México volvió a abrirle la puerta al mundo con una pelota. De nuevo hizo global aquello de “mi casa, su casa”; ningún otro país en la historia de la gran cita del balón lo ha podido verbalizar tantas veces, tres ya. Las mismas, más que ninguno también, que un mismo estadio ha sido sede un partido inaugural. La gloria se queda para siempre en el totémico Azteca, por mucho que ahora quieran llamarlo Banorte o Ciudad de México: los patrocinadores pueden comprar un nombre, no una historia, menos cuando esa historia fue escrita por las deidades que alguna vez corrieron este césped. Ante Sudáfrica, México rompió además un maleficio casi centenario. La selección que más partidos inaugurales ha jugado nunca había logrado una victoria el día del estreno. Fue en la octava ocasión que lo logró. Hay algo profundamente mexicano en no claudicar. Hay algo profundamente mexicano en en permanecer en pie y seguir encontrando motivos para celebrar.
México rompe el maleficio (2-0) ante Sudáfrica en la fiesta de la capital mundial del fútbol









