El fantasma del Frente de Todos recorre al justicialismo. Ya no alcanza con sumar voluntades para recuperar el poder; el nuevo terror de los armadores políticos es ganar y no saber cómo gobernar. En ese contexto de ebullición interna, Andrés «Cuervo» Larroque lanzó una advertencia feroz contra las alianzas «atadas con alambre» de cara a las próximas elecciones presidenciales.
Lejos de la diplomacia partidaria, el actual ministro bonaerense apuntó al fracaso de la gestión de Alberto Fernández como el ejemplo perfecto de lo que no hay que hacer. Para el funcionario, la desconexión total entre quienes tomaban las decisiones en la Casa Rosada y quienes realmente conducían el espacio político fue una falla letal, producto de una alarmante falta de orden organizativo que no puede reeditarse bajo ninguna circunstancia.
«Unidos sí, amontonados no», resumió el dirigente, marcando la postura del círculo más íntimo de Axel Kicillof. Con esa frase, el ex camporista le puso un freno a la idea de rejuntar sectores solo para competir en las urnas, asegurando que la sociedad jamás toleraría un nuevo experimento sin rumbo claro. Repetir ese modelo, advirtió, significaría un «daño inmenso» para la credibilidad del movimiento.
Esto no les gusta a los autoritarios
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La urgencia de ordenar la casa no solo responde al descontento social. Larroque alertó que el justicialismo, al que catalogó como uno de los pocos «hitos de soberanía» a nivel global, se encuentra bajo la amenaza de factores de poder internacionales interesados en destruirlo. Por eso, exigió a sus pares ser extremadamente cuidadosos a la hora de tejer las estrategias para recuperar la Nación.
Esta necesidad imperiosa de construir un liderazgo fuerte y evitar la dispersión tiene conexión directa en los números de la calle. Mientras la dirigencia debate la la cuestión electoral en los despachos, los encuestadores ya empezaron a medir el impacto real de las fracturas internas, demostrando que la falta de unidad es el mejor aliado que tiene hoy la Casa Rosada.
El costo de la división en las urnas
La radiografía electoral, a la que tuvo acceso la Agencia Noticias Argentinas, es una señal de alerta máxima para la oposición. Según el informe nacional QMonitor de octubre de 2026 elaborado por la consultora QSocial, si las elecciones presidenciales se celebraran hoy, La Libertad Avanza retendría el primer lugar con un 26% de apoyo. El problema para sus adversarios radica en la grieta propia: al medir las fuerzas por separado, el peronismo tradicional concentra un 23%, mientras que el kirchnerismo puro alcanza apenas el 13%.
Aunque en los cálculos teóricos la suma de ambas facciones (36%) alcanzaría para destronar al oficialismo, el propio estudio de QSocial aclara que ese porcentaje «no constituye una medición de intención de voto para una eventual candidatura unificada«. De hecho, la encuesta refleja que la base electoral está fragmentada: entre quienes se referencian en la matriz justicialista, un 67% optaría por un candidato de perfil netamente peronista, pero solo un 26% acompañaría a la rama dura del kirchnerismo, lo que expone el enorme desafío de armar una boleta sin generar fugas.
Fuera de este ring principal, el escenario luce desolador para las fuerzas tradicionales. El PRO sobrevive con un 8% de retención, seguido por la izquierda (5%) y un radicalismo marginado al 2%. Con este panorama de preferencias tan marcadas, el verdadero botín de guerra para 2027 será convencer a ese 15% de ciudadanos que hoy se declara indeciso frente a una dirigencia que, como advirtió Larroque, aún tiene que ordenar su propia casa.
TC









