El partido por el tercer puesto, ese que nadie quiere jugar y que obliga a revisar el archivo para recordar qué selección lo ganó en cada Mundial, terminó regalando uno de los espectáculos más entretenidos de la Copa. Inglaterra derrotó 6-4 a Francia en el Hard Rock Stadium de Miami, en un encuentro que parecía sentenciado al cabo del primer tiempo y terminó convirtiéndose en un festival de goles.
Los dirigidos por Thomas Tuchel, que había decidido rotar el equipo y darles una oportunidad a varios habituales suplentes, se fueron al descanso con un contundente 4-0 gracias a una actuación brillante. Pero Francia reaccionó en el complemento de la mano de un letal Kylian Mbappé, aunque la remontada no alcanzó para subirse al podio.
Se sabe que este es un partido incómodo para la mayoría de los futbolistas, que a esta altura imaginaban estar preparando la final de Nueva Jersey. Por eso Tuchel apostó por la rotación y les dio minutos a jugadores con menos participación durante el torneo. La apuesta salió perfecta: Bukayo Saka fue la gran figura con un hat-trick, acompañado por Marcus Rashford, Morgan Rogers e Ivan Toney. En el banco quedaron Harry Kane y Jude Bellingham.
Didier Deschamps, en cambio, mantuvo la base del equipo titular en el que fue su último partido como entrenador de Francia tras 14 años al frente del seleccionado. Solo realizó tres variantes: ingresaron Malo Gusto, Warren Zaïre-Emery y Rayan Cherki, además del cambio obligado de Maxence Lacroix por el lesionado William Saliba.
El primer tiempo fue una exhibición inglesa. Declan Rice manejó los tiempos del partido y lastimó con pases verticales que expusieron constantemente a la defensa francesa. Saka y Rashford desbordaron cada vez que aceleraron, mientras que atrás los Tres Leones casi no concedieron espacios. Francia jugó a otro ritmo, como si quisiera estar en cualquier lugar menos en Miami.
Rice abrió el marcador apenas comenzado el encuentro tras recuperar una pelota de Désiré Doué, conducir sin oposición y definir con precisión. Antes de la pausa de hidratación llegó el segundo: Ezri Konsa ganó de cabeza en el área rival y venció a Mike Maignan. Luego apareció Saka. Primero le anularon un gol por un fuera de juego milimétrico, pero enseguida tuvo revancha al culminar un contraataque para el 3-0. Ya en tiempo de descuento, definió con categoría tras un pase profundo de Djed Spence y selló un impactante 4-0.
Hubo que revisar la historia de los Mundiales: nunca antes Francia había recibido cuatro goles en un primer tiempo. Lo más parecido había sido en Sudáfrica 2010, cuando perdía 2-0 ante el seleccionado local antes de caer 2-1 y quedar eliminada.
Todo hacía pensar que el partido estaba terminado. Incluso Mbappé caminó hacia el vestuario con una sonrisa irónica que escondía bronca y frustración. Sin embargo, el complemento mostró otra cara.
La potencia ofensiva de Francia, que había sido neutralizada por España en semifinales, apareció en todo su esplendor. En apenas veinte minutos descontó tres veces, dos de ellas gracias a Mbappé, que además superó a Lionel Messi tanto en la tabla histórica de goleadores de los Mundiales (22 contra 21) como en la de esta edición (10 frente a 8).
Saka, de penal, firmó el 5-3 y completó su hat-trick. El encargado habitual, Jude Bellingham, le cedió el remate como reconocimiento a su enorme actuación. En el descuento, Ousmane Dembélé marcó el cuarto gol francés y, casi de inmediato, el propio Bellingham puso el definitivo 6-4.
Nadie imaginaba un partido con diez goles, algo que no ocurría desde el histórico 10-1 de Hungría sobre El Salvador en España 1982. Sin embargo, se convirtió en el partido por el tercer puesto con mayor cantidad de gritos: superó el 6-3 de Francia contra Alemania Federal en Suecia 1958.
En la previa del Mundial, Francia era la candidata de todos, mientras que Inglaterra buscaba cortar su sequía de títulos, una cuenta pendiente que ya lleva 60 años de decepciones. La despedida de ambas selecciones fue tan inesperada como entretenida.










