La Ley Hojarasca mantiene en alerta a los colombófilos argentinos. El viejo deporte de criar y entrenar palomas mensajeras se siente amenazado. Más aún después de que el proyecto impulsado por Federico Sturzenegger obtuviera media sanción en Diputados. La desregulación, dicen los criadores, perjudicaría la actividad sin reportar ningún beneficio real al Estado.
«No coincidimos con Sturzenegger. En nuestra actividad no hay burocracia y le salimos cero pesos al Estado. Es un deporte solventado íntegramente por privados», reclaman desde la Federación Colombófila Argentina.
La colombofilia es una actividad deportiva reconocida por la legislación argentina. A diferencia de lo que ocurre en Europa, en nuestro país se practica como hobby. «Acá hay muy buenos colombófilos. Es tradición de más de cien años. De hecho, este año se cumple el centenario de la federación. En el mundo, los belgas son los mejores», le explica a Clarín Alejandro Vigil, criador y miembro destacado de la federación.
La influencia belga dio origen a este deporte en territorio argentino. En 1896 llegaron al país Emilio Duvivier y Pedro Van den Zander. Estos dos colombófilos vinieron desde Bélgica para trabajar en una celulosa en Zárate. Se los reconoce como pioneros de la colombofilia nacional. Y el año de su arribo es considerado la fecha no oficial del nacimiento del deporte en suelo nacional.
Treinta años después de la llegada de los dos belgas, en 1926, se fundó la Federación Colombófila Argentina. Durante gran parte del siglo XX, la cría y el entrenamiento de palomas mensajeras tuvo como finalidad las comunicaciones.
Hoy, la actividad es meramente recreativa. Reúne a unos 150 clubes de todo el país. Cada club cuenta con criadores afiliados a la federación, que compiten activamente en las carreras de palomas mensajeras. Hay alrededor de 4000 criadores.
«Las competencias de palomas mensajeras mueven muchísima gente y generan muchísimo trabajo. Alimento balanceado especial, veterinarios, cuidadores, transporte… Tener un palomar es un trabajo diario, muy sofisticado. Hay decenas de familias atrás de esto. Y todo es solventado por los propios criadores. No le pedimos un peso al Estado«, reafirma Vigil desde su palomar, en San Isidro.
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La cría de palomas en debate
Una competencia consiste en una carrera desde un punto de suelta común hasta los palomares. Las palomas de los colombófilos que compiten son trasladadas hasta ese lugar de partida. Desde allí vuelan hasta sus palomares de origen. Cada paloma tiene un chip. Al llegar al palomar se posan sobre una pantalla que envía los registros del chip a una computadora digitada por la federación. La computadora promedia los tiempos de cada paloma y decreta al ganador.
Una paloma mensajera puede recorrer hasta 800 kilómetros.Una Ley que deroga otra Ley
La Ley de Derogación de Legislación Obsoleta, popularmente conocida como Ley Hojarasca, se propuso originariamente eliminar 63 leyes (se redujo a 59 tras su paso por Diputados) y modificar el contenido de otras diez. Fue impulsada por Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, y el 20 de mayo obtuvo media sanción.
Entre las leyes que corren peligro de supervivencia está la 27.171. Promulgada en 2015, esta ley faculta a la Federación Colombófila Argentina como único ente habilitado para matricular a las palomas.
La Ley Hojarasca eliminaría la Ley 27.171, que regula la actividad en nuestro país.«Sturzenegger se deja llevar por el artículo 5 de la Ley, donde se menciona al Ministerio de Desarrollo, a la Secretaría de Deporte y al Senasa. Ese artículo puede dar cuenta de que existe cierta burocracia. Pero la realidad es que jamás se aplicó. En los hechos, jamás intervino el Estado», le explica a Clarín Osvaldo Dagnino, presidente de la federación.
Dagnino hace un llamado a los senadores: «Les pedimos que revean la Ley 27.171. Con solo quitar el artículo 5, la ley que regula nuestra actividad dejaría de tener ese aire burocrático que le adjudica Sturzenegger».
Los riesgos de la desregulación
En los palomares se cumple un régimen estricto; las palomas de carrera llevan una vida de deportista. Entrenan una vez por día, cumplen una dieta especial y son supervisadas cada semana por un veterinario. Un pichón estará listo para competir aproximadamente entre los ocho y diez meses de vida. La dificultad de la competición aumenta según los años de la paloma. Las más jóvenes suelen iniciarse en carreras de 300 kilómetros. Las más experimentadas pueden volar hasta 800 kilómetros.
En Argentina hay alrededor de 150 instituciones colombófilas.Los colombófilos alertan sobre los riesgos de la desregulación. El principal, que la actividad pierda sus estándares de calidad. El rigor en el cuidado de las palomas se sostiene por el control de la federación. Además, si la matriculación de palomas (el famoso anillado) deja de ser requisito los animales podrían ser cazados sin consecuencias. Es decir, perderían su status de aves deportivas.
Vigil es colombófilo desde la cuna. Su padre tenía palomar y, a su vez, él intenta transmitirles la pasión a sus tres hijos y a sus nietos: «Puedo reconocer una paloma mía al vuelo». El altillo de su casa está repleto de trofeos. Lo más importante, cuenta, es no sobrecargar a las palomas. La mano hábil del entrenador gana campeonatos.
«Nosotros, los criadores de palomas mensajeras, estamos un poco locos, pero no jodemos a nadie. Esta ley nueva que quieren sacar viene a dar de lleno, torpemente, sobre esta locura hermosa, una tradición de años, algo que reúne a familias de todo el país», concluye.










