«Soy de Racing; si gana Boca me va a doler, lo acepto»

«Soy de Racing; si gana Boca me va a doler, lo acepto»


Chiquito atiende en su casa de Hudson, rodeado de naturaleza y bajo un sol que ilumina su rostro. El arco ya es un recuerdo y su nueva etapa está en marcha. Aunque nunca dejó de ser padre y esposo, ahora tiene un rol diferente, aquel para el que se viene preparando desde que recaló en Europa. Sí, Sergio Romero puso sus manos al servicio del fútbol, pero siempre llevó al técnico adentro.

Recibido en la Escuela de Entrandores Menotti poco antes de la final de la Libertadores que jugó para Boca contra Fluminense, acaba de volver de España, donde estuvo con José Mourinho, uno de sus mentores. Hincha de Racing, espera el clásico del domingo con ansiedad. Y se prende en una larga charla con Clarín en la que aborda todos los temas. Desde sus tiempos en la Selección Argentina hasta el retiro y las ganas de volver al ruedo, ahora del otro lado de la línea de cal y con el buzo de DT.

-Te fuiste en silencio. ¿Por qué te retiraste?

-Porque entendí que era el momento. Siempre fui un chico trabajador, que tenía las ideas claras y supe que no me iba a costar. A partir de ahora, soy padre de familia y técnico, no soy más futbolista. Me recibí en octubre de 2023 y venía madurando el retiro. Fui una persona que nunca tuve que darle un cierre a las cosas para el afuera. Mi familia sabía que algún momento se iba a dar. Cuando terminó mi etapa en Argentinos, le dije a mi señora: “Me voy a tomar un tiempo. Si aparece algo interesante, bárbaro. Si no, voy a juntar a la gente de mi cuerpo técnico, a mirar videos y seguir preparándome para ser técnico”. Viajo mucho al interior para acompañar a mi hija, que juega al tenis. Y en los tiempos muertos, analizo todo.

-La adrenalina. En mi última etapa en Boca, la cancha se venía abajo previo a pisar el césped, es lo que extraño. Estoy seguro de que cuando agarre un club como técnico, lo voy a volver a sentir. Intentaremos o lograremos que cuando salgan a la cancha, mis jugadores tengan todo a disposición.

-¿Te hubiera gustado terminar de otra manera en Argentinos?

-No fue la mejor despedida. Tuve una operación en enero, un tiempo sin entrenar, volví y entendía que no iba a tener la posibilidad de atajar en Boca. Marche (Agustín Marchesín) y (Leandro) Brey estaban en un buen nivel. Era irme o esperar hasta diciembre. Consideré que era un momento de relanzar mi carrera y consciente, como se lo dije a (Cristian) Malaspina: «Si en diciembre estamos contentos los dos, bárbaro. Si no, me voy a mi casa». Llegó el final, nos dimos la mano y me fui a mi casa.

-¿Te volviste a cruzar con los hinchas de Boca después de aquel Superclásico en el que te saltó la cadena?

-Fue un momento desafortunado, de calentura. Mi tranquilidad es que a los 20 minutos ofrecí disculpas. Mi hija es hincha de Boca, fuimos a ver la Libertadores. Siempre me sacan fotos, me saludan, nunca tuve ningún problema, la pasamos muy bien, del mismo modo que voy a la cancha de Racing. Son dos lugares donde fui feliz, que me tengan respeto, que me quieran, para mí es un orgullo.

Romero, con Cavani en andas, tras los penales que le permitieron a Boca jugar la final de la Libertadores 2023. (AP)

-¿Y cómo es la relación con la gente de Racing? Porque estabas entrenando en el predio Tita y te fuiste a Boca.

-Es una situación que hay que aclarar. Yo pedí ponerme a punto con mi entrenador de arqueros. Hablé con (Rubén) Capria y le pedí un pedazo de césped. Les dije “tengo pelota, conos, todo lo que necesito”. El Mago habló con (Víctor) Blanco y (Fernando) Gago, todos dijeron que sí y fui a entrenar. Lamentablemente, ellos no tenían la necesidad de contar con Romero, ni siquiera la obligación de venir a saludarme. Entrené las dos semanas, me llamó el presidente de Boca, me pidió que me acerque, me puso una oferta sobre la mesa, hablé con la familia y acepté. Racing no me dijo: “Sergio, te queremos”.

