La primera vez que Juliana Ramírez, de 25 años, pensó en comprar vivienda, llevaba varios años pagando arriendo tras independizarse de sus padres. Trabajaba y terminaba su carrera como politóloga en Medellín (Antioquia), cuando la atravesó la angustia. “Empecé a sufrir en carne propia la gentrificación. Me pidieron el lugar donde vivía porque querían el doble del precio”, recuerda. Su deseo aún no se ha cristalizado, como le pasa a la mayoría de jóvenes. Solo en Bogotá y Cundinamarca, una zona de Colombia con mayores posibilidades de obtener ingresos altos y estables para los estándares del país, 8 de cada 10 jóvenes entre 18 y 28 años tiene intenciones de comprar vivienda, pero apenas 1 de cada 10 hace realidad el sueño, según datos de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol).










