“La literatura puede hacer justicia mucho más allá de lo legal”

“La literatura puede hacer justicia mucho más allá de lo legal”


El lenguaje no es neutro. Forma parte de comunidades enteras de hablantes y viene cargado de historia, fricciones, volatilidad y lucha –reflexiona Cristina Rivera Garza, la escritora mexicana ganadora del Premio Pulitzer–. Me resulta increíble el argumento de que el trabajo literario puede ser neutro o que no está atravesado por las mismas fuerzas que afectan a nuestros cuerpos en el día a día. Incluso la postura de quienes esgrimen no tener una posición es, en sí misma, un posicionamiento”.

En vísperas de su participación en la Residencia de Escritores del Malba, la autora de El invencible verano de Liliana (Random House) se conecta desde la Ciudad de México para anticipar su estadía en Buenos Aires, tras casi una década de ausencia, en el marco del 25° aniversario del museo.

Siempre me da un enorme gusto volver a Buenos Aires: hay muchísimas escritoras y escritores argentinos a los que admiro y con quienes mantengo un diálogo constante desde hace tiempo –asegura la autora, nacida en Matamoros en 1964–. Una invitación del Malba es siempre una propuesta sugerente y poderosa, un centro por el que cruzan conversaciones contemporáneas de mucho peso”.

En 2024, Rivera Garza –directora del programa de doctorado en escritura creativa en español de la Universidad de Houston– ganó el Pulitzer en la categoría “Memoria o Autobiografía” por El invencible verano de Liliana.

El jurado describió la obra como un relato que trasciende los géneros convencionales, combinando memoria, periodismo de investigación feminista y biografía poética, hilvanado con la determinación de narrar el regreso de la autora a Ciudad de México casi 30 años después del feminicidio de Liliana, su hermana menor.

–Como historiadora y escritora, trabajás constantemente con expedientes, diarios personales y documentos institucionales. ¿Cómo te das cuenta de que un archivo está “listo” para convertirse en literatura?

–El momento es distinto en cada caso. A lo largo de mi carrera he revisado muchísimos archivos, y hay documentos fascinantes que se quedan como datos históricos interesantes, pero que no dan el salto. Para mí, el indicio de que un archivo está listo para convertirse en materia literaria ocurre cuando su lectura empieza a generar una forma, una estructura: surge un diálogo entre el papel y algo más amplio que lo contiene. Es ese punto casi mítico donde forma y contenido se van creando mutuamente. Cuando esa conexión se activa en mi escritorio, sé que algo va a pasar. Todavía no sé exactamente qué, pero sé que ahí hay un libro en potencia.

–El caso de tu hermana Liliana sigue impune después de 36 años, asesinada el 16 de julio de 1990. Frente a un Estado que no resuelve los crímenes de género, ¿qué rol le asignás a la literatura en la disputa contra el olvido?

–Es algo que he ido aprendiendo a partir de las conversaciones que el propio libro generó, y le debo mucho a una plática larga con la abogada Sayuri Herrera, ex fiscal de la Fiscalía de Feminicidios en México, sobre los distintos tipos de justicia. El caso de Liliana, en términos penales, es víctima de una impunidad creciente que no es específica de un territorio: ocurre en México y en buena parte del mundo. Pero existe también lo que llamamos justicia restaurativa, que depende de la memoria colectiva, de la verdad y de la restitución del daño. Ahí es donde la literatura y los performances hacen un trabajo monumental.

¿De qué manera se consigue esa justicia restaurativa?

–Mantener la presencia de quienes nos fueron arrebatados y hacer un lugar entre nosotros para la instalación de nuestros muertos es una forma de justicia que va mucho más allá de la justicia puramente legal. Esto no significa que sea indiferente a la impunidad o que deje de exigir la justicia legal. Sigo creyendo que es una obligación ineludible exigirle al Estado una rendición de cuentas clara respecto a la alarmante cantidad de feminicidios que se registran día con día.

–Fuiste galardonada con el Pulitzer por este libro, que escribiste en inglés y en castellano. ¿Cómo funciona la escritura bilingüe en tu proceso creativo y por qué recurrir a un segundo idioma para narrar una historia tan íntima?

–Después de vivir y trabajar bilingüemente en Estados Unidos por más de 30 años, este fue el primer libro que me vi obligada a escribir originalmente en ambos idiomas a la vez, y creo que eso tiene relación directa con los mecanismos del duelo. Había días en que, de manera orgánica, empezaba a escribir párrafos enteros en inglés. Al principio me pareció increíble que el inglés –un idioma con el que tengo una relación compleja y tensa como mexicana que vive en Estados Unidos– hubiera venido a rescatarme. Escribir en la lengua en la que viví los hechos me resultaba, a veces, una tarea de una dificultad emotiva insoportable. El segundo idioma me ofreció una distancia necesaria para transitar esas zonas de dolor sin quebrarme.

Cristina Rivera Garza. Foto: Annette Hordischer, gentileza.

–Tu libro más reciente, Terrestre, lo definiste como el “lado B” de El invencible verano de Liliana. ¿Cómo dialogan las historias de estas jóvenes viajeras con la memoria de tu hermana?

