Hablar, escribir y publicar antes de un Superclásico puede parecer un ejercicio de poco sentido. Al fin y al cabo, tal como se promocionan, son partidos aparte. Poco importa cómo llegan los equipos y las observaciones previas suelen terminar rápidamente en la ya olvidada papelera de reciclaje. Sin embargo, a partir de lo que vienen mostrando River y Boca en el semestre, es posible vislumbrar algunas de las claves que pueden inclinar la balanza.
Lo primero que surge, casi como una obviedad, es que el equipo que logre imponerse en el mediocampo tendrá buena parte del partido resuelto. Y en ese terreno la ventaja de Boca parece considerable. Santiago Ascacibar, Leandro Paredes y Milton Delgado se enfrentarán a los juveniles Tomás Galván, Lucas Silva y Tobías Andrada, en una batalla que puede marcar el pulso del encuentro.
Pero el análisis también invita a detenerse en los duelos individuales que promete el clásico. La diferencia en las formas de atacar de uno y otro es notoria: Boca apuesta por los enfrentamientos por las bandas, mientras que River busca progresar por el centro del campo, a partir de las asociaciones entre Thiago Almada, Lucas Beltrán y Ángel Correa.
En el equipo de Rodolfo Arruabarrena, Sebastián Villa tendrá un mano a mano de alto voltaje con Gonzalo Montiel, mientras que Leonel Flores se cruzará con Marcos Acuña. El combate entre el colombiano y el campeón del mundo en Qatar asoma especialmente atractivo, sobre todo porque River suele encontrar una vía de ataque importante por el sector del lateral derecho. De hecho, el entrenador de Boca se inclinaría por Villa, por su sacrificio y despliegue, y dejaría a Alan Velasco entre los suplentes.
El desafío entre Flores y Acuña, en tanto, será el de la juventud contra la experiencia. O, si se prefiere, el del músculo contra el cerebro. El Huevo deberá compensar las diferencias físicas con inteligencia y oficio. Su principal misión será evitar que el extremo encuentre espacios para explotar su velocidad y atrevimiento. Para eso también serán fundamentales las ayudas de Nicolás Otamendi y Tomás Galván.
Las mayores esperanzas de River están depositadas en Ángel Correa, que buscará quedar emparejado con Facundo Herrera. Las proyecciones constantes de Lautaro Blanco podrían generar los espacios necesarios para que Angelito encuentre varios mano a mano con Jagger, el juvenil que respondió con firmeza desde su irrupción.
El otro atacante del equipo de Ponzio será el sacrificado Lucas Beltrán, cuyo despliegue terminó relegando a Sebastián Driussi. El cordobés, de 25 años, tendrá un desafío exigente frente a Lautaro Di Lollo. Un choque de características distintas, pero que puede resultar determinante para el desarrollo del partido.
En definitiva, más allá de que los Superclásicos suelen desobedecer cualquier pronóstico, las bandas, las sociedades ofensivas y la batalla por el mediocampo ofrecen algunas pistas. Porque en un partido que muchas veces se define por detalles, ganar los duelos individuales puede ser el primer paso para quedarse con algo mucho más grande.
El encuentro en la Bombonera podría también derribar una marca que lleva 35 años sin repetirse: ganar tres clásicos de manera consecutiva. Ocurre que Boca se impuso en los últimos dos: 1-0 este año, con gol de Paredes en el Monumental, y 2-0 en 2025, con tantos de Ezequiel Zeballos y Miguel Merentiel.
La última vez que uno de los dos equipos consiguió tres victorias en fila fue Boca, en 1991. La seguidilla comenzó en febrero, con un vibrante 4-3 en la Bombonera por la fase de grupos de la Copa Libertadores. Diego Latorre (2), Blas Giunta y Víctor Marchesini anotaron para el equipo dirigido por Oscar Tabárez, mientras que Juan José Borrelli (2) y Gustavo Zapata lo hicieron para el conjunto comandado por Daniel Passarella. En la revancha, un mes más tarde, la victoria volvió a ser para Boca: 2-0, con dos goles de Gabriel Batistuta. El tercer capítulo de aquella racha llegó el 31 de marzo, con un 1-0 gracias a otro festejo de Latorre.
River, por su parte, logró hilvanar tres triunfos consecutivos entre noviembre de 1984 y abril de 1986. Fueron victorias por 4-1 (Alonso -2- y Francescoli -2-), 1-0 (Alejandro Montenegro) y 2-0 (doblete de Alonso, en la recordada tarde de la pelota naranja).









