le ganó a Rosario Central con un penal de Colidio, en un clima caliente y con insultos a Di María

le ganó a Rosario Central con un penal de Colidio, en un clima caliente y con insultos a Di María

El Monumental es una caldera. Explota cuando Nicolás Ramírez pita el final. “Se viene la banda de River”, se agita desde las tribunas. Los jugadores cantan y saltan al compás de los hinchas. Hay dedicatorias a Boca. Y a Rosario Central, el rival eliminado. River es alegría. El equipo de Eduardo Coudet jugó un partido muy serio, le ganó bien al Canalla y sueña con la vuelta olímpica. Se metió en la final de Córdoba y espera por Argentinos o Belgrano.

Hasta hace poco más de dos semanas este escenario era impensado para River. Había perdido el Superclásico, tuvo una dura caída con Atlético Tucumán y en el clásico con San Lorenzo desde las tribunas gritaron “que se vayan todos”. Pero el fútbol argentino, tan cambiante, el formato del torneo, y el ímpetu del equipo del Chacho, que fue de menor a mayor en estos Playoffs, lo hicieron posible. River jugó un muy buen partido en su cancha y con su gente, con la guardia alta y mucho compromiso. Y achicó a Central, que se vio superado.

La previa estaba muy picada. Y el clima de hostilidad se sintió en el Monumental, donde River y Rosario Central protagonizaron una batalla futbolística, que se pareció más a un partido de copa internacional. Es que había en juego un pasaje a Córdoba para disputar una final, nada menos, del torneo local. Y con el condimento extra de todo lo que se habló con respecto a los polémicos arbitrajes del fútbol argentino, especialmente con lo que había sucedido con Darío Herrera y Pablo Dóvalo, árbitro de cancha y VAR en Arroyito, en la serie de cuartos final en la que Central avanzó ronda ante un Racing que se vio perjudicado.

La mira estuvo puesta entonces en Nicolás Ramírez, que no tuvo un buen desempeño en el campo de juego del Monumental. Ya antes de los 10 minutos se equivocó al no cobrar una clara falta de Ibarra contra Driussi, que terminó lesionado afuera de la cancha y tampoco le sacó roja a Ávila por el codazo a Martínez Quarta en el penal que le advirtieron desde el VAR.

Que el foco estuviera puesto -con lógica razón- en el arbitraje, de todos modos, no favoreció al juego. Lucha, fricción, pierna fuerte y protestas en continuado conformaron un cóctel que atentó contra la pelota. En la primera parte, el tiempo neto fue de apenas 21 minutos y 33 segundos.

La postura de Central, además, colaboró para que las acciones no fluyeran. El equipo de Almirón, que redujo a su equipo con ese 3-4-2-1 que con el correr de los minutos fue más línea de cinco en defensa ya que se tiró muy atrás, cortó con muchas faltas y se cargó de amarillas. Aunque también se vio superado por momentos ante la intensidad de River y los ataques directos del equipo de Coudet. A su vez, el conjunto rosarino perdió muchas pelotas en la salida, por la asfixiante presión de River y también por errores no forzados.

El único oasis que encontraba Central era cuando Di María (silbado por los hinchas de River, quienes le gritaron “seca nucas”) lograba poner la pelota bajo la suela. Pero fueron pocas veces en la primera mitad, ya que en general River lo controló bien, a tal punto que de jugar durante bastante tiempo del medio hacia la derecha para atacar a Viña, ya que no estaba Acuña, pero luego se recostó más para la banda contraria.

A River le costó crear situaciones claras de gol en base a la cantidad de tiempo que tuvo la pelota y los ataques que produjo. La chance más clara llegó a través del penal que falló -una rareza- Montiel. Jeremías Ledesma, ex River, le adivinó la intención y se lo atajó.

En el segundo tiempo, la intensidad bajó pero lo de River continuó siendo serio. Y a pesar de tener fortuna en dos acciones de Central que terminaron rebotando en los palos, el equipo de Coudet aprovechó otro error de Ávila, que no pudo despejar la pelota y a Ledesma no le quedó otra que voltear a Freitas. Colidio se hizo cargo y esta vez fue adentro. El Monumental explotó.

En los minutos finales, River resistió a pesar de las lesiones y dejó la piel en cada pelota. Central acumuló gente en ataque pero no tenía ideas. Estaba ido. Chacho, por su parte, armó una línea de cinco con Pezzella y también metió a Acuña para sumar experiencia.

El tiempo se consumió y River se quedó con el pasaje al último partido. Está a un paso de volver a gritar campeón tras más de dos años sin títulos. El Kempes lo espera para la batalla final.

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