A pesar de que su esposa confesó haberlo matado a golpes y descuartizado con la ayuda de sus dos hijos carniceros, los tres imputados siguen libres y el juicio oral aún no tiene fecha de inicio. La querella denuncia falta de voluntad política y judicial para resolver el caso.
El hallazgo del horror en el basural
El caso que conmocionó a Villa Fiorito y al conurbano bonaerense comenzó el 1° de junio de 2022. Esa tarde, una cámara de seguridad registró la última imagen de Daniel Tomás Silvero con vida: llegaba en un auto blanco a la vivienda que compartía con su pareja, Laura Marcela Campos.
Ocho días después, una de las hijas de la víctima denunció su desaparición tras recibir un misterioso mensaje de texto. El escrito, plagado de errores ortográficos, anunciaba una supuesta mudanza y un cambio de chip celular. La joven desconfió de inmediato; su padre le había dejado una carta previa con una advertencia letal: «Si me pasa algo, búsquenme en mi casa».
La investigación penal dio un giro macabro cuando la Policía Bonaerense halló dos piernas humanas dentro de una bolsa de residuos en un basural ubicado en Necol y Darwin.
Pocas horas después, acorralada por las pruebas, Laura Marcela Campos se quebró ante los efectivos de la comisaría 5ta. de Villa Fiorito y confesó la autoría del crimen. Siguiendo sus indicaciones exactas, los peritos rastrillaron un arroyo cercano y hallaron la cabeza de Silvero oculta dentro de un balde relleno con cemento, junto a otros restos óseos esparcidos por la zona.
Una confesión explícita sin consecuencias
«Yo fui, el día del partido de Argentina e Italia, le pegué con un palo, lo corté con una sierra, lo puse en bolsas y lo tiré», declaró Campos textualmente en el expediente judicial.
En su testimonio, detalló meticulosamente el recorrido que realizó a pie para descartar el cuerpo desmembrado de su esposo en distintas esquinas estratégicas de la localidad. Además, involucró directamente a sus dos hijos de una relación anterior, quienes se desempeñaban como carniceros y aportaron las herramientas y los conocimientos necesarios para el desmembramiento.
A pesar de la contundencia de la autoincriminación, de los videos de seguridad y de los testimonios recolectados, el proceso penal se encuentra totalmente estancado. La abogada querellante de la familia de la víctima, Verónica Rodríguez Gabriolo, expresó su profunda indignación en diálogo con TN: «Tenemos los videos, las testimoniales y la declaración de la imputada. Los tres están imputados en la misma causa por homicidio agravado y los tres están libres. Lo único que falta es voluntad para elevar el caso a juicio». El pedido de elevación fue presentado formalmente en 2024 y reiterado con insistencia durante 2025, pero la fiscalía continúa dilatando el cierre de la instrucción.

La estrategia de la defensa y la polémica judicial
El nudo que mantiene a los acusados en libertad radica en un cambio de perspectiva de la fiscal Marcela Juan y la jueza de Garantías Laura Ninni. La defensa oficial de Campos sostiene que la mujer actuó bajo un cuadro severo de violencia de género y familiar, argumentando que sufría maltratos crónicos y que temía que Silvero abusara sexualmente de una de sus hijas. Bajo este argumento de legítima defensa o vulnerabilidad, la magistrada les otorgó la libertad mientras avanza el proceso por el delito de «homicidio agravado por el vínculo y por el concurso premeditado de dos o más personas».
Sin embargo, la querella derriba categóricamente esta hipótesis de la defensa. Rodríguez Gabriolo argumentó que no existen denuncias previas en ninguna comisaría de la mujer y que los testimonios de los compañeros de la feria donde trabajaba la pareja demuestran un perfil sumamente violento por parte de Campos. «Contamos con relatos que señalan que ella lo celaba de forma permanente. Una compañera declaró que una vez le arrojó agua caliente a Silvero solo por hablar con otra mujer. Creemos que el móvil fue un rapto de celos enfermizos», sentenció la abogada.
El dolor de la familia y el mito urbano
La familia de Silvero sigue reclamando justicia ante el temor de que el crimen quede impune. En el momento del hallazgo, Miriam, hermana de la víctima, manifestó el desamparo que sienten los familiares de hombres víctimas de violencia doméstica: «Hoy cualquier mujer puede matar a su marido porque no existe la justicia. Mi hermano sufría violencia de género, pero nunca se animó a denunciarlo».
En los pasillos de Villa Fiorito, el caso se transformó además en un mito urbano terrorífico; los vecinos hicieron circular la sospecha de que la mujer utilizó los restos faltantes de su esposo para cocinar empanadas y venderlas en la feria local, una hipótesis macabra que, aunque nunca fue acreditada por la justicia, reflejó el nivel de horror que rodea al expediente. Cuatro años después, el cuerpo mutilado descansa en un cementerio, mientras sus asesinos confesos caminan libres por las calles bonaerenses.
Fuente: TN.










