El 11 de julio, temprano por la mañana, Iliana Noeli Lick llegó al aeropuerto internacional de Filadelfia con el entusiasmo de una aventura por delante: tenía previsto viajar a Kansas junto a unos amigos para alentar a la selección de Argentina, su país de origen, en el partido de cuartos del Mundial contra Suiza. Pero Lick, de 30 años y residente en el sur de Filadelfia desde septiembre de 2024, no llegó a abordar el avión. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) la detuvo cuando presentó su documentación de viaje, una situación cada vez más frecuente en los aeropuertos de Estados Unidos, que se han convertido en una nueva arena de la ofensiva antiinmigrante del Gobierno de Donald Trump.
Lick, oriunda de la ciudad de Buenos Aires, ingresó legalmente a Estados Unidos con una visa de turismo que luego le fue extendida. Además, había realizado los trámites para cambiar su estatus migratorio y obtener un permiso de trabajo. De acuerdo con su abogado, estaba a la espera de una entrevista de asilo con el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) cuando fue arrestada.
Trabaja como niñera en el hogar de dos familias del sur de Filadelfia y cuida a tres niños de entre uno y cuatro años: Aiden, Avery y Noah. “Ellos la adoran. Para estos niños, Iliana no es solo una cuidadora, es parte de su familia. Iliana es un miembro querido de nuestra comunidad y ha desarrollado fuertes vínculos con todos los que la conocen”, describen su novio estadounidense, sus familiares y amigos en una plataforma en la que recaudan fondos para cubrir los gastos de su representación legal, una posible fianza —que todavía no fue determinada— y otros costos asociados a esta situación. Además, aseguran que Iliana no tiene antecedentes penales y que es una persona “pacífica, amorosa y muy comprometida con su comunidad”.
Los primeros días de la detención fueron especialmente difíciles para su familia, ya que no tuvieron comunicación con ella. Según su novio, Steven Mechiorre, Lick fue trasladada a varios centros de detención en Pensilvania, Luisiana y Texas. Actualmente permanece detenida en Nuevo México, a la espera de una audiencia ante el tribunal de inmigración que ya fue postergada en varias oportunidades. “Aunque está razonablemente asustada y sobrepasada por la situación, ella se mantiene fuerte, con esperanza y muy agradecida por todo el amor y el apoyo que ha recibido”, apunta.
Su abogada de inmigración, Ana Ferreira, dijo a la cadena local de NBC en Filadelfia que el arresto le resultó impactante porque, a pesar de llevar 11 años trabajando en temas migratorios, nunca había visto que detuvieran a personas que no habían estado “ni un solo día de forma ilegal”. También afirmó que personas en circunstancias similares a las de Lick habían podido viajar dentro del país sin inconvenientes, aunque recientemente comenzó a ver más arrestos de este tipo.
Las autoridades migratorias están interceptando a pasajeros que presuntamente han excedido el tiempo permitido por sus visas para permanecer en el país al pasar por los controles de seguridad del aeropuerto, o en los mostradores y puertas de embarque, incluso en vuelos domésticos. La estrategia forma parte de una colaboración entre el ICE y la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), que tiene acceso a datos e itinerarios de los pasajeros que manejan las aerolíneas.
Ambas agencias forman parte del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) e históricamente han colaborado en asuntos de seguridad, pero desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, la cooperación se ha extendido al esfuerzo de deportaciones masivas ordenado por Trump.
Desde mayo pasado, las agencias formalizaron el envío de datos de los pasajeros de la TSA al ICE con fines de control migratorio, de acuerdo con un documento obtenido por el grupo de fiscalización American Oversight. El acuerdo tiene como fundamento un programa de 2007 llamado Secure Flight, que fue concebido para detectar posibles amenazas terroristas.
Los abogados de inmigración aseguran que entre los detenidos hay personas con solicitudes de asilo, de residencia u otros trámites migratorios pendientes, y que no tenían antecedentes penales. Algunos críticos sostienen que la colaboración convierte los datos de los pasajeros en una maquinaria de vigilancia masiva.
Un análisis de datos de Reuters en febrero arrojó que al menos 800 personas habían sido detenidas por el ICE a partir de más de 31.000 informaciones proporcionadas por la TSA, si bien no estaba claro cuántos habían sido detenidos en los aeropuertos.
Un portavoz del DHS respondió a una solicitud de comentario de EL PAÍS que “compartir información entre el ICE y la TSA es esencial para identificar quién intenta viajar dentro de nuestro país, incluidos delincuentes violentos, y mantener seguros nuestros cielos y nuestro país”.
“El DHS revirtió la desastrosa política de la era Biden que permitía a extranjeros que se encuentran ilegalmente en nuestro país viajar en avión por todo el territorio nacional. Bajo el presidente Trump, el DHS ya no tolerará esto. Esta Administración trabaja diligentemente para garantizar que los extranjeros que se encuentran ilegalmente en nuestro país ya no puedan volar, salvo que sea para salir del país y autodeportarse”, advirtió el portavoz oficial. Lick había iniciado los trámites para quedarse.