-¿Es cierto que donaste un gimnasio?

-Racing es mi casa, el predio Tita fue mi casa hasta que me vendieron a Europa. Y cuando llegué a entrenar, vi como estaban las condiciones del gimnasio. Entonces, llamé a un amigo que vende máquinas. Quedó muy hermoso.

Antes y después. Chiquito Romero en el gimnasio de Racing. Compró máquinas para el reacondicionamiento en el predio Tita.

-Juegan Racing y Boca, ¿qué te genera?

-Adentro de esta casa, el que no gane el partido no va a tener problema. Somos familia. Si gana Racing, están todos contentos. Si gana Boca, también, aunque a mí me va a doler, lo acepto. Yo soy de Racing desde chiquito como Ramón, mi papá. Y eso que vengo de una familia en la que mi hermanos Marcos, Oscar y Diego son de Independiente, Chicago y Boca. En casa, mi hija Megan es de Racing como yo. Jazmín, Cloe y Luca son de Boca como mi señora, Eliana.

-¿Qué te parece Facundo Cambeses?

-Un gran arquero. Y por sobre todas las cosas, una gran persona. Pude compartir un momento con él, charlando con Marquitos Rojo me había dicho que era un fenómeno y lo comprobé.

-Montero demostró en Vélez es que es un gran arquero. Se está adaptando a lo que es el arco de Boca. Es un arco pesado. Que afuera del hotel tengas mil personas esperando bajo la lluvia a las 2 de la mañana… Es increíble. Ahora, se comenzó a soltar. Ojalá no le hubiera llevado tiempo. Yo tuve la suerte que pasé por muchos de esos arcos grandes.

-¿Quién es el mejor arquero del país?

-A mí me gusta Marchesín. Estaba seguro que iba a demostrar esa calidad que vimos en varios clubes. Es una pena que se haya lesionado. Me gustan (Nahuel) Losada, (Tomás) Marchiori, todos sabemos lo que es (Fernando) Muslera por los años que lleva en el fútbol. Y (Santiago) Beltrán está demostrando que es cosa seria.

Chiquito con Mourinho en los festejos por la Europa League que Manchester United le ganó a Ajax en 2017. Es su mentor como técnico. (REUTER)

-¿Por qué decidiste ser técnico?

-Porque lo siento, porque tengo muchos años de fútbol, porque estuve trabajando con muchos entrenadores de nivel en Europa, porque conseguí muchas herramientas de un montón de entrenadores. Desde Alejandro Sabella hasta el Tata Martino. Tuve la suerte de tener al Cholo (Simeone) como compañero y luego como técnico. Tuve un abanico de técnicos y personas con las que me fui preparando a lo largo de estos años como jugador.

Chiquito se hizo grande: en febrero cumplirá 40 años. Foto: Luciano Thieberger.

-¿Quiénes son tus referentes?

-Me encanta el estilo de Mourinho, aunque sea diferente a Van Gaal. Los entrenamientos que planteaba Louis eran espectaculares. La resolución del partido era lo que habíamos entrenado en la semana. En mis años en Italia, recién iniciaba la fuerza de (Antonio) Conte. Los partidos terminaban 1 a 0 o 2 a 1, con la vieja táctica italiana, la de no dejar huecos para que el rival aproveche. Pero el mayor exponente lo tuve en Mónaco, fue Claudio Ranieri. El equipo estaba siempre bien parado. Entrenábamos la etapa defensiva, sabíamos lo que teníamos que hacer. Casi siempre salía lo que él planteaba.

-¿Y cuál es el estilo Chiquito Romero?

