El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de 79 años, volverá a ser internado esta semana en el Centro Médico Militar Walter Reed, en lo que será su tercera hospitalización en apenas 13 meses. Aunque la Casa Blanca presentó la visita como un “chequeo de rutina”, la seguidilla de ingresos médicos reavivó el debate sobre el estado físico y cognitivo del mandatario, especialmente después de episodios recientes en los que apareció con dificultades para caminar, hematomas visibles en las manos y lapsos de confusión durante actos públicos.
Según reveló el diario The Washington Post, la visita prevista para este martes incluirá controles clínicos y odontológicos dentro del hospital reservado históricamente para presidentes estadounidenses. El nuevo ingreso amplificó las especulaciones en torno a la salud de Donald Trump, ya que se produce después del examen físico anual realizado en abril de 2025 y de una posterior “cita de seguimiento” en octubre, un nivel de monitoreo poco habitual.
Así, la salud del mandatario más longevo en asumir la presidencia de Estados Unidos volvió a quedar bajo la lupa por una serie de señales visibles en sus recientes apariciones públicas: un aumento notorio de moretones y marcas rojizas en las manos y el cuello, una marcada inflamación en los tobillos y episodios reiterados en los que aparece con los ojos cerrados durante reuniones de Gabinete y actos oficiales. En julio del año pasado, además, le diagnosticaron insuficiencia venosa crónica, una afección frecuente en adultos mayores que puede provocar hinchazón y problemas circulatorios.
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Fiel a su estilo, Trump rechazó las críticas asegurando que goza de una «excelente salud» y que se siente mejor que hace tres décadas. Respecto a los síntomas, el mandatario atribuye los hematomas al uso diario de altas dosis de aspirina y afirma que no se queda dormido en las reuniones, sino que «cierra los ojos para escuchar mejor«.

El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., salió en su defensa citando una evaluación previa del Dr. Oz, quien afirmó que Trump posee «el nivel de testosterona más alto que jamás haya visto en una persona mayor de 70 años».
Sin embargo, la comunidad médica que sirvió a administraciones anteriores se muestra escéptica ante la opacidad del actual gobierno: «Parece que esta Casa Blanca no quiere reconocer ninguna dolencia física, pero las personas mayores desarrollan problemas de salud y el presidente tiene casi 80 años. Parece que falta sinceridad«, aseguró Dr. Jonathan Reiner, excardiólogo del vicepresidente Dick Cheney.

Al mismo tiempo, el Dr. Jeffrey Kuhlman, exmédico de los presidentes Clinton, Bush y Obama, expresó al Washington Post su desconfianza tras «una década de engaños, falsedades y demoras» en el historial de las evaluaciones presidenciales, exigiendo mayor transparencia y honestidad hacia los ciudadanos.
Impacto en la opinión pública
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