Sergio Fajardo (Medellín, 69 años) ya no volverá a ser candidato en unas elecciones. Se muestra satisfecho con su última campaña, la que califica como “la más difícil” de su vida. La segunda vuelta presidencial se define el 21 de junio entre el senador de izquierdas Iván Cepeda y el abogado de ultraderecha Abelardo de la Espriella. El matemático que gobernó Medellín, el profesor, obtuvo el 4,2% en la primera y quedó fuera de la carrera, en un distante cuarto puesto pero con un millón de votos que, afirma, valen oro en términos políticos.
La víspera de atender a EL PAÍS en el comedor de su apartamento sobre los cerros orientales de Bogotá, con vistas soberbias a una quebrada, presentó un decálogo en el que pedía, entre otros puntos, el fin de la polarización y el odio, mientras esquivaba decantarse por Cepeda o por De la Espriella. También rechazaba la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, una resistida idea de la que ha desistido el Gobierno de Gustavo Petro. “Estoy en paz, tranquilo, alegre; después de tantas cosas, tengo energía todavía”, afirma en el arranque de esta conversación.
Pregunta. ¿El referendo para blindar la Constitución de 1991 sigue adelante?
Respuesta. Sí, por el momento sigue adelante.
P. El rechazo a una Constituyente era uno de los puntos fundamentales de su decálogo. Esa idea se acaba de desmontar. ¿Eso no abre la puerta a lograr un acuerdo programático con la campaña de Iván Cepeda?
R. No, no abre acuerdos programáticos con nadie. El sentido del decálogo es distinto, no es para ver quién quiere negociar conmigo. Ya saqué un millón de votos, contra todas las adversidades posibles en el mundo de la política. Todas. Esta es la novena campaña, y nunca había tenido una tan dura, tan difícil en tantos sentidos. Por varias razones. A Colombia nunca la había visto así, yo que he sido candidato tres veces y media a la Presidencia –porque con Mockus fui candidato a la Vicepresidencia–. Es una Colombia totalmente distinta. El próximo Gobierno va a ser el más difícil en la historia reciente, es un país con miedos, rabias, resentimientos, con mucha incertidumbre.
P. Dijo que iban a ser protagonistas…
R. Este millón de votos vale oro, en el sentido político. Yo nunca había visto tanta agresividad, virulencia, violencia, tanto odio como en los discursos del domingo, de las dos personas de las cuales una va a gobernar a nuestro país. Toda la campaña dije lo mismo: esta polarización nos lleva a una confrontación social. Mi candidatura significaba poder avanzar en los temas sociales, enfrentar la inseguridad y luchar contra la corrupción, con la experiencia de saber construir. Cada ciudadano es libre, cada uno tiene su voto. Pero lo que sí tenemos es una propuesta, unos principios. El decálogo es una síntesis. Fíjese la paradoja: en la campaña nadie le ponía atención a eso, en medio de la gritería. Hoy, por todas partes leen nuestra propuesta.
P. ¿El decálogo está dirigido a los dos finalistas de la segunda vuelta?
R. A Colombia, no estoy esperando a ver quién me contesta. Ahí está nuestra forma de hacer la política. No lo hice para negociar con nadie. Lo hice para que esta voz se escuche en medio de estos extremos que yo creo que son dañinos para Colombia. Ahora, creo que es muy bueno que no haya Constituyente.
P. El fin del odio y la polarización es el primer punto. Ese propósito está bastante difícil de alcanzar…
R. Está muy embolatado. Pero hay que decirlo y repetirlo. Y lo tiene que decir una persona que lo represente. Hay otras que pueden representar eso en Colombia, pero en términos políticos, soy yo. Esta voz se va a hacer sentir, dije cuando terminamos la elección. He dado ejemplo de lo que dice ahí. Hace parte de nuestra identidad política, de mi comportamiento personal en la política y en lo público, y ya no soy ni seré candidato.
P. ¿En qué van los acercamientos de la campaña de Cepeda? El congresista del Pacto Histórico Gabriel Becerra dice que están en marcha, pero Jennifer Pedraza, de su partido Dignidad y Compromiso, lo pone en duda…
R. No hay acercamientos. No me he sentado a negociar, ni a ver cómo vamos a hacer. Nada. El propósito es darle vida a esta voz, y que se escuche en Colombia. Cada quien vera que toma o no toma.
