La votación con la que la Cámara de Representantes resolvió el miércoles limitar el poder de Donald Trump para continuar con su guerra en Irán no acabará con ella. Pero supone un revés simbólico para el presidente de Estados Unidos en un asunto, Oriente Próximo, que se ha convertido, tanto en clave interna como en política exterior, en la china más molesta del zapato de su regreso a la Casa Blanca. Mientras, pasan las semanas y, con el acuerdo de paz con Teherán estancado, parece claro que Washington no sabe cómo salir de un atolladero en el que se metió solo.
La guerra de Irán y el fondo milmillonario para sus aliados minan el poder de Trump sobre los republicanos en el Congreso










