Hace casi tres meses que la familia de Nicolás Roberto Merlano no tiene noticias suyas. El argentino, de 42 años, desapareció a más de 11 mil kilómetros de distancia, tras un rosario de complicaciones que tuvo en Italia, durante un viaje a Europa en el que se encontraba trabajando y recorriendo.
Sus familiares lanzaron una búsqueda desesperada en redes sociales para hallar alguna pista de su paradero, ya que tenía un vuelo para regresar a la Argentina que no abordó. En el medio, agotaron todas las instancias legales que tenían a mano e incluso Interpol se encuentra en su búsqueda, aunque el alcance que hoy tiene la familia es muy limitado y eso solamente acentúa la desesperación.
«A esta altura pasó mucho tiempo. Es una incertidumbre que crece y estando tan lejos. Estamos destrozados», contó a Clarín Daniela, su hermana. Es ella quien se cargó al hombro la búsqueda.
Según cuenta, Nicolás se fue el 31 de mayo a Europa por la temporada. Primero llegó a Madrid, estuvo en Barcelona y después se fue a Francia, donde trabajó en un restaurante. De ahi se fue a Bélgica y luego a Italia, donde tuvieron la última comunicación.
No era la primera vez que hacía un viaje de este estilo. Había ido a Estados Unidos poco antes de la pandemia, donde trabajó en un hotel de primera línea hasta que lo agarró el confinamiento y tuvo que volver a la Argentina.
Pero algo pasó en Italia. De acuerdo a la reconstrucción que hizo su familia, Nicolás sufrió el robo de su mochila en una playa cerca de Roma. Creen que en Ostia.
En esa mochila tenía todos los ahorros para el viaje y su documentación.
El último contacto fue el sábado 27 de junio, cuando hablaron por llamada de WhatsApp durante la mañana. «Estaba vulnerable, había dormido en la calle, no tenía plata para moverse. De acá, lo único que teníamos para transferirle eran 100 dólares«, recapitula Daniela.
Allí les dijo que había conseguido que un parisino le ofrezca un trabajo, pero no volvieron a tener noticias. Al lunes siguiente, cuando quisieron contactarlo para hacer el envío de esos últimos 100 dólares, el celular ya no recibía mensajes.
Sin embargo, unos días ese último mensaje llegó a tener un doble tilde, pero nunca fue leído. A eso se suma otro episodio que a la familia le genera sospechas. Fue el 30 de junio, cuando desde el Instagram de Nicolás le contestaron un mensaje a una amiga suya, diciendo que «ya había arreglado con los viejos» el envío de dinero.
El mensaje, recapitula Daniela, estaba mal escrito. Además, todavía no habían arreglado nada. Desde entonces pasaron 86 días y contando.
A partir de esta demora que se prolongó más de la cuenta, la familia arrancó con los pasos legales para pedir asistencia, un trámite burocrático que les sumó aún más angustia.
A comienzos de julio se contactaron con la Dirección de Argentinos en el Exterior de Cancillería (DIARE), que les remarcó la necesidad de contar con una denuncia en la Justicia federal argentina para poder pedir la intervención de Interpol y una alerta amarilla.
La familia lanzó una campaña en redes sociales para buscarloLa causa se radicó en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 9. A partir de esa intervención, Interpol emitió su alerta amarilla a comienzos de agosto para pedir información sobre su paradero. Según lo describen, Nicolás posee un lunar en el mentón y varios tatuajes, entre ellos uno pequeño con forma de rombo en el cuello, un cactus en una de sus piernas, un reloj con la inscripción “Tic Tac Efímero” en uno de sus brazos y una caricatura del “Indio Solari” con lentes en una de sus piernas.
Pero desde Cancillería les señalaron la necesidad de contar con un abogado internacionalista para poder avanzar con la búsqueda en Italia. «A nosotros nos dice que es todo con abogado. Allá, para acceder a una cámara de seguridad, necesitamos uno sí o sí», relata Daniela.
La hermana, quien es docente, debió pedirse una licencia en su trabajo para poder encabezar la búsqueda. Sus padres, quien viven en Quilmes, tiene una avanzada edad y no se encuentran bien de salud como para afrontar la búsqueda. Nicolás además tiene un hijo de 15 años. Tenía pasaje para volver al país el 28 de agosto, cuando le vencía la estadía.
La falta de precisiones también la abruma. Hace unas semanas recurrió a una ONG, donde escucharon su caso pero no terminaron de asesorarla. «No sé si Interpol está buscando, no sé las potestades que tiene, qué implica esa alerta amarilla. Si es solo buscar, después de tanto tiempo, es algo estéril», narra con angustia, sin querer terminar de precisar.
«Siento una mezcla de impotencia, de bronca, de dolor. Y de mucha tristeza. Es demasiado», cierra.









