los problemas de Alpine van más allá del argentino y quedan seis carreras para revertir la crisis

los problemas de Alpine van más allá del argentino y quedan seis carreras para revertir la crisis


Franco Colapinto necesita volver a empezar. No de cero, porque el recorrido de esta temporada dejó suficientes señales de crecimiento como para no tirar todo por la borda. Pero sí recuperar esa confianza que le permitió ser competitivo, meterse entre los diez mejores y demostrar que tiene condiciones para consolidarse en la Fórmula 1. El argentino terminó el Gran Premio de Singapur con una mezcla de frustración, decepción y cansancio. No pudo completar la carrera del domingo, tampoco había terminado la carrera Sprint del sábado y cerró una seguidilla de tres fines de semana para el olvido. Lo resumió con una frase que no necesitó demasiadas explicaciones. «Fue definitivamente el peor triplete de mi carrera», reconoció antes de abandonar Marina Bay.

Lo curioso es que apenas unos días antes el panorama parecía bastante más alentador. Colapinto había encontrado velocidad en Monza, había terminado séptimo en Madrid y Alpine daba señales de estar en condiciones de pelear por el quinto puesto del Mundial de Constructores. El propio piloto había asegurado, en la previa de Singapur, que el A526 era un auto rápido y que la competitividad no representaba el principal problema. La pista, sin embargo, se encargó de demostrar que tener potencial no alcanza. Mucho menos cuando se encadenan errores de conducción, decisiones estratégicas que no funcionan y problemas mecánicos que hasta hace poco parecían ajenos a la escudería francesa.

La mala racha empezó en Azerbaiyán, donde Colapinto cometió un error que provocó un accidente y también dejó fuera de carrera a Pierre Gasly y Lando Norris. El argentino asumió su responsabilidad. Una semana después, en Sepang, donde se disputó el reprogramado Gran Premio de Bahréin, la historia fue diferente. Penalizado y obligado a largar desde el 21° puesto, avanzó hasta terminar 13°, pero quedó condicionado por una elección equivocada de neumáticos. No fue una actuación brillante en términos de resultados, aunque sí dejó algunas señales positivas en el ritmo del auto y en la capacidad de recuperación del piloto. El problema es que los puntos se escaparon otra vez.

Singapur debía ser la oportunidad para cambiar la tendencia. Terminó siendo el peor capítulo de la serie. El sábado, una falla en el sistema de almacenamiento de energía dejó a Colapinto fuera de la carrera Sprint. El domingo, cuando marchaba 13° y todavía tenía posibilidades de mejorar su posición, una avería aparentemente vinculada con la transmisión lo obligó a detener el Alpine en la vuelta 31.

El mea culpa de Alpine

«Era muy difícil que el auto volviera, no iba para atrás, para adelante poquito», explicó en la zona mixta, todavía sin un diagnóstico definitivo. La escena fue tan frustrante como reveladora. Colapinto intentó mover el auto, habló con su ingeniero, comprobó que la marcha atrás no funcionaba y terminó bajándose. Otra oportunidad perdida por razones que escapaban a su control.

El diagnóstico inicial apuntó a una falla en la transmisión, aunque Alpine todavía debía analizar el auto para determinar con precisión qué había sucedido. El episodio encendió una alarma inesperada. Hasta Singapur, la confiabilidad había sido uno de los puntos fuertes del A526. El equipo podía tener problemas de rendimiento, perder posiciones por estrategias equivocadas o sufrir por el desgaste de los neumáticos, pero las averías no habían sido una preocupación habitual. En Marina Bay, en cambio, Colapinto sufrió dos en menos de 24 horas.

Foto: AP

Steve Nielsen, director deportivo de Alpine, no buscó excusas. En el comunicado oficial difundido después de la carrera, admitió que los resultados del triplete estuvieron lejos de las expectativas y puso el foco en recuperar la confiabilidad. También anticipó que el equipo tiene nuevas piezas en desarrollo para mejorar el rendimiento en las próximas fechas. La escudería necesita entender por qué se detuvo dos veces el auto del argentino y, al mismo tiempo, encontrar la manera de que sus pilotos puedan aprovechar el potencial que muestran en las clasificaciones.

