El 19 de julio de 1947 nació en Londres, Reino Unido, Brian May. Aunque la historia lo reconoce de forma unánime como el virtuoso guitarrista de Queen y el creador de himnos que marcaron el pulso de la música contemporánea, su vida académica recorrió un camino paralelo tan complejo como su carrera musical.
Antes de que los escenarios y las giras globales absorbieran por completo su tiempo, el joven egresado de física de la Universidad Imperial de Londres ya se encontraba inmerso en la investigación de los misterios del cosmos profundo.
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A comienzos de la década de 1970, May trabajaba activamente en el desarrollo de su doctorado bajo la dirección de los astrónomos más destacados de su época. Su área de especialización se concentraba en el análisis de la luz reflejada por el polvo interplanetario y la velocidad de las partículas que componen la nube zodiacal.
Sin embargo, el meteórico ascenso de Queen tras el lanzamiento de sus primeros discos de estudio forzó al investigador a tomar una decisión drástica en 1974, dejando en suspenso la redacción de su manuscrito final para dedicarse por completo a la música.
Una tesis guardada en un altillo durante más de tres décadas
Pese al éxito masivo, los estadios colmados y los millones de discos vendidos con Queen, la vocación científica del guitarrista nunca se extinguió. En el año 2006, tras más de tres décadas alejado de las aulas y los laboratorios, May se contactó con las autoridades académicas del Imperial College con el firme propósito de retomar su investigación original en el mismo punto donde la había interrumpido.
El proceso de reingreso no representó un simple trámite administrativo para el músico. Durante más de un año, debió actualizar la metodología de su trabajo original para adaptarla a los profundos avances tecnológicos e informáticos que se habían desarrollado desde los años setenta. Finalmente, en 2007, presentó con éxito su tesis titulada «Un análisis de las velocidades radiales en la nube de polvo zodiacal», obteniendo formalmente el título de Doctor en Astrofísica a los sesenta años de edad.
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Aportes científicos de vanguardia y misiones de la NASA
Lejos de tratarse de una mera distinción honorífica, el reconocimiento académico consolidó a May dentro de la comunidad científica internacional. Su pericia en el procesamiento de imágenes en tres dimensiones lo llevó a colaborar activamente con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) en misiones espaciales de primera línea científica.
El astrofísico británico integró el equipo de investigadores de la misión New Horizons, encargada del primer sobrevuelo cercano del planeta enano Plutón en 2015, donde colaboró en el ensamblaje de las primeras imágenes estereoscópicas del cuerpo celeste. Posteriormente, su trabajo resultó fundamental para la misión OSIRIS-REx en 2023, donde aportó su conocimiento técnico para identificar el sitio más seguro de descenso sobre la superficie rugosa del asteroide Bennu con el fin de recolectar muestras de polvo cósmico.
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