Diego Luna tenía siete años en 1985. Un terrible terremoto de una magnitud de 8,1 había azotado Ciudad de México, apenas nueve meses antes de que iniciara la Copa del Mundo de la FIFA. Recuerda que la sensación general para los que vivían en la capital fue “muy brutal”, “muy triste” y había una “sensación de desamparo” por la ausencia del Estado. En medio de eso, como en otras tragedias que han golpeado a este país, también se sintió, según describe el actor, una sensación “muy bonita” de la reacción solidaria y comunitaria de la gente, pero “parecía que la destrucción volvía imposible pensar en un Mundial”. Lo que hubo detrás para conseguir que México se convierta en la primera nación en repetir como sede del máximo torneo de fútbol es una mezcla de hechos reales, anécdotas, actos de corrupción y un poco de leyendas urbanas. O al menos, así lo plantea México 86, la más reciente película de Netflix, que busca contar en tono de sátira cómo los que gestan el balompié fuera de la cancha enfocaron los esfuerzos nacionales para convertir a este evento en un símbolo de unidad, de recuperación tras el luto, pero que también propició el veto de la selección mexicana en la cita mundialista de Italia en 1990.
La película, que ya se encuentra en algunas salas selectas de México y se estrena en la plataforma de streaming el 5 de junio, está inspirada en hechos reales (que, de tan sorprendentes, a veces parecen ficción). Cuando a último momento surge la oportunidad de organizar el Mundial del 86, Martín de la Torre (Diego Luna), un astuto burócrata mexicano de medio pelo, armado solo con agallas y audacia, se las ingenia para engañar a la FIFA y ganarle a Canadá, Brasil y Estados Unidos. Pero en un país donde los juegos de poder reinan, toda victoria tiene un precio, cuenta la sinopsis.
Luna (Toluca, 46 años) tiene aún frescos los recuerdos en la memoria de cómo el país se convirtió de pronto en una fiesta “muy chida” y de “emoción brutal”. Se acuerda de que incluso fue a ver un partido en el Estadio Olímpico que enfrentó a Francia contra Italia. “La selección mexicana daba esperanza. Lo que pasa es que no tenía en la memoria esa otra selección que parecía que a lo único que jugaba era a perder por pocos goles, pero sí veía a los adultos cómo se ilusionaban con el Tri”, afirma por videollamada.
La película, dirigida por Gabriel Ripstein, toma como inspiración a Rafael del Castillo, presidente de la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut) en la década de los ochenta, así como a otros funcionarios de la época, y esta intrahistoria. Luna cuenta que se intentó aglutinar a estos personajes en la esencia de su personaje y lo que representaba la Femexfut, que, según el actor, llevó a un equipo “francamente malo y perdedor” a una situación de triunfo y de logros. Pero que a costa del éxito, se permitieron lo que fuera con tal de lograr los objetivos. “Esa misma prepotencia, esa misma falta total de ética en el accionar de la Federación, termina hundiendo a probablemente la mejor selección que había habido hasta ese momento de México y, debatible, pero probablemente la mejor selección de México que mejor ha jugado. En ese viaje por conseguirlo, a costa de todo, acaban traicionando todo también y sufriendo un descalabro brutal que se corona con que México no va a Italia 90 y recibe ese castigo”, complementa.
El castigo al que el actor menciona se refiere al caso de Los Cachirules, por el que la FIFA sancionó con el veto de todas sus competiciones por dos años a la FEMEXFUT tras descubrirse que falsificó actas de nacimiento y documentos de varios futbolistas para hacerlos pasar como menores de 20 años y que participaron en el Premundial Sub-20 de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol, celebrado en Guatemala en 1988.

Por esta acción, Del Castillo fue expulsado del fútbol para siempre. “Los escritores tuvieron la libertad de hacer un personaje ficcionado, en el cual podíamos incluir anécdotas que íbamos escuchando por aquí y por allá, cosas que se sabe quién hizo, otras que no se sabe quién fue y otras que son leyendas. Esto nos daba mucha libertad para poder jugar con el tono, porque queríamos hacer una especie de sátira donde nos pudiéramos divertir y utilizar el humor como vehículo para la reflexión y la crítica”, afirma Luna.
México 86, según Luna, es un retrato sobre el contexto social y político en el que sucede ese Mundial, al que también se suman sus coprotagonistas Memo Villegas, como el histórico delantero Hugo Sánchez, y Karla Souza, que se mete en la piel de Susana, amante de Martín y una mujer que se volverá cómplice, consejera y brújula moral del protagonista Martín en la difícil negociación para que México sea sede por segunda vez de la Copa del Mundo. Dentro de este cuadro, cómo no, también figura Emilio El Tigre Azcárraga, dueño del fútbol mexicano y conocido en esa época como “el poder tras el poder”, a quien da vida el experimentado actor Daniel Giménez Cacho.
Luna afirma que México 86 es una historia con un ánimo crítico y que es el tipo de cine que le gusta y en el que siempre acaba participando. “Al fin y al cabo, es una crítica al sistema, a cómo se acaba derrumbando o autoconsumiendo el PRI [el Partido Revolucionario Institucional]. A raíz del 85, el PRI pierde toda popularidad con la gente después del abandono del Estado en momentos de crisis tan grave [el terremoto]. Todo eso acaba mostrándose en la elección del 88, que claramente pierden. La debacle del PRI tiene mucho que ver con el Mundial del 86 también, la rechifla que recibe el presidente [Miguel de la Madrid] en el estadio”, agrega.
La película es la segunda producción en la que Luna se adentra en el mundo del fútbol. La primera fue Rudo y Cursi (2008), junto con su amigo y colega Gael García Bernal. Si bien ambas utilizan la comedia como vehículo, este afirma que ninguna cuenta lo que el balompié nos relata cada domingo desde la cancha.
“Un partido de fútbol ya es un gran espectáculo audiovisual. Un partido de fútbol es en sí una estructura dramática perfecta. 90 minutos que tienen un medio tiempo para respirar, para recomponerse y un segundo tiempo que siempre es mejor que el primero. A lo que una película puede aspirar es a contar lo que está escondido detrás, abajo, en las oficinas, en los tiempos muertos, los personajes que no conocemos, y por eso me gusta el acercamiento de Gabriel Ripstein. Se acerca al mundo más de pantaloncillo largo del fútbol y, además, al regresarse al 86 hace un comentario muy bonito sobre el contexto social y político en el que sucede ese mundial”, finaliza Luna.









