A casi dos siglos del inicio de la ocupación, la Argentina volvió a llevar su histórico reclamo a Nueva York para acorralar la postura británica. El canciller Pablo Quirno se plantó ante el Comité de Descolonización de la ONU y le exigió al Reino Unido que se siente a negociar de una vez por todas la soberanía de las Islas Malvinas. Sin vueltas, el funcionario desarmó los argumentos de Londres y dejó en claro frente a la comunidad internacional que el paso del tiempo jamás convertirá una usurpación por la fuerza en un derecho legítimo.
Durante su discurso, el ministro demolió la histórica carta que juegan los ingleses para esquivar el diálogo: el principio de libre determinación. Quirno explicó que esa regla no corre para Malvinas porque no existe un pueblo originario sometido, sino una población implantada a dedo luego de que en 1833 echaran por la fuerza a las autoridades argentinas. Para graficar el peso de la ocupación, tiró un dato sobre la mesa: de los apenas 3.000 habitantes que tiene el archipiélago, menos de la mitad nació ahí, pero conviven con 1.200 soldados fuertemente armados.
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El enojo argentino no se frenó en los libros de historia, sino que apuntó directo a los negocios del presente. El funcionario denunció que Londres reparte licencias ilegales para pescar y sacar petróleo en aguas que están en plena disputa. El foco de conflicto más caliente apunta a los proyectos de las empresas Rockhopper y Navitas, que buscan explotar la cuenca Malvinas Norte. Ante esta movida, Quirno avisó por orden directa del presidente Javier Milei que el país usará todas las herramientas legales posibles para frenar el saqueo de sus recursos.
El reclamo nacional no sonó aislado. Apenas un día antes, la Asamblea General de la OEA respaldó a la Argentina por aclamación y le marcó la cancha al Reino Unido para que retome las charlas diplomáticas. Quirno recordó que, hace seis décadas, la famosa resolución 2065 de la ONU obligó a ambas partes a negociar y, de hecho, lo hicieron durante 16 años ininterrumpidos. “Ese antecedente demostró que el camino señalado por las Naciones Unidas es posible cuando existe seriedad, decisión política y buena fe”, afirmó.

Para cerrar su exposición principal, el canciller le agradeció a Chile por presentar la resolución a favor del país y reafirmó que recuperar las islas no es un capricho del gobierno de turno, sino un mandato inquebrantable de la Constitución. Dejó en claro que la causa une a todas las generaciones y que Argentina siempre apostará por la vía pacífica, pero sin ceder ni un centímetro de sus derechos sobre el territorio sur.
Un escudo para evitar el diálogo
La estrategia británica quedó expuesta como “una trampa legal” que busca ganar por cansancio. Quirno remarcó que el derecho internacional bajo ningún punto de vista puede aceptar que el simple paso de los años transforme una ocupación ilegal en un título de soberanía válido. Además, cuestionó con dureza que Londres utilice a la propia población que instaló por la fuerza como un escudo permanente para no sentarse a resolver el conflicto.
En esa misma línea, Quirno le restó cualquier tipo de validez al referéndum que los británicos armaron en 2013, donde los isleños votaron para seguir siendo un territorio de ultramar. El canciller recordó que esa consulta se organizó por fuera de la ONU, sin ningún tipo de observador internacional oficial, y que no cambió en lo más mínimo la obligación legal que tiene el Reino Unido de negociar frente a frente con Argentina.
A pesar de la firmeza del reclamo, la postura nacional dejó abierta la puerta para construir un vínculo maduro con los ingleses, siempre y cuando se hable del tema de fondo. Quirno aclaró que el país respeta el modo de vida de los isleños, tal como exige la ley, pero sentenció que la paz verdadera requiere justicia y perseverancia. “Las Malvinas laten para siempre en el corazón de nuestra nación”, concluyó el canciller ante la comunidad internacional.
TC









