Alejandro Sofía (26) no estaba demasiado lejos. Después de asesinar a su expareja en una casa de Tigre algunos especularon que podría encontrarse muy lejos de la escena del crimen. Otros pocos que podría haberse matado como había prometido en un video que compartió en su estado de WhatsApp. Pero lo cierto es que estaba muy cerca de la zona cero.
Allí donde comenzó el horror.
Mientras la Policía lo buscaba intensamente por el femicidio de Aixa Dana Mili, su exnovia de 20 años, el principal sospechoso seguía en la zona de Dique Luján. Parte de esas 36 horas como prófugo las habría pasado en una carpa improvisada, montada cerca de un arroyo. Era como una suerte de campamento de guerra, en medio de la maleza. El diario Clarín difundió un video que muestra una lona verde armada con ramas.
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Femicidio. El miércoles 30 de septiembre a la mañana, el padre de Aixa regresó de trabajar a la casa familiar de la calle 12 de Octubre al 800 y encontró a su hija sin vida. La joven estaba semidesnuda, ahorcada y presentaba lesiones en distintas partes del cuerpo. El resultado preliminar de autopsia sumó una cuota más de horror: presentaba signos de abuso sexual.
Las sospechas se dirigieron rápidamente hacia Sofía, su expareja, con quien Aixa había mantenido una relación atravesada por episodios de violencia. El acusado ya había estado detenido por lesiones leves y amenazas coactivas contra ella y había recuperado la libertad meses antes del crimen. También pesaban sobre él restricciones de acercamiento. Cuando lo fueron a buscar ya había desaparecido del radar.
Uno de los primeros rastros que dejó fue un mensaje dirigido a un amigo. Allí habría reconocido que se había “mandado una cagada” y manifestó que pensaba quitarse la vida. No fue el único mensaje.
Durante la madrugada también publicó un video en sus estados de WhatsApp en el que se despedía de familiares y amigos.
El registro fue interpretado por los investigadores y por su entorno como un posible anuncio de suicidio.
La frase, sin embargo, abrió también otro interrogante: mientras decía que iba a quitarse la vida, Sofía desapareció y evitó durante horas ser localizado.
El padre de Aixa sostuvo luego que reconoció el lugar en el que había sido grabado ese video: según su relato, las imágenes se habrían registrado en el patio trasero de la vivienda donde vivía con su hija. Ese elemento reforzó aún más la sospecha de que el acusado había estado allí poco antes de iniciar la fuga.
El escondite. La búsqueda comenzó a concentrarse en Dique Luján. Las cámaras de seguridad municipales permitieron reconstruir parte de los movimientos de Sofía. En una de las filmaciones aparece desplazándose con una gorra verde con un logo blanco y negro, una prenda que posteriormente fue encontrada durante los procedimientos realizados por los investigadores.
Pero el elemento más llamativo surgió después: Sofía habría armado o utilizado una carpa improvisada como refugio durante parte del tiempo en que permaneció prófugo. El campamento estaba ubicado cerca de la ruta 26.
La proximidad resulta uno de los aspectos más particulares de la fuga. Es que mientras efectivos policiales desplegaban operativos para encontrarlo, el principal sospechoso habría estado merodeando la zona donde vivía Aixa.
La casa de su abuela también estuvo bajo observación. Según explicó la fiscal Mariela Miozzo, los investigadores habían allanado previamente esa propiedad, pero no habían encontrado allí a Sofía.
“Ya allanamos este lugar y no estaba”, señaló la representante del Ministerio Público Fiscal después de la captura.
La pista en el teléfono. Con el paso de las horas, la investigación comenzó a apoyarse cada vez más en el análisis de las comunicaciones. Gracias a ello pudieron establecer que Sofía continuaba en la zona. Las antenas indicaban que seguía en el mismo partido. Los investigadores también pusieron la lupa sobre sus contactos. Uno de sus amigos habría mantenido comunicación con él durante la fuga y aportado información relevante para determinar dónde podía encontrarse. Así, el cerco volvió a cerrarse sobre Dique Luján.
El jueves 1 de octubre, después de aproximadamente 36 horas de búsqueda, la Policía de Buenos Aires logró localizarlo cerca de la vivienda de su abuela. La mujer también quedó involucrada en la investigación bajo sospecha de haber colaborado para ocultarlo.
La detención estuvo lejos de ser tranquila. Familiares, vecinos y allegados a Aixa se acercaron al lugar apenas supieron que el sospechoso había sido capturado. Cuando los policías lo sacaron esposado para subirlo a un patrullero, varias personas intentaron acercarse para agredirlo. Lo querían linchar. Y era lógico.
Enseguida volaron piedras y ladrillos contra la vivienda de la abuela, a quien además acusaron de intentar disuadir a los manifestantes con un palo.
La bronca tenía una explicación concreta: Sofía había estado preso por episodios de violencia contra Aixa y había recuperado la libertad antes del femicidio.
Los cómplices. Las 36 horas que permaneció prófugo deja abierta ahora una segunda línea de investigación. Es que la Justicia deberá reconstruir si Sofía se mantuvo todo el tiempo en Dique Luján, cuánto permaneció en la carpa, cuándo se acercó a la casa de su abuela y quiénes sabían dónde estaba. Una versión que circuló en redes sociales decía que un familiar policía le habría informado detalle de los operativos que se estaban llevando a cabo en la zona.
Los investigadores también deberán determinar qué significado tuvieron los mensajes de despedida. Porque mientras hacía circular la idea de que podía quitarse la vida, el acusado habría seguido moviéndose por una zona que conocía, mantuvo contactos con personas de su entorno y logró evitar durante más de un día a los investigadores.
No huyó cientos de kilómetros ni abandonó la provincia. Su refugio habría estado en la misma zona, no muy lejos de los lugares donde estaba siendo buscado por la Policía.
“Toda su familia sabía que era un violento”
L.N.
La bronca de la familia de Aixa también apunta a los antecedentes de violencia y a las medidas que, según sostienen, no lograron protegerla. Una tía y una prima de la joven aseguraron que todo el entorno de Alejandro Sofía conocía su comportamiento violento y cuestionaron que nadie hubiera intervenido.
“Todo la familia sabía que era un violento, siempre lo protegieron, nunca hicieron nada”, señalaron. También dejaron abierta la sospecha de que el acusado pudo haber recibido ayuda durante las horas en las que permaneció prófugo: “Queremos que no pueda haber más gente atrás de esto. Lo habrán ayudado, él solo no pudo haberse escondido”.
Las familiares recordaron además que Sofía ya había estado detenido por una denuncia de violencia y amenazas contra Aixa y que tenía vigente una restricción de acercamiento.
“La Policía le tenía que cumplir una perimetral, que no se podía acercar a la casa de ella ni tampoco a ningún lugar donde ella vaya”, afirmaron.
Y agregaron una de las frases más duras de su testimonio: “Él se cagaba de risa de la perimetral porque andaba por acá como un enfermo, hostigándola por todos lados”.
“Que sufra todo lo que le hizo sufrir a mi prima. Quisiera que sufra”, expresó una de ellas.








