«Sería como encontrar Coca-Cola en el desierto»

«Sería como encontrar Coca-Cola en el desierto»


¿Por qué la Iglesia Católica quiere saber si existió la Difunta Correa, venerada por miles de fieles a partir de la tradición oral que nació en San Juan? La investigación está en marcha y el desafío es documentar si es real la historia de la mujer que murió caminando por el desierto y realizó el milagro de seguir amamantando a su hijo, quien logró sobrevivir.

Se trata de una tarea conjunta del Arzobispado de San Juan y el Instituto de Historia Regional Argentina Héctor Arias, de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de San Juan.

Un equipo de 20 colaboradores, entre docentes, estudiantes a punto de graduarse, sacerdotes y asistentes, pretenden documentar la existencia de Deolinda Correa y su descendencia.

En el equipo interviene el cura sanjuanino y docente universitario José Juan García, quien a la hora de la siesta y en medio de una clase, atendió el llamado de Clarín: «Los alumnos están escuchando su interés por la Difunta Correa», dice en alta voz. Y, durante el atardecer, al salir del curso, responde a los interrogantes de la historia que por siglos ha sido fervor popular y busca una base sólida documentada.

¿Qué persigue esta investigación sobre la existencia de la Difunta Correa y su hijo?

—Hay mucha devoción en San Juan, en Argentina y en países limítrofes por la Difunta Correa, y sin ofender a nadie, queremos darle un mínimo de carácter histórico científico.

¿Nadie ha podido documentar que existió Deolinda Correa?

—La verdad es que no sabemos de la existencia de Deolinda, ni de su origen de nacimiento y si es cierto que tuvo un hijo. Por tradición oral, que se ha transmitido a lo largo de los tiempos, conocemos esta historia. Existen muchos trabajos de investigación, películas, documentales, pero ninguno ha podido presentar documentación certera.

¿Quién ordenó la investigación?

—Fue una iniciativa del arzobispo de San Juan, monseñor Jorge Lozano, y del Instituto de Historia Regional Argentina Héctor Arias, de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de San Juan. Los investigadores formamos parte del instituto y se han sumado cuatro pasantes, estudiantes a punto de rendir sus tesis, que cobrarán honorarios mientras dure la inauguración, dos pasantes por parte del Obispado y dos por la Facultad.

¿Por dónde comenzaron y cuáles son las pistas que siguen?

—Esta historia está situada entre 1820 y 1830. No sabemos si Deolinda vivía con su hermana en San Juan, o si había nacido en La Rioja y desde allí emprendió su viaje por el desierto sanjuanino para encontrar a su marido. Tampoco sabemos si es cierto que el marido fue llevado por la milicia del caudillo riojano Ángel Vicente «Chacho» que defendía las ideas del federalismo o de las milicias de Facundo Quiroga. Tenemos que ir archivo por archivo. Desde Family Search, nos han prestado y abierto los registros, pero también puede aparecer documentos en parroquias: certificados de bautismo, casamiento, misa de difuntos. Hacia 1870 y 1890 está instalado el culto popular. Y, en 1950, comenzaron las peregrinaciones al santuario en Caucete, donde se menciona que fue enterrada la Difunta Correa.

¿Con la difusión de la investigación esperan que aparezcan posibles descendientes?

—Será importante la información de antepasados que puedan acercarnos y que la comunidad nos haga llegar datos escondidos. El arzobispo le escribió a todos los párrocos para ver si podemos encontrar algún rastro preciso, en un acta de bautismo, casamiento, misa de difuntos..

¿Cómo es la pista que siguen en La Rioja?

—Un joven sacerdote de La Rioja, el padre García, nos dijo que hay documentación que demuestra que Deolinda no era sanjuanina sino que habría nacido en Chamical, sur de La Rioja. Nos explicó que los libros de bautismo de esa parroquia, cerca de dique de Los Llanos, fueron trasladados a Córdoba. Si aparece ese libro de bautismo, será como encontrar la Coca-Cola en el desierto.

¿Qué se sabe del supuesto hijo?

