Ama Amoedo presenta Entre Dos lunas en Ungallery. Un retorno a la pintura que se fusiona con la poesía, los rituales y los recuerdos que le permiten mantener intactos momentos de su infancia como disparadores que la impulsan hacia algo nuevo.
Las obras emergen de un proceso íntimo y paciente, donde se reencuentra con una técnica que jamás abandonó y que indaga bajo la curaduría de Pabli Stein.
Así, los trazos y movimientos sobre la tela se vuelven una reinterpretación del cuerpo que se desplaza, como la niña que patinaba sobre el hielo, dejando marcas sutiles que, aunque estaban destinadas a desaparecer, sobrevivieron en su mente.
Vista de sala, Ama Amoedo, entre Dos lunas, Ungallery. Foto: gentileza.–Pensaste una muestra donde la pintura vuelve a ser la protagonista después de varios años. ¿Es una técnica que forma parte de tu cotidianeidad y procesos creativos más allá del devenir?
–Sí, es una práctica constante, así como la poesía. Empecé a pintar cuando era muy chica y siempre estoy trabajando entre telas y bastidores, aunque en mis últimas exposiciones haya optado por presentar proyectos de performance y video. Pintar es una acción personal y de mucha escucha entre lo que pasa sobre la tela y lo que me sucede. Me conecta profundamente con recuerdos, emociones y la acción de componer como si fuera un canal de comunicación entre el gesto y la sensibilidad y eso me apasiona. Incluso cuando desarrollo otras actividades, muchas veces aparece la idea de una pintura que se va desarrollando y me acompaña durante varios días. Pintar lleva tiempo y requiere preparación. En mi caso, me organizo y lo llevo adelante en tiempos reservados para el taller. Es puro disfrute.
Amalia Amoedo. Florecer, 2023. Acrílico sobre tela, 140 x 120 cm. Foto Diego Spivacow, gentileza.–¿Dirías que la pintura es uno de tus primeros amores? ¿Qué te impulsa a querer compartir nuevamente lo que venís trabajando en ese estado de intimidad?
–Sin duda es el primer amor y uno de los lenguajes iniciales con los que empecé a trabajar como artista. Mi formación comenzó cuando tenía 19 años y me acerqué al mundo del arte para estudiar a lo largo del tiempo con Nicola Costantino, Miguel Harte, Marcia Schwartz y Jorge Gumier Maier, entre otros. Sus miradas me transformaron enormemente. La pintura, además, es el medio que más me desafía y moviliza, por eso siempre quiero volver a ella. Siempre prioricé darle lugar a la intuición en mis proyectos, y si bien hace mucho que no compartía mis trabajos sobre tela sentí que era momento de hacerlo. Además, surgió la posibilidad de trabajar junto a Pabli Stein, un gran artista a cuyo taller asistí por más de diez años y de quien admiro su mirada sensible y exigente. Así se empezó a configurar Entre Dos lunas.
–Otro aspecto que se hace presente en la muestra es el ritual, que entiendo es una herramienta que incorporas en tu vida desde hace muchos años. ¿Existe una relación con los recuerdos?
–Creo que existen muchas relaciones porque recordar puede ser un ritual en sí mismo. Entre Dos lunas parte de un recuerdo puntual de mi infancia, la sensación fría y dinámica de patinar sobre hielo. Los trazos que dejaban los patines en la pista y balancearme con el cuerpo para hacer esos dibujos, casi invisibles. Levantar nieve y desplazarme con velocidad son sensaciones que aún hoy retengo en mi mente y tanto la rutina de ir a patinar, como volver sobre eso, se han convertido en rituales para mí. Cómo se entrelazan los sentidos en la memoria es algo que siempre me interesó. En esta ocasión me pareció importante unir ese recuerdo a pinturas que tienen una fuerte impronta abstracta, con líneas sinuosas que se conectan entre sí. En mi opinión, aquí ocurren vínculos entre rituales, sensaciones y emociones que se procesan y expresan con el cuerpo.
