Es el debate que menos le gusta al Gobierno. Y ya está sobre la mesa de discusiones. Y, curiosamente, llevado a las luces del ring por actores que en el ecosistema oficial podrían ser aliados. Quizá eso es lo que más moleste. El concepto de economía K fue acuñado por Claudio Zuchovicki, uno de los mejores y más claros analistas del país, y no refiere al “kirchnerismo”, sino a la visión de una situación de los sectores que conforman el aparato productivo del país, donde hay claros ganadores que acompañan la pata ascendente de la K, y otros rezagados o directamente perdedores, que siguen la pata descendente de esa letra. Simplificando, los primeros están vinculados a las exportaciones, como Oil & Gas (Vaca Muerta), el campo, la minería y algo del sistema financiero. Los segundos son la construcción, el comercio y la industria.
El pasado 16 de julio, en una presentación en la Bolsa de Comercio, Javier Milei rechazó de plano esta conceptualización, asegurando que “existe mediocridad de economistas que andan con eso de la K: unos que crecen mucho, otros que crecen poco”. El Presidente rechazó esa lectura y la atribuyó a errores analíticos y a una supuesta falta de comprensión del impacto del progreso tecnológico en la estructura productiva. Sin embargo, el jueves de la semana pasada, la consultora 1816 (una de las más respetadas por el Círculo Rojo, el sistema financiero y las grandes empresas del país) publicó lo siguiente en su privadísimo informe para sus clientes: “Más allá de los vaivenes de los indicadores agregados, la economía de Milei continúa mostrando una clara recuperación en forma de K: hay sectores que vuelan y sectores a los que todavía les cuesta traccionar, ya dos años después del piso de actividad de 2024. Mientras que la actividad agropecuaria y el sector energético crecieron 15% y 27% desde noviembre de 2023, respectivamente, la industria, la construcción y el comercio todavía están con niveles de actividad inferiores a los del último mes de la era Alberto Fernández”. El informe asegura además que “como los sectores perdedores son los principales generadores de empleo directo, el mercado laboral continúa débil (el empleo asalariado privado registrado cayó en abril por decimoprimer mes seguido) y los salarios privados registrados volvieron a descender en mayo, tras el rebote que habían experimentado en abril”. Y finalmente, una sentencia durísima: “a dos años y medio del comienzo de la administración Milei, los salarios reales del sector privado registrado siguen 3,6% por debajo de los niveles de nov-23, de acuerdo con el Indec”.
La importancia del paper de 1816 es que la sentencia sobre la existencia a pleno de la economía K viene desde el centro mismo de la visión ortodoxa de la economía. Como el propio Zuchovicki, la consultora forma parte de las voces más escuchadas por los tomadores de decisiones de inversión del país; y, quiera o no el Poder Ejecutivo, este concepto fue creado por “los del palo”. Y un concepto adoptado por una sociedad (en este caso la clase empresaria, el sistema financiero y los analistas profesionales del país) se convierte en una idea fuerza muy difícil de contrarrestar. Más bien, el Gobierno deberá aceptar su establecimiento y comenzar a trabajar para dar vuelta la realidad. Si es que hay ideas para eso.
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En definitiva, lo que refiere la idea de una economía K, con la industria, la construcción y el comercio dentro de los rezagados o directamente perdedores, responde a una crisis en la economía real, la que luego se refleja en el escenario social. El Gobierno tomó nota de la situación, y uno de sus voceros entusiastas, el viceministro José Luis Daza, respondió esta semana a la falta de reacción de la economía real afirmando, temerariamente, que “ya están los brotes verdes”. Utilizó la frase para señalar que, según él, la economía argentina comenzaba a mostrar signos iniciales de recuperación gracias al equilibrio macroeconómico alcanzado por el Gobierno de Javier Milei. Sin embargo, la expresión generó obvios ruidos políticos porque está fuertemente asociada al fracaso de la promesa de recuperación económica del gobierno de Mauricio Macri, iniciado en 2016.
La frase del viceministro apareció además junto a los datos poco auspiciosos de mayo, en cuanto a la evolución general. La actividad económica mostró una fuerte desaceleración en mayo. Según informó el lunes pasado el Indec a través del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), el nivel de actividad registró un crecimiento interanual de apenas 0,2% respecto de mayo de 2025, muy por debajo de las tasas observadas durante buena parte del año pasado. Además, en la medición desestacionalizada cayó 0,5% frente a abril, acumulando así su segunda baja mensual consecutiva, luego del retroceso de 1,5% registrado en abril. Con el dato de mayo, el EMAE acumuló en los primeros cinco meses de 2026 un crecimiento de 1,7% frente al mismo período de 2025, reflejando que la economía mantiene un saldo positivo en el año, aunque con una marcada pérdida de dinamismo durante el segundo trimestre.
La comparación con el año anterior también muestra el cambio de escenario. Entre enero y mayo de 2025, el EMAE acumulaba un incremento cercano al 6,3% respecto de igual período de 2024, impulsado por el rebote tras la recesión de comienzos de ese año. En contraste, el avance de 1,7% registrado entre enero y mayo de 2026 representa una desaceleración significativa del ritmo de expansión económica.
El informe del Indec muestra además una economía con desempeños muy heterogéneos entre sectores. De las quince ramas de actividad relevadas, ocho registraron crecimiento interanual, encabezadas por Explotación de minas y canteras (+15,7%) y Electricidad, gas y agua (+8%), sectores vinculados al desarrollo energético. En cambio, continuaron mostrando debilidad actividades ligadas al mercado interno, como la industria y el comercio.
El resultado de mayo confirma que la economía ingresó en una etapa de menor crecimiento luego de la recuperación observada durante gran parte de 2025. Si bien el balance acumulado del año sigue siendo positivo frente a 2025, la evolución mensual evidencia una pérdida de impulso que mantiene abierto el interrogante sobre la capacidad de la actividad para retomar una senda de expansión durante el segundo semestre. La economía crecerá este año. En definitiva, la comparación entre 2026 y 2025 será positiva. Quizá, y como anticipó el Fondo Monetario Internacional (FMI), se acerque a un 3,5%, con una proyección aún mayor, del 4%, para 2027. Javier Milei cerrará esta gestión presidencial (los votantes determinarán el próximo año si habrá otra) con un PBI en crecimiento. No es poco, al haber recibido un país que no crecía desde hacía 13 años. Sin embargo, el modelo parece consolidarse en esa “Economía K” que creó conceptualmente Claudio Zuchovicki. Hay ganadores claros, goleadores y admirados. Pero es un modelo con perdedores consolidados. El problema es la cantidad de gente (y votantes) que depende de los segundos. Casi el 70% de los argentinos depende de la pata descendente de la economía K.









