El primer impulso conservacionista del matrimonio de empresarios estadounidenses conformado por Doug y Kris Tompkins, allá por los noventa, fue buscar la manera de proteger los paisajes que los cautivaron: en 1991, Doug compró una porción de bosque en el sur de Chile para convertirla en parque nacional y salvar alerces milenarios. Luego notaron que no alcanzaba con conservar la belleza postal de los lugares e impulsaron un proyecto para restaurar la biodiversidad perdida. Con la fundación Rewilding lograron, por ejemplo, reinsertar el yaguareté en zonas de Argentina en las que se había extinguido 70 años atrás. Pero, en un momento, eso tampoco pareció suficiente: los animales que habían vuelto a la naturaleza circulaban más allá de los entornos protegidos y era necesario, entonces, acompañar sus recorridos. Proteger sus corredores. Preservar su entorno sin importar qué fronteras nacionales cruzaran.
Un proyecto busca proteger más de 2.000 kilómetros de río para que la fauna nativa vuelva a recorrer Sudamérica









