El Gobierno mexicano ha puesto esta semana, finalmente, negro sobre blanco una de las piezas centrales de su política energética: el Plan de Desarrollo del Sector Hidrocarburos 2025-2039. El documento pretende marcar el rumbo de la industria petrolera en México, un país donde la paraestatal Pemex es un símbolo nacional casi a la altura de la bandera. Su análisis permite ver cómo la presidenta Claudia Sheinbaum se aleja del marco que su mentor y antecesor, Andrés Manuel López Obrador, estableció durante su mandato. Promueve algunas propuestas que antes eran anatemas: una meta conservadora en producción, señalar el potencial del gas en yacimientos no convencionales que tendría que ser extraído (sí o sí) mediante fractura hidráulica y oficializar la apertura a que Pemex se asocie con empresas privadas.










