El artista brasileño Vik Muniz (São Paulo, 1961) estaba trabajando con flores en Holanda, en el campo donde Van Gogh jugaba de pequeño con su hermano, cuando se enteró de que el Museo Nacional de Río de Janeiro estaba ardiendo. Era uno de sus lugares favoritos en el mundo, un enorme gabinete de curiosidades donde convivían momias egipcias, esqueletos de dinosaurios y plumajes indígenas. En cuestión de minutos todo fue reducido a cenizas. Ahora parte de esas cenizas pueden verse por primera vez convertidas en obras de arte resucitadas, en una gran retrospectiva sobre su obra, Vik Muniz, A olho nu (a ojo desnudo).











