La economía aprueba, pero la política ya rinde examen

La economía aprueba, pero la política ya rinde examen

Durante demasiado tiempo, la Argentina discutió su economía con una lógica casi futbolera: si el Gobierno baja la inflación, todo está bien; si el salario no alcanza, todo está mal. El reciente informe de UBS obliga a salir de esa comodidad. Reconoce que Javier Milei consiguió resultados macroeconómicos que pocos imaginaban posibles, pero también advierte que, debajo de esos números, convive un país que todavía no logra ponerse de pie.

El Gobierno puede exhibir disciplina fiscal, superávit primario, reservas netas positivas, una cuenta corriente mucho más equilibrada y una inflación anual que podría cerrar 2026 cerca del 30%. Incluso avanzó en la Cámara de Diputados una reforma del Banco Central destinada a impedir que vuelva a financiar al Tesoro, aunque todavía deberá superar la prueba del Senado.

Todo esto no es poco. En un país acostumbrado a gastar lo que no tiene, emitir para cubrir el agujero y luego buscar culpables en los mercados, haber ordenado las cuentas representa un cambio considerable. UBS le pone buena nota a esa parte del programa y reconoce que Milei volvió a superar a quienes pronosticaban un derrumbe inmediato.

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La sociedad comienza a preguntarse cuándo el sacrificio se convertirá en bienestar y cuándo la macroeconomía dejará de ser una promesa»

Pero la macroeconomía no vota. Votan las personas. Vota esa otra Argentina que no vive de Vaca Muerta, no exporta minerales, no participa del negocio financiero ni recibe los beneficios directos de una buena cosecha. El informe describe una economía “en forma de K”: una rama sube y la otra baja. Crecen el campo, la energía, la minería y algunos servicios financieros, mientras la industria, la construcción, el comercio, el consumo y el empleo formal continúan débiles.

El petróleo se acerca a los 900.000 barriles diarios y las exportaciones energéticas ofrecen una posibilidad extraordinaria. Pero un trabajador industrial despedido no llena el tanque con estadísticas, ni una pequeña empresa paga los salarios con las reservas acumuladas por el Banco Central. El empleo formal argentino prácticamente no creció en una década y continúa perdiendo terreno en los sectores que más mano de obra generan.

Cuanto más se aproxima 2027, más necesita Milei demostrar que su programa económico es irreversible; pero cuanto más utiliza el tipo de cambio y el ajuste para asegurar esa estabilidad, mayor puede ser la distancia con una parte de la sociedad»

La economía podrá crecer alrededor del 2% en 2026 y quizás un 3% en 2027. El problema es quién sentirá ese crecimiento. Si la recuperación queda concentrada en sectores altamente productivos, exportadores y con poca capacidad para generar empleo masivo, el Gobierno habrá estabilizado el país sin conseguir todavía que esa estabilidad llegue a la mesa familiar.

Ese es el verdadero desafío político de Javier Milei. Ya no alcanza con comparar el presente con el desastre recibido. Después de casi tres años de gobierno, la herencia deja de ser una explicación suficiente. La sociedad comienza a preguntarse cuándo el sacrificio se convertirá en bienestar y cuándo la macroeconomía dejará de ser una promesa para transformarse en salario, consumo y trabajo.

El empleo formal argentino prácticamente no creció en una década y continúa perdiendo terreno en los sectores que más mano de obra generan»

Mientras tanto, 2027 se acerca mucho más rápido de lo que indica el calendario. Milei conserva una ventaja importante: el peronismo continúa fragmentado, cargando con dirigentes conocidos y sin una renovación intelectual que le permita explicar qué haría diferente sin regresar a las recetas que provocaron la crisis.

Axel Kicillof intenta convertirse en el principal adversario, pero todavía debe demostrar que puede superar los límites bonaerenses y, sobre todo, independizarse políticamente de Cristina Kirchner.

El Presidente tampoco debería confundirse. Una oposición con más rechazo que él no constituye un seguro de reelección. Es apenas una ventaja circunstancial. Si el peronismo logra unificarse detrás de una candidatura competitiva, la elección volverá a presentarse como una disputa binaria: Milei o el regreso del pasado.

Ese escenario puede favorecer al Gobierno, pero también puede convertir cada dato de empleo, cada cierre industrial y cada sobresalto cambiario en un argumento electoral.

Si el peronismo logra unificarse detrás de una candidatura competitiva, la elección volverá a presentarse como una disputa binaria: Milei o el regreso del pasado»

El estilo presidencial también empieza a tener costos. Las confrontaciones permanentes, incluso con Brasil, abren frentes innecesarios y permiten que una oposición sin programa encuentre una causa común desde la cual reconstruirse. La reciente misión de legisladores opositores a Brasilia para diferenciarse de Milei demuestra que el antioficialismo comienza a buscar espacios políticos más allá de la discusión económica.

UBS también advierte sobre el punto más delicado: el dólar continúa funcionando como ancla contra la inflación. Mientras haya tranquilidad y reservas suficientes, el mecanismo podrá sostenerse. Pero una elección competitiva, una encuesta adversa o la posibilidad concreta de un retorno peronista podrían disparar la volatilidad. Por eso, el banco considera que los bonos argentinos continúan siendo una inversión táctica de alto riesgo y no un refugio seguro.

Cuanto más se aproxima 2027, más necesita Milei demostrar que su programa económico es irreversible. Pero cuanto más utiliza el tipo de cambio y el ajuste para asegurar esa estabilidad, mayor puede ser la distancia con una parte de la sociedad que todavía espera resultados concretos.

El Gobierno aprobó el examen de la macroeconomía. Ahora debe convencer al ciudadano que se enfrenta diariamente a las góndolas de que el esfuerzo que realiza vale la pena, que sus resultados van a perdurar y que podrá revertirse esa sensación cada vez más extendida de que “cada día puedo menos”. El verdadero desafío será transformar el orden fiscal en crecimiento compartido, empleo, futuro y credibilidad perdurable.

Porque las elecciones no se ganan solamente con una planilla equilibrada.

Cuando el ciudadano llega a la góndola y descubre que el dinero no le alcanza, la memoria económica comienza a debilitarse. Puede olvidar rápidamente cómo estábamos, dejar de valorar el abismo que se evitó y volver a mirar hacia un pasado que ya fracasó, pero que, al menos, conoce.

La gran duda de cara a 2027 es si la ciudadanía continuará esperando que la promesa de Milei llegue finalmente a su bolsillo o si, cansada de esperar, elegirá regresar a aquello de lo que quiso escapar.

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