya no querían hablar del conflicto; querían dibujar, imaginar que eran astronautas, reírse. De ahí nació La costura, un libro que celebra su cultura y sus bordados, no su tragedia.

Entrevista a la autora Isol. Foto: Emmanuel Fernández.

–¿Cómo te afectó la reacción que generó La costura, un libro que justamente buscaba celebrar una cultura?

–Fue un horror. Me mandaron mensajes de odio, me llamaron antisemita, me amenazaron con sacar mis libros de las escuelas. Me dolió porque mi público siempre fue progresista, pero hay un nivel de fanatismo y de enfriamiento del corazón que asusta. Lo que más me impactó fue una madre que me preguntó qué hacía ahora con mis libros. No quiero que ningún niño se pierda de leer mis historias porque crea que la autora lo odia. El libro debe ser ese espacio de libertad absoluto donde un chico no se sienta rechazado por la autora.

–Sos soprano en grupos de música antigua, pasaste por el pop electrónico con Entre Ríos y mantenés tu banda propia. ¿Qué lugar ocupa hoy el canto en tu rutina y cómo nació esa unión con el Tata Cedrón?

–El arte es un músculo y, para mí, el canto es una necesidad vital que me obliga a «poner el cuerpo», algo muy necesario porque el trabajo de autor suele ser bastante solitario. Sigo tomando mis clases cada quince días para mantenerme activa y sigo tocando con mi banda (junto a Julián Horita y Nicolás Cecinini), donde hacemos temas propios y algunas versiones. Lo de Tata Cedrón ha sido algo hermoso; siempre me encantó su trabajo y ahora nos hicimos amigos. Ya grabamos tres temas y la idea es seguir grabando más hasta que salga un «disquito». Me interesa mucho ese riesgo de estar en un escenario y exponerme ante un público que se encuentra con la música en un evento de historietas o en un museo, y se deja sorprender.

–Estás trabajando nuevamente con el Fondo de Cultura Económica. ¿Qué nos podés adelantar?

–Es un libro que tengo en bocetos desde el 2019. Se frenó por la pandemia y porque es un objeto caro: viene en una caja, con un cuaderno, con tintas especiales que pedimos a China. Me entusiasma mucho que las editoriales apuesten por formatos que se salen de lo estándar, como ya pasó con Nocturno o Tener un patito es útil. En Europa a veces cuesta más que se arriesguen, pero en Latinoamérica, quizás por el apoyo de estados como el mexicano en este caso, se pueden hacer estas locuras que desafían lo previsible.

–Después de tantos años de trabajo seguís moviéndote con bastante libertad entre la música, la ilustración y los libros. ¿Cómo hacés para conservar esa independencia?

–Me gusta conservar la libertad de movimiento y no sentir que tengo que decir determinadas cosas. Si tuviera que elegir una palabra para definir mi búsqueda hoy, sería “maravilla”.

Isol básico

  • Isol Misenta nació en Buenos Aires (Argentina), en 1972. Su especialidad es narrar a través del diálogo entre imágenes y textos (libro-álbum).
Entrevista a la autora Isol. Foto: Emmanuel Fernández.
  • Tiene 27 títulos publicados –con traducciones a 17 idiomas–, como Tener un patito es útil (2007) y La costura (2022).
  • El trabajo de Isol ha sido distinguido internacionalmente con numerosos galardones, entre ellos, los que otorga la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (alija) y el Banco del Libro de Caracas.
  • Además, recibió el Premio Golden Apple en 2003 y fue finalista del Premio Hans Christian Andersen de la Organización Internacional para el Libro Juvenil (ibby, por sus siglas en inglés) en los años 2006 y 2008.
  • En 2013 ganó el Astrid Lindgren Memorial Award, uno de los mayores reconocimientos de la literatura mundial.

La autora e ilustradora Isol estará a cargo de la Inauguración de la 34.° Feria del Libro Infantil que será el viernes 17 de julio a las 17 en el CEC, Centro de Convenciones de la Ciudad (Av. Pres. Figueroa Alcorta 2099).

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