—Encontramos un dato que nos puede llevar a quien la tradición oral menciona como su hijo, Baudilo Bustos Correa. Alguien publica un aviso en un diario sanjuanino porque vende su casa. Los avisos aparecen en el diario El Zonda, en 1865, a nombre de Baudilio Bustos Correa, quien fijaba su domicilio a dos cuadras de la céntrica Plaza 25 de Mayo, antes de mudarse a Córdoba.

Si aparece documentación, ¿la Iglesia podría iniciar el proceso de beatificación de Deolinda ante tantos milagros que la creencia popular le asigna?

—Sería importante para la fe católica porque la mayoría de los creyentes en la Difunta Correa son católicos y existe una capilla de la Virgen del Carmen en el predio del santuario en Caucete. La difunta Correa es una expresión de los valores de la religiosidad católica como son la maternidad y la fidelidad al marido.

¿Y sino logran corroborar su existencia?

—En el peor de los escenarios, si no encontramos documentación fehaciente, no debiera afectar la creencia y devoción que genera la Difunta Correa. Tampoco podríamos concluir que no existió. Puede ocurrir como en el caso del indio Juan Diego, quien presenció la aparición de la Virgen de Guadalupe en México (1531). No se encontraban los documentos que acreditara su existencia, hasta que apareció la carta de una religiosa que decía que Juan Diego era su sobrino y a partir de eso, la Iglesia pudo avanzar en su beatificación en 1990 y canonización en 2002.

¿Por qué la Difunta Correa genera tanta devoción?

—Van muchos peregrinos a la Difunta, de distintos lugares del país y de ciudades limítrofes, y varios se quedan a las misas de la parroquia. Es el fenómeno que estudia la antropología social, de la persona que se siente tocado o premiado por una gracia de Dios, así lo piensan los devotos y lo transmiten a sus hijos.

Una imagen de la Difunta Correa en su santuario de Caucete.

La leyenda

El culto pagano dice que en 1840 Deolinda murió de sed en el desierto cuando huía de las milicias en búsqueda de su marido y con su bebé en brazos. Unos arrieros habrían encontrado su cuerpo y descubierto que el pequeño, había sobrevivido amamantándose de la leche de su madre.

Aquellos arrieros decidieron enterrar el cuerpo de Deolinda debajo el árbol donde la encontraron y se llevaron al pequeño. Uno de los mayores misterios de esta historia es qué pasó con su hijo, porque nunca hubo registro del niño.

Los supuestos milagros comenzaron con el arriero chileno Pedro Zeballos que había perdido su ganado y, al pasar cerca de la cruz y la tumba de la Difunta Correa, le pidió el milagro de encontrar a sus animales. A la mañana siguiente, Zeballos encontró pastando a su ganado y cumplió su promesa de construir un santuario para Deolinda.

Son miles de fieles que llegan cada año a llevarle alguna ofrenda, en agradecimiento a sus favores concedidos. El santuario de la Difunta Correa está ubicado en la localidad de Vallecito, en el municipio de Caucete, a 60 kilómetros de la capital de San Juan.

En Vallecito, donde está el ingreso a la mayor reserva natural de San Juan (Reserva Valle Fértil) hay una gran cantidad de puestos de artesanías, restaurantes, y hasta un hotel para los devotos de la Difunta. En distintas capillas y el museo son guardados las partes de autos, camiones, motos, y bicicletas que depositaron los promesantes.

El santuario es visitado por miles de fieles. Foto: REUTERS/Enrique Marcarián.

La nave principal, llamada el Museo, conserva los guantes de Nicolino Locche, el pantalón que Carlos Monzón lució cuando logró el título de campeón Mundial frente al italiano, Nino Benvenutti; una camiseta firmada por Diego Maradona en la década del 80, la toalla de Sandro después de su trasplante renal, réplicas de la Copa América 2021 y 2024, la Finalísima Argentina e Italia (2022), la camiseta de Lionel Messi firmada por todo el equipo y la réplica de la Copa del Mundo de Qatar.

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