P. ¿Cómo describiría su relación con Iván Cepeda?
R. Lo he visto dos o tres veces en la vida. He comentado que es un señor serio, que lucha por sus ideas. En lo que he conversado con él, siempre me ha parecido una persona seria, respetuosa. No pienso lo que él piensa, pero hasta ahí llego.
P. ¿Reconoce unas diferencias de carácter importantes entre el senador Cepeda y el presidente Petro?
R. No soy psiquiatra, ni pretendo serlo, ni le voy a hacer el examen psicológico al uno o al otro, pero eso es obvio. Sin duda, son muy diferentes.
P. Ha dejado en claro que no tiene nada en común con el candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella. ¿Cómo lo describiría?
R. No tengo ninguna relación, y no estoy para describirlo ahora. Lo dije en campaña [lo llamó fantoche]. No he borrado un tuit, no he borrado un video, todo está. Ojalá estos señores, que son los que tienen la responsabilidad, tengan cuidado por Colombia.
P. “Es el momento de la unión y la concertación. El momento del encuentro con el centro político, el liberalismo democrático y los sectores reformistas. En general, con todos aquellos y aquellas que defendemos la vida”, ha dicho Cepeda este jueves. ¿Se siente convocado por el candidato de la izquierda?
R. A mí me da pena ser repetitivo, pero esto se lo estamos presentado al país. Yo no he participado de esa confrontación. No tengo ninguna responsabilidad en términos políticos sobre los extremos en Colombia. He competido, con Petro en dos oportunidades; me han insultado por votar en blanco…He sido respetuoso de todo el mundo. Y sigo siendo respetuoso. Ahora, ese decálogo está ahí y las personas serán libres de escoger a quién quieren. Ya los candidatos verán cómo las convencen, si son capaces de atraerlas o no. Ojalá que haya debates, que puedan confrontar y hacerse escuchar.
P. ¿Ve en Abelardo de la Espriella una amenaza para los fundamentos democráticos de Colombia, como advierte Cepeda?
R. Lo que dije sobre Abelardo, dicho está. No quito una coma, ni quito una sola palabra. Ahí está. Pero no entro a comentar sobre el discurso de Cepeda en este momento. Aquí hay una cosa muy tenaz: hay miedo y rabia combinados. Eso es lo que pasa con la polarización. Yo no me he quejado, creo que las elecciones estuvieron bien, pero también que el comportamiento del presidente Petro ha sido horrible para la democracia. Es el momento en el que estamos. Mi responsabilidad política es seguirle diciendo a Colombia esto. .

P. En las últimas dos elecciones presidenciales ha optado por el voto en blanco. ¿Se encamina en esa misma dirección en esta ocasión?
R. Ya veremos, esta es distinta. En las otras dos, cuando terminó la elección paré y escribí por qué votaba en blanco. En esta, no he dicho nada, estoy en acción y se está escuchando más que nunca mi voz en este momento. Lo que yo represento es la sensatez, la cordura, la moderación. Que no está de moda.
P. La pregunta del millón es donde van a acabar esos votos.
R. Ya veremos. Ya está respondida. Cada quien es libre de votar por quien quiera. Acá está el decálogo, cada quien puede mirar, comparar, escuchar y tomar la mejor decisión.
P. Hace cuatro años, en este mismo momento, anticipaba que Colombia estaba condenada a cuatro años de populismo. ¿Cuál es su análisis de esta segunda vuelta?
R. Vamos para una confrontación social que nunca nos imaginamos. Espero estar equivocado. Ojalá no nos tiremos por ese despeñadero. Quien gane, que tenga la consciencia de la responsabilidad que tiene con Colombia.
P. Su biografía política se titula El poder de la decencia. ¿Esa idea ha perdido atractivo como bandera electoral?
R. En el fondo, lo que estoy haciendo es lo mismo, en estos tiempos. Ahora, pues evidentemente el atractivo político no está. La hemos luchado, lo he repetido una y otra vez: nadie pierde cuando lucha por sus principios, sus convicciones, sus valores. No tenemos ningún remordimiento. Y sigo.










