La compañía espacial SpaceX lanzó este viernes el nuevo Starship V3, una versión rediseñada de su megacohete reutilizable con el que busca avanzar hacia futuras misiones a la Luna y Marte. El vuelo de prueba incluyó una serie de maniobras clave y forma parte del desarrollo tecnológico que la empresa de Elon Musk quiere utilizar en la misión Artemis III de la NASA, prevista para fines de 2027.
A pocos minutos del despegue, la nave y el propulsor Super Heavy atravesaron con éxito el momento conocido como Max Q, considerado uno de los puntos más exigentes de cualquier lanzamiento espacial. Se trata de la fase en la que el vehículo soporta la máxima presión aerodinámica mientras atraviesa la atmósfera a gran velocidad.
La separación de etapas y el “hot staging”
Uno de los momentos centrales de la misión fue la separación entre Starship y el propulsor Super Heavy. La maniobra se realizó mediante el sistema conocido como “hot staging”, una técnica que enciende los motores de la nave mientras todavía permanece unida al propulsor.
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En lugar de utilizar mecanismos neumáticos más delicados, SpaceX opta por separar ambas partes “a la fuerza”, aprovechando el propio empuje de los motores de Starship.
Para esta nueva versión del vehículo, la empresa implementó cambios en la estructura ubicada entre ambas etapas. Según explicó la compañía, una nueva “etapa caliente integrada” reemplaza componentes descartables utilizados en versiones anteriores, con el objetivo de reducir tiempos y costos de reacondicionamiento.
Problemas en los motores y pérdida de señal
Pese a los avances, la misión también presentó inconvenientes técnicos. Durante la maniobra de retorno del propulsor Super Heavy, SpaceX detectó que no todos los motores se habían reencendido correctamente.
Dan Huot, integrante del equipo de la compañía, explicó que el propulsor no logró completar el encendido necesario para ejecutar la maniobra conocida como “boostback”, utilizada para orientar el descenso controlado hacia el océano.
Poco después, el equipo perdió la señal del Super Heavy, que probablemente cayó en el Golfo sin lograr el amerizaje de precisión que esperaba la empresa.
Además, Starship continuó el vuelo con solo cinco de sus seis motores activos. Aunque los motores restantes compensaron parcialmente la falla, SpaceX decidió cancelar una prueba prevista para reencender motores en el espacio, una capacidad considerada clave para futuras maniobras orbitales y de regreso a la Tierra.
Satélites simulados y análisis del escudo térmico
Durante la misión, Starship también desplegó 22 satélites simulados para probar futuros lanzamientos de la red de internet satelital Starlink.
La empresa explicó que dos de esos dispositivos también intentarán analizar el escudo térmico de la nave, compuesto por baldosas negras hexagonales que protegen al vehículo durante el reingreso atmosférico.
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El objetivo es recopilar imágenes y datos que permitan mejorar el sistema de reutilización del cohete, una de las prioridades centrales de SpaceX.
La compañía busca que tanto Starship como Super Heavy puedan aterrizar, ser recuperados rápidamente y reutilizados en nuevos vuelos, reduciendo drásticamente los costos de las futuras misiones espaciales.
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