–Terrestre se me impuso mientras trabajaba en una novela larga que me daba dolores de cabeza. Para salir de ahí empecé a escribir relatos breves, muy libres, y con el tiempo noté que todos visitaban el deseo juvenil, la amistad sin límites y la exploración física de la tierra. Son las historias de las que sobrevivieron, a quienes llamo “nuestras ancestras”: jóvenes de la generación de Liliana que sí pudieron salvarse, arriesgarse, salir al mundo. No quería que la historia de mi hermana nos llevara al derrotismo, por eso me pareció vital ligarla a la energía de esas muchachas viajeras y deseosas.

–Este año, Autobiografía del algodón (2020) se tradujo al inglés. ¿Cómo vivís ese desfasaje?

–Es interesante: en mi caso las traducciones siempre tardaron mucho en llegar, y hay una sensación de desfase respecto a qué momento pertenece el libro. Son libros que tuvieron su momento en español, pero que llegan en un muy buen momento al inglés. Pareciera planeado milimétricamente, porque Autobiografía del algodón, que explora la experiencia migratoria de mis abuelos entre la frontera de México y Estados Unidos, llega justo en el centro de una conversación álgida y cruel sobre la migración. Ahí es donde la traducción hace tan bien su trabajo: no solo lleva la obra a otra lengua, sino que nos recuerda que el libro es siempre inconcluso, que siempre puede ser otra cosa. Esa es la maravilla de la traducción: nos dice que los libros nunca están cerrados, que siempre hay otra posibilidad.

–En un contexto global donde las políticas migratorias se han vuelto tan hostiles, el viaje y el caminar parecen adquirir una dimensión sumamente política en tu obra.

–Absolutamente. Hoy las políticas migratorias se han vuelto de una crueldad extrema, y para las generaciones más jóvenes el territorio les ha sido arrebatado por la violencia. La idea de salir de mochilero o transitar libremente, algo que debería ser orgánico, hoy es una actividad descabellada y peligrosa en ciertas geografías. Por eso, explorar el desplazamiento y el acto de caminar en la literatura es una forma de desafío: un posicionamiento claro sobre nuestro derecho inalienable a transitar la tierra que nos pertenece.

–Al comienzo señalabas que el lenguaje no es neutro, sino que siempre toma una posición. ¿Cómo ves hoy la clásica dicotomía del siglo XX entre “el arte por el arte” y “el arte comprometido”?

–Creo que la noción tradicional de “arte comprometido” de los años 60 y 70 implicaba una supeditación de la literatura a directrices de partidos políticos. Lo que vemos hoy son las estéticas del activismo, que se mueven bajo parámetros muy distintos: un trenzamiento más complejo entre lo literario y lo comunitario, que responde a urgencias materiales y de género sin caer en lo panfletario. Es una búsqueda estética rica y diversa que se abre camino con fuerza en Latinoamérica.

Cristina Rivera Garza, autora de obras como 'El invencible verano de Liliana', premio Pulitzer 2024 y protagonista este martes en Barcelona del Pregón de la Lectura 2025. (Toni Albir/EFE)

–En tu conferencia del Malba vas a hablar de las “autobiografías sin yo”, tomando como referencia a las autoras Lyn Hejinian, Theresa Cha y Juliana Spahr. ¿Cómo es posible hacer memoria personal desactivando la centralidad del propio “yo”?

–Tenía muchas ganas de escribir sobre escritoras de habla inglesa que fueron cruciales para mí, como ya escribí sobre Juan Rulfo, Elena Garro o Elena Poniatowska en español. La invitación del Malba me pareció la oportunidad perfecta para “salir del clóset” con estas influencias angloparlantes. Lo que Lyn Hejinian y Theresa Cha tienen en común es que producen textos muy personales que, sin embargo, rechazan el “ombliguismo” de centrarse en la experiencia individual como un hecho aislado. Hejinian lo logra a través de una dislocación constante de la sintaxis y una transformación inesperada de los pronombres; Cha recurre a documentos y materiales históricos de distintas culturas, con una visión colectiva del archivo. Ambas demuestran que la escritura autobiográfica puede incluir los contextos políticos y materiales en los que nuestros cuerpos están insertos. Spahr, por su parte, escribe libros muy personales que desestabilizan el coto limitado de lo privado: una obra que liga lo personal, lo social y lo natural.

–Entre las actividades que se realizarán en el auditorio del museo estará la lectura performática de El invencible verano… dirigida por Maricel Álvarez, con la interpretación de Carolina Saade. ¿Qué te ocurre con este desdoblamiento de la obra?

–Hace poco vi en Madrid la adaptación teatral protagonizada por Cecilia Suárez, y fue una experiencia emocionalmente muy fuerte por el cuidado y la calidad con la que se hizo. Tengo mucha curiosidad por lo que se presentará en Buenos Aires, porque será la primera vez que vea una propuesta así. Creo que hay lugares a los que llegan el escenario y la performance, pero a los que la página impresa no puede acceder. En mi práctica, la presencia del cuerpo es un componente esencial, no solo como tema sino como práctica material: ver los cuerpos de otros sobre el escenario, trayendo el texto a otra dimensión de la realidad, es algo que siempre me asombra.

Cristina Rivera Garza será entrevistada este miércoles a las 19 por Mónica Szurmuk en el Auditorio del Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415), ofrecerá una conferencia titulada “Autobiografías sin yo: Theresa Cha y Lyn Hejinian (y Juliana Spahr)”, mañana jueves a las 19 (actividad arancelada) y participará de una lectura performática de su libro El invencible verano de Liliana, dirigida por Maricel Álvarez, con Carolina Saade el viernes 4, a las 18.

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