La muestra Y yo me levanto para contar una historia, de la artista brasileña Paula Parisot, reúne una parte de su producción desarrollada desde la pandemia hasta la actualidad y que fue pensada bajo un mismo título por primera vez en el Centro Municipal de Artes Helio Oiticica, con el acompañamiento curatorial de su director, César Oiticica Filho, para luego desembarcar en el Espacio Cultural Palacio Pereda / Embajada de Brasil. El deseo en ambas experiencias es destacar la memoria como uno de los ejes centrales de su recorrido.
El título se percibe como un anuncio de lo que vendrá. Entre pinturas, instalaciones y videos, Parisot elige tomar posesión y contar su historia. Momentos de la infancia, una historia de amor y enorme traición, duelo, dolor, venganza y otros avatares son expuestos y transformados en una serie de videos.
Desde su presente, la artista analiza aquello que marcó su destino y explora la tensión y el dolor en sintonía con la quietud de una estructura poética a lo largo de narraciones que expone como una especie de catarsis.
Frente a la postura de tomar como fuente de inspiración el relato propio, el mundo parece estar dividido, ya que mientras que hay artistas que recurren al método para sobrevivir, otros rechazan la autorreferencialidad.
Lo dijo Claire Keegan hace unos días en el Aula Magna de la Facultad de Derecho, en el marco del Filba, cuando enfatizó el hecho de que, de todo lo que había escrito hasta ahora, los acontecimientos que coincidían con su vida no superaban unas pocas páginas de extensión.
Mientras que la autora irlandesa se inspira en las referencias, sonidos e imágenes que se forman en su mente y se despliegan hacia el mundo, para la artista brasileña hacer un análisis introspectivo y compartir lo que le ha sucedido resulta una herramienta para crear algo colectivo.
Y yo me levanto para contar una historia, de la artista brasileña Paula Parisot, en el Espacio Cultural del Palacio Pereda — Embajada del Brasil. Foto: gentileza.Primeros pasos literarios
Keegan no espera que los lectores la encuentren en sus libros y, en un comienzo, Parisot tampoco lo deseaba. «Mis primeros pasos no fueron en el campo de las artes visuales, sino en el literario, cuando hace 20 años escribí una novela de ficción. Sin embargo, en retrospectiva comprendo que allí radicaban los cimientos que conformarían el resto de mi producción».
Y agregó: «Mi interpretación del mundo estaba depositada bajo una mirada muy feminista, incluso cuando aún no tenía el vocabulario o los conocimientos que tengo hoy para definirlo. Eran sensaciones que percibía de manera indirecta y que provenían de mi realidad, por eso, aunque no me diera cuenta, ya estaba ahí”.
Hoy las palabras de Parisot se encuentran en los guiones a partir de los cuales crea sus videos, donde la artista le rinde honor a autoras como Rebecca Solnit al elegir narrar su vida, algo que percibe como una victoria y un gesto que encuentra en aquellos que admira.
«Son muchas las personas que vienen a mi mente cuando pienso en este tipo de accionar. Louise Bourgeois, Sophie Calle, Tracey Emin, Nan Goldin. Escritoras como Bell Hooks, Gloria Steinem, Chimamanda Ngozi Adichie o Emmanuel Carrère, que también estuvo presente en el Filba. Siento que es crucial contemplar la posibilidad de que una experiencia individual pueda transformarse en obra y que, cuando esto sucede, la autobiografía se transforma en una forma de revelar estructuras sociales, políticas y afectivas que atraviesan nuestra intimidad”.
También sostiene que este tipo de gestos tiene una dimensión histórica fundamental, ya que durante tanto tiempo las restricciones asfixiantes en cuanto al acceso a la educación, la propiedad, la vida pública y los derechos en general marcaron la brecha entre los géneros. «Es por eso que tomar la palabra y dejar un testimonio se convirtió en un gesto político«.
Parisot también confiesa que su historia está atravesada por la de su país y la herencia patriarcal, machista y esclavista. «Estas estructuras políticas y sociales reaparecen en la intimidad, la familia, los vínculos, la distribución del poder, el dinero y un concepto preestablecido de que ciertas personas tienen el derecho de hablar mientras que otras deben callar».
Y yo me levanto para contar una historia, de la artista brasileña Paula Parisot, en el Espacio Cultural del Palacio Pereda — Embajada del Brasil. Foto: gentileza.Los ritmos y las formas
Mientras que una parte de la exhibición prioriza la imagen en movimiento –videos y reproducciones–, la otra pone el foco en su obra pictórica que aporta el color y donde las decisiones, los ritmos y las formas se despliegan de otra manera. Sin embargo, Parisot parece estar en todas partes.
«En las pinturas, la relación es menos explícita, aunque hay una experiencia que se manifiesta a través de la tensión de las formas. Me interesa la quietud del plano en contraposición a los videos, ya que a veces las imágenes sostienen lo que aún no podemos decir».
Y yo me levanto para contar una historia, de la artista brasileña Paula Parisot, en el Espacio Cultural del Palacio Pereda — Embajada del Brasil. Foto: gentileza.Por cuestiones personales, hace un tiempo tuvo que regresar a los escritos y relatos del pasado conservados en cuadernos, para intentar comprender lo abominablemente incomprensible, y, si bien no encontró respuestas, reconoce que eso también funciona como un motor que la impulsa a seguir haciendo arte.
«Entendí cómo recuperar mi voz y en ese sentido el arte podría percibirse como una forma de venganza, pero no con la intención de devolver el daño sino de impedir que ese daño tenga la última palabra».
Y yo me levanto para contar una historia, de la artista brasileña Paula Parisot, en el Espacio Cultural del Palacio Pereda — Embajada del Brasil (Arroyo 1142) de martes a viernes, de 12 a 18 y sábados de 14 a 18 con entrada libre y gratuita.









