Un equipo de ingenieros y científicos ha traído una máquina del futuro al desierto de Tabernas, en Almería. En un paisaje familiar para los amantes de las películas del oeste de Sergio Leone, antes de que el sol calentara de verdad, subieron a un carrito a Charlie, como llaman al prototipo de rover que la Agencia Espacial Europea (ESA), Airbus y buena parte de la industria y ciencia europeas llevan años diseñando. Lo llevaron a una zona donde alternaban suelos de finísimo polvo con otros que eran un auténtico pedregal o cubiertos de salitre. Querían probar cómo se las apañaba la máquina en un entorno lo más parecido posible al de Marte. Porque ese es el objetivo final de la misión ExoMars a la que pertenece: llegar a la superficie marciana en 2030 —tras más de un año de viaje espacial— con el primer rover europeo que la pisa y agujerearla para buscar vida pasada o presente en el planeta rojo. Al menos en el secarral almeriense, Charlie parece haber convencido a los científicos.








