A 19 días del comienzo del Mundial de Italia 1934, todo estaba definido. Ante la renuncia de Chile, no hizo falta disputar Eliminatorias y Argentina se clasificó directamente a octavos de final. El Consejo Directivo de la Asociación Amateur aprobó la contratación del italiano Filippo Pascucci como entrenador. Su función específica era preparar físicamente al equipo, que se conformó con una mezcla de jugadores del fútbol porteño y del interior del país, algo que no había ocurrido en 1930. El 28 de abril, desde el puerto de Buenos Aires, comenzó la travesía.
Alfredo Devincenzi era un delantero surgido de Estudiantil Porteño en 1925, club con actual pertenencia en Ramos Mejía y desafiliado de la AFA en 1937. Había pasado por River (1928), regresado a su club de origen (1929-30), jugado en Racing ya en el profesionalismo (1931-33) y vuelto otra vez a Estudiantil Porteño el año del Mundial. Había nacido en Cañuelas, cumplía 27 años el 8 de junio y estudiaba bioquímica.
Alfredo Devincenzi, capitán de la Selección Argentina en el Mundial de Italia 1934. Foto: El GráficoEl capitán del seleccionado argentino, uno de los más grandes del plantel, se comprometió con el diario Crítica a enviar informes del viaje. Y el primero fue publicado el 8 de mayo, mientras el equipo navegaba rumbo a Europa, a 19 días del debut en la Copa del Mundo. El texto es hoy una verdadera pieza de colección.
Primero, las líneas de presentación del diario: “Alfredo Devincenzi, capitán del equipo argentino que se halla en viaje rumbo a Europa para participar en el Campeonato del Mundo a disputarse en Italia, nos ha remitido la primera colaboración, especial para CRITICA, que nos apresuramos a publicar, dado el enorme interés que ha despertado entre la afición deportiva de nuestro país todo lo que se refiere al equipo nacional y las condiciones en que tomará parte en el magno torneo”.
La carta de Devicenzi desde altamar. Foto: ArchivoAquí, parte del texto de la carta del jugador argentino:
“Consecuente con el deseo que les manifesté en el momento de partida de remitir colaboraciones que tuvieran cabida en las columnas deportivas de CRITICA, inicio con esta mi primera correspondencia, la crónica de los primeros días vividos a bordo por la muchachada argentina que va en busca de lauros al Viejo Mundo.
Nuestra partida de Buenos Aires, como lo habrán podido observar, contó con una entusiasta y cálida despedida de los numerosos hinchas y familiares que concurrieron al puerto, impresionó vivamente en el ánimo de la muchachada. Ello nos hizo sentir en forma clara y por demás convincente cuánta es la importancia y responsabilidad que encierra la designación como defensores de los colores argentinos”.
Retro Mundial: la cuenta regresiva
Leé acá todas las notas de la serie «60 relatos (des)conocidos de la Selección Argentina», pequeñas grandes historias que vivió el equipo nacional en la recta final de otras grandes citas.
“Llegamos a Montevideo temprano, el domingo 29. Tuve un verdadero placer al mostrar durante el desayuno a mis compañeros un telegrama-saludo de Bernabé Ferreyra en nombre de los muchachos de River Plate. Sus palabras de estímulo fueron apreciadas en todo su valor por todos nosotros”.
La vida a bordo, según Devincenzi, estaba atravesada por una disciplina estricta:
“Comenzamos el lunes 30 por levantarnos a las 7 de la mañana para cumplir con el entrenamiento. Este consiste en gimnasia, saltos a la cuerda y carreras. La dedicación y disciplina son desde todo punto de vista satisfactorias. Cada uno de nosotros cumple el entrenamiento convencido de su eficacia física y moral”.
“La libertad comienza después de haber cumplido con esta importante labor, pero sujetos a un régimen sano y metódico. Ningún exceso, ni tabaco, alcohol, etcétera. Nos pasamos el día en reuniones amenas y en charlas de camaradas que nos unen cada vez más”.
El capitán también destacaba pequeños rituales del grupo: “Quiero dar una idea de nuestras costumbres con este hecho: quince minutos antes del almuerzo o la cena nos reunimos todos en un salón contiguo al comedor para entrar juntos y sentarnos a la mesa. Lo hacemos como signo de gran disciplina y con gusto. A las once de la noche nos acostamos indefectiblemente”.
Durante una escala en Santos, el plantel realizó una práctica en el field del Club España. Algunos tripulantes del Neptunia participaron para completar el número de jugadores.
“El estado de los jugadores demostró que su preparación va camino a completarse, ya que solo dos o tres se mostraron extrañados y un poco pesados. El señor Pascucci, entrenador, se mostró muy satisfecho, lo mismo que los señores Maresca y Robirosa”.
Devincenzi también reprodujo la opinión de Renato Gardini, campeón mundial de catch as catch can -una especie de lucha libre-, quien había observado la práctica:
“Habiendo presenciado la práctica de hoy, solo les falta jugar juntos varias veces para adquirir la ‘garra’ complementaria a vuestra técnica, que yo creo buena. Los equipos europeos, debido a su larga preparación, son verdaderos conjuntos, y ahí está el verdadero enemigo de ustedes”.
Fue la única columna extensa publicada por Devincenzi. Después apenas aparecieron un par de declaraciones breves, el día previo al partido y luego de la temprana eliminación argentina del Mundial.
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