El pasado 8 de agosto el ejército de Guatemala y la Policía Nacional Civil (PNC) tendieron un cerco de seguridad en los pasos fronterizos con México. La orden vino desde la presidencia de Bernardo Arévalo, según una fuente militar del país centroamericano, ante el aumento de la actividad del crimen organizado, concentrado sobre todo en el tráfico de armas y drogas.
Los decomisos no tardaron en llegar. Este miércoles, las fuerzas de seguridad incautaron más de 200 kilos de cocaína y detuvieron a un hombre en la aldea San Isidro, en la municipalidad de Malacatán, a escasos 20 kilómetros de la frontera con Chiapas. La droga tenía como destino Tapachula para su comercialización a manos de narcomenudistas.
El jueves de la semana pasada, un fuerte operativo de la Marina, Ejército y Fiscalía General del Estado de Chiapas detuvo a cuatro presuntos miembros del cártel de Sinaloa, de la facción de los Mayitos, en Puerto Madero, en el litoral chiapaneco. Junto a los detenidos fueron incautadas al menos 15 lanchas que eran utilizadas para el tráfico de drogas y armas desde Guatemala.
De uno y otro lado de la frontera, la actividad de grupos criminales ha aumentado considerablemente, en uno de los confines con mayor porosidad en el mundo por las decenas de rutas que han existido desde hace años.
En 2024, el entonces titular del Instituto Nacional de Migración (INM), Francisco Garduño Yáñez, declaró que se tenían detectados más de 500 pasos informales en la línea divisoria entre Guatemala y México.
Esos pasos son aprovechados por la delincuencia organizada, que a decir del ejército de Guatemala, han expandido su actividad haciendo uso de aguas internacionales para poder traficar de todo: armas, drogas y migrantes.
El fiscal general de Oaxaca, Bernardo Rodríguez Alamilla, aceptó recientemente que han identificado en uno de estos puntos la ruta para el tráfico de armas desde Centroamérica que llegan al Istmo de Tehuantepec, principalmente de El Salvador y Guatemala.
“Hay una fuerte presencia de armas, en algunas regiones más que en otras. Hemos detectado en la Sierra Sur, la Mixteca, el Istmo de Tehuantepec y el puerto de Salina Cruz”, afirmó el fiscal.
La tarea para frenar la nueva marea criminal es compleja. Chiapas y Guatemala comparten 655 kilómetros de frontera por los que pasan ríos, montañas y mar. Entre todas estas arterias internacionales, los grupos criminales se camuflan, pero poco a poco comienzan a ser destapados.
El Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación utilizaron por años la Sierra de Chiapas y Guatemala para el tráfico de migrantes, drogas y armas. Lograron así apoderarse de comunidades y provocaron éxodos de pobladores de un país a otro hasta convertir lugares en pueblos fantasma.
Al ser presionados por los gobiernos de México y Guatemala, optaron por el mar, una ruta peligrosa que ha dejado migrantes desaparecidos y tareas fallidas en el trasiego de drogas.
Puerto Madero, de comunidad pesquera a sucursal criminal
Puerto Madero, en el litoral chiapaneco, es una comunidad que ha vivido de la pesca y el turismo desde hace décadas. Su ubicación ha sido una mina de oro sin explotar que los grupos criminales descubrieron con las oleadas migrantes que comenzaron a llegar a Tapachula desde 2020.

Muy pronto, las actividades ilícitas comenzaron a ganar terreno. La conexión que esta población costera tiene con Guatemala la convirtió en un puente para el tráfico de migrantes, armas y drogas desde Guatemala y con pase directo a Oaxaca al resto del país. Pasó de ser una localidad que vivía de la pesca a una sucursal de la criminalidad.
El 21 de marzo de 2024, autoridades mexicanas detectaron una bodega para la refrigeración de pescados donde 95 migrantes permanecían secuestrados. El hallazgo reveló que la actividad pesquera había sido sustituida en gran medida por la trata de extranjeros.
De forma continua, operativos militares y policiales tomaron por asalto a la comunidad ante hallazgos de casas de seguridad en las que se encontraban drogas, armas y migrantes. Las autoridades identifican Puerto Madero como una zona de Tapachula donde el cultivo de delitos es una tarea compleja de combatir.

El operativo de la semana pasada contra el cártel de Sinaloa dio en uno de los puntos medulares de la estructura criminal. Las investigaciones arrojaron la gran red que había tejido desde Centroamérica hasta México para poder traficar en medio de la mar, donde nadie o casi nadie podía caer en cuenta de la actividad ilícita.
El Fiscal de Chiapas, Jorge Luis Llaven Abarca, dijo a este periódico que las investigaciones continúan para desmantelar por completo a esta red de tráfico, por lo que el tema ha sido abordado también por el gobierno federal para colaborar de la mano con Guatemala.
Aseguró que la vigilancia en el litoral chiapaneco se ha vuelto una tarea prioritaria para evitar que más ilícitos se cometan y criminales utilicen la región del sur del país.
“Estamos colaborando y aunque es un tema federal, logramos asegurar varias lanchas que eran utilizadas para el tráfico de drogas y seguimos investigando, porque tenemos detectada a una red criminal que opera por mar en esta zona de Chiapas con tareas extendidas hacia otras partes del país”, señaló Llaven Abarca.
La frontera sur está convertida ahora en un campo de batalla sigilosa que implica mar y tierra.