-Me gusta que mi equipo tenga la posesión, pero saber cuándo hay que ser intenso. Porque la intensidad la tiene la pelota, no se trata de que el jugador corra mucho. Si la pelota corre rápido, nosotros vamos a tener el control del juego. Y cuando se pierde, el jugador tiene que reaccionar post pérdida. Saber que tiene un cierto tiempo para recuperar el balón y cuándo debe replegarse. En líneas generales, me gusta que el equipo sea equilibrado y juguemos al fútbol, es lo que viene demostrando el Arsenal de (Mikel) Arteta, lo que fueron el Manchester de Pep (Guardiola) y el Liverpool de (Jurgen) Klopp.

Sabella fue un maestro para Chiquito. En su nuevo rol como técnico, utilizará herramientas que aprendió con él. (AFP)

-Pero no todos tienen los jugadores para armar equipos de esa naturaleza.

-Uno se adapta a lo que quiere jugar y te moldeás pensando en el rival. Voy a abarcar los dos aspectos, explotar la debilidad del adversario y las virtudes de mi equipo. Ojalá uno pueda agarrar un Barcelona o un Real Madrid, pero no siempre es así. Yo no me caso con un sistema ni con un jugador. Entendí que, en el fútbol actual, hoy hay que tener un plantel de 18 o 20 jugadores. Se juega Copa, campeonato, tenés que tener a todos en puntitas de pie para que estén disponibles. Y me encantaría contar con jugadores de inferiores. Un club riquísimo es el que tiene un capital que viene formando. Apoyarme en los chicos, que crezcan, que entiendan que se juega en dos o tres posiciones diferentes, me gustaría mucho.

-Muchos técnicos prefieren jugadores grandes, ¿vos te animás a elegir juveniles?

-Me animo, claro. Los clubes argentinos se merecen que los chicos tengan su oportunidad. Vélez lo hizo. Boca se apoya en lo que son (Tomás) Aranda y (Leo) Flores. Debutó (Facundo) Herrera en una Copa internacional. Racing también tiene buenos futbolistas del predio Tita. Estamos viendo clubes que tienen jugadores con proyección, pero antes de que peguen el salto a Europa los tienen que hacer crecer. Pensemos en el caso de Julián (Alvarez). Cuando irrumpió en River, tenía mucho sacrificio, hacía goles y a los 3 meses, cuando llegó a Europa, creció mucho. No solo aguantaba 90 minutos, aguantaba 120. Allá, la preparación es distinta. Es jugar, comer, recuperar, descansar… entrás en un sistema que el cuerpo mismo te lo pide y no te pesa. Te autoexigís.

-¿Cómo se juega en Argentina?

-Es un juego trabado, difícil, no se ven equipos como el de (Marcelo) Gallardo, que sabías que ibas a sufrir cuando lo enfrentabas. Vimos a Independiente Ridavadia, que juega de local y de visitante de la misma manera. Argentinos, que juega igual en todos lados por más que su cancha sea más pequeña. Atlético Tucumán, que te hace parejo cualquier partido. Todo se emparejó, es muy físico, no es tan fácil.

-Se achicó la distancia porque levantaron los clubes chicos, que antes peleaban en la mitad de la tabla o por no descender. Y ahora, con el sacrificio, compiten, se te plantan en todas las canchas, el fútbol se igualó. Vemos un equipo como Platense, que pasa a cuartos de final de la Libertadores. Independiente Rivadavia llegó lejos. Tigre pasó en la Copa Sudamericana. Todos crecen.

-¿Te gustaría seguir los pasos de Lionel Scaloni?

-Dios te oiga. Tuve la posibilidad de estar en el primer semestre de Leo, cuando Chiqui (Tapia) post Mundial de Rusia le dio la Selección. Yo volvía de la operación y ellos tenían un cuerpo técnico que sabía el rol que cumplía. Un Pablo Aimar, que cuando entrábamos en campo, con la carpeta debajo del brazo o en la mano izquierda, nos daba indicaciones. Walter Samuel, que marcaba la pelota parada. En el Mundial, después del gol a Austria, todos lo felicitaban y le decían “es tuyo, es tuyo”. El trabajo del PF es increíble, te lleva el grupo adelante, y cuando sumaron al Ratón (Ayala) era la pieza que les faltaba. Yo quiero un cuerpo técnico así.

