«¿Por qué ir al teatro habiendo cine? se preguntaban hace cien años. Y ahí sigue el teatro, no resistiendo el embate de nuevas técnicas, sino brindándonos la verdad y la belleza que sólo él puede dar. Así el libro, la lectura silenciosa, creativa e imaginativa. Así la poesía también». La pregunta que motiva esta reflexión del abogado, poeta y narrador Miguel Gaya es por qué merece la pena que un chico se acerque a un libro en pleno siglo XXI.
Agrega Gaya: «La voz, la escritura, la lectura silenciosa siguen teniendo una potencia abrumadora y feliz. Poner libros al alcance de los niños es, en forma literal, ayudarlos a ser humanos. En lo que tenemos de creatividad, autoconciencia y pulsión de trascendencia».
Miguel Gaya sabe de eso, de escritura y de lectura silenciosa, y también de humanismo. Se formó como abogado y dedicó su vida a litigar en defensa de los derechos humanos, al tiempo que, además de escritos judiciales, escribía poesía. Por eso, desde los años 80, participa de grupos, revistas y editoriales dedicados a la lírica.
Con los poetas Jonio González y Javier Cófreces formó el Grupo Onofrio de Poesía Descarnada entre los años 1978 y 1982, y juntos llevaron a cabo recitales públicos en diversos teatros de Buenos Aires, desafiando la censura militar y sumándose a lo que se llamó “Cultura de las catacumbas”.
Fue cofundador de la revista La danza del ratón, que, entre 1981 y el año 2000 relanzó a poetas de generaciones previas, particularmente de las provincias, que hoy forman parte del canon nacional.
Como abogado, de alguna manera, se dejó guiar por la misma cosmovisión de la poesía: se involucró en la defensa de los derechos humanos desde la Asociación de Abogados de Buenos Aires.
Es asesor legal de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) y colaboró en la campaña destinada a impedir la impunidad del crimen cometido contra su asociado José Luis Cabezas en enero de 1997, además de representar a la entidad en el juicio que logró la condena judicial de sus homicidas.
Es socio honorario de la Sociedad de Escritores de Argentina (SADE) y socio del Centro PEN Argentina, asociación internacional cuyo objeto es la defensa de la libertad de expresión y de conciencia de los escritores.
Su obra literaria fue traducida y publicada en España, Italia, Francia y los Estados Unidos. Es autor, entre otros libros, de La vida secreta de los escarabajos de la playa, Colección Robin Hood, Siluetas en la corriente del río y Tríptico de la memoria.
Es autor de las novelas Contemplar ese animal sangriento, Una pequeña conspiración y Resurrección de un comisario, y de la nouvelle Cartas a una vieja poeta. Y ganó con El desierto invisible el XXV Premio Clarín de Novela, en 2022.
Consultado por Clarín sobre qué libro le regalaría al niño que fue, responde: «No le regalaría ningún libro nuevo. Ni siquiera trataría de poner orden en sus lecturas».
La negativa tiene, claro, también una raíz autobiográfica: «Fui mayormente autodidacta (en cierta forma lo seguí siendo) en una casa con pocos libros pero con gran respeto por ellos. Visto desde hoy, me resultó tan vivificante leer a mi aire, me topé de improviso con tales maravillas en cada recodo del camino, que no me acercaría para interrumpir nada, y menos a pontificar sobre educación o calidad».
Esas lecturas iniciales tienen la potencia de la curiosidad: «Lo que me gustaría es rescatar ese espíritu de búsqueda, de aventura y sorpresa que fue descubrir el reino de la lectura. Del que afortunadamente no he salido», agrega Miguel Gaya.
Y recuerda: «Escribí hace unos años un libro de poemas, Colección Robin Hood, que rescata los libros de aventuras de esa gran colección iniciática para tantos lectores de mi generación. Y no es un libro de nostalgias, sino un libro adulto de celebración».









