El auditorio del Malba estaba lleno. Los celulares ya en silencio, algunos guardados en carteras y mochilas, cuando Claudia Piñeiro y la escritora francesa Marie Vingtras entraron al escenario, acompañadas por el periodista y escritor Juan Carrá y el intérprete Alejo Magariños. “Esta es una conversación en torno a los mecanismos que mueven la narración, el rol central de la acción en la novela, la construcción de la tensión narrativa y los diversos recursos estéticos que emplean las autoras para sostener el pulso de la historia”, comenzó la conversación Juan Carrá en el marco del Festival Internacional de Literatura (Filba), que cuenta con el acompañamiento de Clarín y revista Ñ.
Mientras afuera los autos pasaban acelerados y la ciudad mantenía su ritmo de viernes por la tardecita, adentro la conversación comenzaba con calma e invitaba a escuchar cada palabra: “El pulso de la trama se llama esta charla. La vida que late en esa urdimbre de hilos que a veces también llamamos líneas. La primera pregunta que tengo es bastante simple: qué significa la idea de trama para ustedes, ¿qué es lo primero que piensan cuando piensan en la palabra trama vinculada a la literatura?”, preguntó Carrá.
El tema de la trama a veces está como subestimado, dijo Claudia Piñeiro sentada en el sillón gris arriba del escenario. “Parecería que si un texto tiene trama es menos literario; a veces hay una creencia de que los autores que se ocupan de la trama no se encargan de otras cosas como el lenguaje y la construcción de los personajes. Me parece que tanto Marie como yo escribimos con una trama, pero eso no quiere decir que no pensemos en los personajes o en el lenguaje. La trama, en definitiva, sirve para entender quiénes son esos personajes. A mí lo que me gusta es desarrollar personajes”, compartió.
Quiénes son esos fantasmas
La escritora argentina, cuyo último libro, El canto invisible (Alfaguara), ya está en las librerías, agregó que para ella lo importante es entender quiénes son esos fantasmas que están tomando cuerpo en esos personajes y entonces “la trama sirve para irlos poniendo frente a determinados abismos y, al ver cómo reaccionan, entender quiénes son”.
Marie Vingtras en Buenos Aires. Foto: Cristina Sille.Mientras Piñeiro hablaba, Marie Vingtras iba escuchando a su intérprete y asintiendo en cada palabra. “Yo soy una principiante en comparación con Claudia porque solo escribí dos libros y estoy escribiendo un tercero. Cuando escribí el primero, la verdad, no pensé en absoluto en la trama, ni siquiera en publicarlo, lo escribía para mí, pensando siempre en un personaje que tengo como pivote, pero la verdad era una escritura un poco automática, no reflexionaba sobre lo que estaba escribiendo”.
Marie Vingtras nació en Rennes en 1972 y tomó prestado su seudónimo de Arthur Vingtras, que a su vez era el alias de Caroline Rémy de Guebhard, más conocida como Séverine, una periodista anarquista y feminista de la Francia de fines del siglo XIX. Ventisca, su primera novela, fue publicada originalmente en Francia en 2021 y recibió un gran reconocimiento de la crítica y del público en su país.
En 2022 fue galardonada con el Premio de las Librerías de Francia y traducida al castellano por Nórdica Libros en 2023. En 2026 publicó en castellano Las almas feroces, su segunda novela. La escritora contó que cuando leyó el título de la charla se dijo: “Uy, yo no pensé nunca en la trama. Pero bueno, ahora después de haber escrito el segundo y escribiendo el tercero, una ya intelectualiza un poco más sobre lo que hace”.
Ante la pregunta de Carrá sobre cómo se originaban sus novelas, Piñeiro dijo que lo primero que le aparece es el personaje, como le pasó con Catedrales: “primero tenía a la chica arrodillada en el último banco de la iglesia y después apareció una amiga, acompañándola”.
“Le solté la mano y lo perdí”
Vingtras contó que en Ventisca el origen fue una frase: “Le solté la mano y lo perdí”. Ese fue el inicio, un niño que se pierde en Alaska, en donde la tierra se confunde con el cielo. “Me gusta pensar la trama como en cajas, como un juego de cajas en donde una entra dentro de la otra y no se sabe por dónde va a salir. Y cuando sale, una piensa que iba a salir una caja cuadrada, pero no, es redonda. Me gusta que haya algo lúdico en la escritura y que sea sorprendente no solo para los lectores sino también para mí”, contó Vingtras.
Claudia Piñeiro. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.Carrá les preguntó si el pulso de la trama estaba condicionado por las condiciones físicas de sus personajes y puso el ejemplo de la novela de Piñeiro Elena sabe, cuyo personaje principal tiene Parkinson, y el de Ventisca, de Vingtras, que se va estructurando fragmentariamente a través de sus cuatro personajes centrales.
“Yo venía de escribir Tuya y Las viudas de los jueves y quería escribir Elena sabe, que era esta historia de esta mujer que tiene Parkinson. Claramente no podía escribir esa novela con el mismo pulso que había usado para las anteriores porque el cuerpo de Elena era un cuerpo trabado, que funcionaba cuando tomaba la pastilla que lo hacía funcionar y después se trababa. Y además, cuando funcionaba, arrastraba los pies y estaba encorvada y miraba el piso. Entonces la prosa tenía que acompañar a ese cuerpo”, explicó Piñeiro.