"¿Seguir los pasos de Scaloni? Dios te oiga...", confiesa Chiquito. Foto: Luciano Thieberger.

-Tengo todo armado y está hablado. Pero no quiero decir los nombres porque varios tienen trabajo. Y cada uno tiene que tener un rol asignado y saber lo que hace el otro.

-¿Sos de los obsesivos con la tecnología?

-Todas las herramientas nuevas me encantan, cada una en su justa medida. Cuando llegué a Holanda, en 2007, ya teníamos el GPS en la espalda. Hace 20 años, era algo nuevo tener un aparatito y que el profe te diga «mirá, acá vemos la distancia que recorrés». No me interesa saber si corrió 15 kilómetros, pero sí es clave conocer si los corrió bien. Los sprints, por ejemplo. Si un jugador ganó terreno, pero no le dimos la pelota al compañero, ¿qué sentido tiene que lo haya hecho a 27 kilómetros por hora?

Messi y el abrazo del alma, después de los penales que tapó ante Holanda en 2014 y el pase a la final. "Siempre supo que estaba cerca de ser campeón", contó Chiquito. (EFE)

-¿Extrañás a tus compañeros de la Selección? ¿Cómo viviste el Mundial?

-Extrañar se extraña, pasamos muchísimas cosas buenas y otras más o menos. El mate, el entrenamiento, viajamos a India, Hong Kong y Australia, fueron muchos kilómetros. El Mundial lo viví con ilusión. Lo mejor que le podía pasar al grupo era disputar ese partido, quería que estén ahí, para que nadie diga nada, había que llegar a la final. Los argentinos somos muy sentimentales. Si quedábamos afuera con Egipto… Deseaba que ganen la Copa.

-¿Escuchaste hablar de las teorías conspirativas? ¿A vos también te preguntaron si «algo pasó»?

-Sabés que sí. Entiendo lo que es el fútbol, lo que pasa por atrás, pero yo había visto que ellos habían dejado mucho. La semi con Inglaterra no fue solo un partido. Fue la cabeza, el estado anímico… A las 48 horas, si no te desmayás, pegás en el palo. Me imaginaba a esos chicos que no podían levantar las patas, jugaron con la adrenalina a tope. Es rarísimo que un jugador de fútbol, y más en una Selección, vaya para atrás. Lo nuestro siempre era ponernos una armadura y salir a batallar por todos los que están en Argentina. Yo me acuerdo cuando le ganamos por penales a Holanda en 2014. La llamé a mi señora, la escuché llorando y ella me dijo: “Vos no tenés una idea lo que es la gente, está completamente loca de felicidad”. Mirá si no iban a salir a ganar contra España. Con medio tacho de nafta, la ganaban. Dejaron todo entre Egipto e Inglaterra, estaban cansados. Se encontraron un rival superior que no lo ganó antes porque tuvimos al Dibu, que sacó todo con esa mano rota. Y se mantuvo en partido. Si el Enano frotaba la lámpara, hubiera sido otra cosa.

-A propósito de Dibu, todavía conservás el récord de vallas invictas. ¿Te va a alcanzar?

-Los récords están hechos para romperse, siempre va a haber uno que lo va a superar, que sigamos estando en la plana mundial es lo importante. El Dibu nos ha demostrado que es un arquero completo, combinó a todos los arqueros en uno, lo que hizo en Qatar 2022, el carisma que tiene… En los penales nadie sabe adónde patearle.

-Conociendo el paño, ¿qué creés que va a hacer Messi? ¿Cuánto tiempo más va a seguir en la Selección?

-La verdad, no te sabría decir. Si se mantiene en ritmo, le quedan dos años de contrato y llega la Copa América. Dios quiera que la quiera disputar. Y si no, ya nos entregó todo. En los momentos difíciles, el loco seguía viniendo e insistiendo. Ese tercer puesto en 2019 fue un quiebre emocional, y en el 2022 ganaron el Mundial. Siempre entendió que estaba cerca ser campeón. Creo que tenemos que seguir disfrutándolo. Y ya llegará el momento de agradecerle todo lo que hizo por nosotros.

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