La suerte le dio la espalda a Marín Oseguera Cervantes en junio de 2013. Al declararse en bancarrota ante un tribunal de California, aseguró que acumulaba una deuda de 117.000 dólares y que apenas tenía 38 dólares en el bolsillo. Con su salario como instalador de mesas de granito y los modestos ingresos de su esposa, Azucena, quien trabajaba como niñera, no podía cumplir con el alquiler de su vivienda, los pagos de 13 tarjetas de crédito, las mensualidades de dos autos ni saldar tres facturas médicas, según documentos judiciales.