En el caso de Vingtras, ella se inició en la literatura a sus 49 años con Ventisca: “Estas cuatro voces eran una forma que yo tenía de engañar un poco la angustia que me producía pensar en que estaba escribiendo, que era algo que había querido hacer toda mi vida. Tuve que ser personas realmente desagradables, compuse a una persona racista, misógina y para mí era un poco gracioso porque no era yo, era una forma de no ser yo, como una actriz”.
Otro de los ejes de la conversación giró en torno al encasillamiento de sus libros en el género policial. “A las tres semanas de haber sido publicada mi primera novela, mi editora me llamó y me dijo: ‘te catalogaron como thriller’ y ahí pensé, ya estoy fuera de lo que es la gran literatura francesa porque en la gran literatura francesa no se clasifica a los escritores por la trama, entonces yo arranqué un poco desacreditada de alguna manera y con la segunda, que comienza con un cadáver y una mujer detective, ya me pusieron en ese cajón. Pero para mí ni la primera ni la segunda son policiales. Podría destinarle un montón de energía a debatir sobre eso, pero creo que no me conviene entrar en ese juego. Vamos a ver ahora dónde cae mi tercer libro, en qué cajón”, se rio Vingtras.
“No sé cómo funciona en la Argentina, pero en Francia, cuando hablamos de catalogación, un libro escrito por una mujer ya tiende a ser tomado como más a la ligera y somos como un mantel o un repasador que se guarda en un cajón”, agregó.
Marie Vingtras en Buenos Aires. Foto: Cristina Sille.En la Argentina, explicó Piñeiro, gracias al movimiento feminista, las escritoras mujeres están siendo consideradas por su escritura, más allá del género que escriban.
“En relación al policial, en nuestro país tenemos a los grandes padres de la literatura que fueron fans de la literatura policial. Borges escribió muchísimo sobre la literatura policial, Piglia también. Entonces, cuando vos tenés autores fundantes que no desprecian la literatura policial, ya hay como un permiso para meterte en ese género. Por otra parte, la mayoría de nuestros colegas tienen novelas que, si las mirás un poco, como nos miran a las nuestras, puede decirse que son policiales”, dijo Piñeiro.
Territorio azotado por la violencia
La escritora argentina señaló además que América Latina es un territorio azotado por la violencia y que cuando se cuentan esas violencias cotidianas aparecen rasgos del policial.
“Borges decía que Poe no inventó el género policial, sino al lector del policial, porque nos enseñó a leer de la manera en que se leen policiales y ponía el ejemplo de cómo leería el Quijote un lector de policial, se preguntaría quién es el Hidalgo Caballero, si víctima o victimario. Nuestras novelas tienen suspenso, que es un elemento del policial, tienen intriga, tienen un secreto para resolver. En mi caso tienen muerte casi todas”, dijo Piñeiro.
Claudia Piñeiro. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.Y contó una anécdota que pintó la charla de cuerpo entero. “Un día vino a Buenos Aires un director de cine griego que quería hacer un documental sobre novela negra. Entrevistó a Leonardo Padura, a Juan Ignacio Paco Taibo, a Santiag Roncagliolo y a mí por la Argentina (pese a que le dije que yo no era la única escritora de policiales) y al final de la película, todos los hombres aparecen cruzados de brazos mirando a la cámara y a mí me puso en el baño de mi casa, sacándome los aros”. El auditorio se rio, entendiendo lo que Piñeiro quería contar con ese ejemplo.
Uno de los últimos momentos de la conversación fue en torno a dónde va la literatura en este mundo del escroleo infinito y de las plataformas digitales. “A mí no me gustan los libros de lectura fácil que son fáciles de digerir, yo pienso que la literatura es el arte supremo, porque en un libro el lector es el director de casting, el director de locaciones, elige los planos, elige los colores, la forma en la que lo va a ver y uno se hace su propia película, su propia serie con todo eso”, compartió Vingtras.
La argentina Claudia Piñeiro y la francesa Marie Vingtras compartieron el encuentro El pulso de la trama en el Malba. Foto: Jiniva Irazabal, gentileza.“Yo jamás escribo una novela pensando si va a ser una serie o va a ser una película. Me parece que son dos lenguajes diferentes. Creo que el cine del siglo XX cambió la forma de hacer literatura. Las novelas decimonónicas eran, digamos, todas cronológicas de alguna manera, pero el entrenamiento del lector a través del cine nos permitió hacer otras cosas, como los flashbacks y los flashforwards, aunque había autores que ya lo hacían. Como escritora me preocupa mucho más qué lector va a haber para lo que nosotros escribimos porque vamos a seguir escribiendo literatura por bastante tiempo de un modo que a lo mejor las nuevas generaciones ya no están en condiciones de leer y no lo digo peyorativamente, lo digo porque se está aprendiendo y leyendo de otra forma”, señaló Piñeiro.
La conversación terminó con preguntas del público y fotos con las escritoras en el hall de entrada del Malba mientras el sol se ocultaba detrás de los edificios.









