Jugar una final del Mundial es algo imposible de explicar si no lo viviste. Hay partidos importantes y después está ese, el que todo futbolista sueña desde chico. Los días previos son una mezcla de ilusión, ansiedad y miedo. Uno se imagina levantando la Copa del Mundo, pero también piensa en el otro escenario, el de quedarse con la medalla de plata mirando el trofeo desde lejos. Es inevitable. Todo eso pasa por la cabeza antes de salir a la cancha.
Después llega el momento de entrar al estadio y la dimensión cambia por completo. Me pasó en Italia 90. Ver la cancha llena, sentir que todo un país está pendientes de vos genera una emoción única. Sólo 26 jugadores tienen ese privilegio cada 4 años. Eso convierte a una final en algo irrepetible. También sé lo que significa perderla. Es el momento más triste que puede vivir un futbolista. Yo recién empecé a dejar atrás esa sensación cuando aterrizamos en Ezeiza y vimos a miles de argentinos esperándonos. El cariño de la gente transformó el dolor en orgullo.
Por eso creo que Argentina llega a esta final con una ventaja importante. La mayoría de sus referentes ya pasó por esa experiencia. Ya sabe cómo se vive la previa, cómo controlar los nervios y cómo afrontar una presión que para cualquier otro puede resultar insoportable. España tiene un equipo extraordinario y jugadores jóvenes con muchísimo talento, pero para muchos será la primera vez en un partido de esta magnitud. Y las finales también se juegan con la cabeza.
Después está el fútbol. Y ahí tampoco tengo dudas de lo que vamos a ver. Argentina seguirá siendo ese equipo que juega bien, que sabe sufrir y que tiene un corazón enorme. Siempre digo que en estas instancias aparecen los grandes equipos. Pasó con Argentina frente a Inglaterra y también con España ante Francia. Los dos llegaron porque respondieron cuando el Mundial empezó a exigir algo más.
Será una final muy pareja y seguramente se definirá por detalles. Puede ser una pelota parada, una jugada individual o la capacidad de mantener la calma en el momento más tenso. Ahí veremos si pesa más la experiencia de una Argentina que ya conoce este escenario o el entusiasmo de una España que quiere escribir su propia historia.
Yo confío a pleno en esta Selección. Confío en sus jugadores, en Scaloni y en todo lo que construyeron en estos años. Y sé que el fútbol nunca garantiza nada. Pero este equipo ya demostró que sabe jugar estos partidos. Tiene fútbol, personalidad y experiencia. Y cuando un grupo reúne esas virtudes, siempre está un poco más cerca de volver a hacer historia.










