Si un periodista llega a Dublín para escribir un reportaje sobre la recesión, es mala suerte toparse con Agustín López, un sumiller argentino de Mendoza que se mudó a la ciudad cuatro meses atrás y encontró trabajo exactamente a los tres días de llegar, sin hablar inglés ni tener experiencia previa detrás de una barra, en uno de los locales con más solera de Temple Bar, la mítica zona de pubs de la capital irlandesa. López, de 25 años, se formó en el mundo del vino y trabajó en bodegas en su tierra natal, pero quería aprender de whisky y por eso hizo las maletas. Ahora estudia las revistas especializadas en los ratos muertos, que son muy pocos, porque en esa casa llena de recovecos y referencias literarias se bebe sin tregua, desde la mañana hasta la noche. Nativos y extranjeros. Cero quejas, las cuentas le salen: “Son 2.200 euros en sueldo, pero las propinas pueden ser 100 más un día cualquiera, tal vez 200 uno muy bueno”, explica.