Vista de sala, Ama Amoedo, entre Dos lunas, Ungallery. Foto: gentileza.–Como artista, manejas un espectro amplio de recursos que van del video a la performance y la poesía. ¿Cómo te relacionas con ese espíritu curioso?
–Lo que más me estimula es poder producir en cualquier momento y lugar. A veces solo puedo escribir y otras pintar, filmar o pensar una performance. Cada lenguaje tiene su propio tiempo, por lo que agradezco y disfruto esa pluralidad que me permite estar en un permanente estado de proceso aunque las condiciones cambien. La poesía, por ejemplo, es una práctica que emerge y que puedo hacer en distintos espacios y momentos, por eso siempre tengo mis cuadernos a mano. En cambio el video y la performance necesitan planificación, procesos extensos y la colaboración de otras personas. Eso también es parte de lo que disfruto: pensar cada obra desde el lenguaje que mejor le sirve, sin encerrarme en uno solo.
–Esos rituales que mencionabas fueron recopilados en una publicación que lleva el mismo nombre que la muestra, como una herramienta con la que compartís pequeñas acciones y poemas que pueden ayudar a otros. ¿Fue esa la intención? ¿Regalar una posibilidad?
–La publicación reúne algunos de los rituales que practico estacionalmente, como forma de cerrar o darle la bienvenida a los nuevos ciclos. Me interesa la espiritualidad y considero que los rituales son actos de cuidado y protección. Tenía muchas ganas de reunir algunos, al igual que mis poemas, en una publicación que las personas que vengan puedan llevarse. En ese sentido, la intención es compartir pequeñas acciones que me acompañan y que cada uno puede hacer propias, transformar o simplemente guardar.
Vista de sala, Ama Amoedo, entre Dos lunas, Ungallery. Foto: gentileza.–¿Dónde aparecen los rituales en tu hacer?
–Los rituales me encantan, tengo de todo tipo (risas) e incluso considero que la pintura y la escritura también lo son porque me llevan a un plano muy personal. Son espacios en los que me concentro y me desconecto de todo y que me ayudan a estar consciente de la energía disponible del momento. También practico rituales vinculados con la naturaleza, como los que aparecen en el libro. Cambiar las flores, prender una vela o transformar un ambiente a través del aroma de un perfume son maneras de prestar atención y conectar con el presente.
–¿Cómo explicarías el estado entre esas dos lunas?
–Por un lado, es el estado de conexión entre la pintura, la escritura y el lenguaje del video. Por el otro, la unión entre pasado y presente que generan los rituales. La muestra propone ciclos que a veces se intersectan y otras se separan, como los pensamientos o los actos creativos. Alrededor de esas repeticiones circulares, me interesa rescatar la importancia del tránsito, de atender el camino y escuchar lo que ocurre entre un estado y otro. Ese espacio intermedio, a veces difícil de nombrar, es el estado entre dos lunas.
Amalia Amoedo. Entre dos lunas, 2023. Acrílico sobre tela, 58 x 29 cm. Foto Diego Spivacow, gentileza.Por último, Pabli Stein comparte su experiencia en relación al acompañamiento curatorial desde un lugar de colega pintor y amigo: «Mi vínculo con la obra de Ama viene de hace más de una década y volver a su taller después de tanto tiempo fue como un gran déjà vu«.
Stein agregó: «Durante nuestras primeras conversaciones, comenzó a aparecer ese recuerdo del patinaje sobre hielo ligado a su infancia. Ella hablaba de la experiencia desde un lugar muy presente y enseguida encontramos relaciones con su manera de pintar hasta que apareció con mucha claridad el gesto en el desplazamiento sobre la superficie, dejando una marca que por momentos controla el movimiento y por momentos tiene que entregarse a él. A partir de ahí apareció el tema central: cómo una experiencia puede ir pasando de un lenguaje a otro. Aquí no buscábamos ilustrar el patinaje, sino ver qué queda de ese recuerdo al atravesar por diferentes medios».
Entre Dos lunas, obra de Ama Amoedo en Galería Ungallery. Inauguración: sábado 5 de septiembre, de 14 a 18 en Ministro Brin 1335, La Boca.