Porque el problema de Alpine no se limita a Colapinto. Gasly largó séptimo en Singapur y terminó undécimo, fuera de los puntos. Su balance fue tan preocupante como el del argentino. El francés explicó que el A526 sufre especialmente en circuitos que exigen mucho al eje trasero, donde la falta de tracción y el desgaste de los neumáticos se convierten en limitaciones importantes. Y aportó un dato revelador: había conseguido tres clasificaciones a la Q3 durante el triplete, cuatro si se incluía la clasificación Sprint de Singapur, pero el equipo se marchó sin sumar una sola unidad.

«Tenemos que estar frustrados como equipo después de este triplete», reconoció Gasly, que reclamó mejorar el rendimiento en carrera para poder competir con sus rivales. No alcanza con ser rápido durante una vuelta si después resulta imposible sostener ese ritmo durante un Gran Premio.

Foto: AP

El mano a mano con Racing Bulls

La consecuencia aparece en el Campeonato de Constructores. Racing Bulls, que había comenzado la temporada por detrás de Alpine, aprovechó sus mejoras y los tropiezos de su rival para consolidarse como el quinto equipo del campeonato. La escudería satélite de Red Bull llegó a los 100 puntos contra 68 de Alpine. Son 32 unidades de diferencia, una distancia que todavía puede descontarse, pero que obliga a una recuperación inmediata. Sobre todo porque quedan apenas seis Grandes Premios y cada oportunidad desperdiciada achica el margen para reaccionar.

El contraste resulta especialmente doloroso porque Alpine había demostrado que podía ser competitivo. El cambio a los motores Mercedes, las mejoras aerodinámicas y algunos buenos resultados de sus pilotos alimentaron la ilusión de convertirse en el mejor equipo detrás de las cuatro grandes estructuras. Colapinto sumó puntos en Monza y Madrid, mientras Gasly consiguió actuaciones destacadas en clasificación. Sin embargo, Racing Bulls evolucionó con mayor consistencia y transformó esa mejoría en resultados.

Antes de Singapur, el argentino había sido optimista. «No se acaba hasta que se acaba», sostuvo al hablar de la pelea con Racing Bulls. También explicó que había evolucionado mucho durante su primera temporada completa, después de atravesar momentos difíciles de los que había aprendido. Esas declaraciones adquieren otra dimensión después de lo sucedido en Marina Bay. Colapinto, ya con la butaca asegurada para 2027, necesita demostrar que esa maduración también le permite atravesar una mala racha sin perder la confianza ni caer en la ansiedad de querer recuperar todo de golpe.

Flavio Briatore junto con Franco Colapinto y Pierre Gasly. Foto:@AlpineF1Team

La buena noticia es que el calendario le ofrece una oportunidad para cambiar el ánimo. La Fórmula 1 tendrá un fin de semana de descanso antes de iniciar la gira americana, una de las etapas que más disfruta el piloto de Pilar. El 25 de octubre correrá en Austin, el 1° de noviembre lo hará en México y una semana después llegará a Interlagos, donde seguramente volverá a sentirse local por el acompañamiento de los argentinos. Después quedarán Las Vegas, Qatar y Abu Dhabi, donde el campeonato terminará el 6 de diciembre.

«Se viene la parte del año que más espero y más me gusta, con Estados Unidos, México y Brasil», dijo Colapinto después de Singapur. Y enseguida planteó el desafío que tiene por delante: resetearse, recuperar fuerzas y encontrar la manera de revertir el mal momento. No prometió resultados ni ocultó su frustración. Reconoció que fueron fines de semana muy duros y que necesita volver a empezar.

Alpine también tiene que resetearse. Nielsen sostuvo que, pese a los resultados, el equipo sigue viendo razones para ser optimista porque el auto mostró un buen ritmo en distintos circuitos. Pero también dejó en claro que no basta con incorporar mejoras: hay que conseguir que los dos coches estén en condiciones de competir y terminar las carreras. La escudería se juega el quinto puesto del Mundial de Constructores y buena parte de la evaluación de una temporada que había comenzado con expectativas bastante más altas.

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