El 27 de mayo de 1996, el nombre de Fabián Tablado quedó asociado para siempre a uno de los crímenes más brutales de la historia argentina. Esa noche asesinó a Carolina Aló, su novia de apenas 16 años, dentro de la casa familiar en Tigre. La autopsia estableció que la adolescente recibió 113 puñaladas.
Treinta años después, el femicida vive en la ciudad de Posadas, en la provincia de Misiones, lejos del lugar donde ocurrió el crimen que marcó un antes y un después en la discusión pública sobre la violencia contra las mujeres. Mantiene perfiles en redes sociales donde publica fotos arriba de una moto chopera, aunque evita mostrar completamente el rostro. También ofrece artículos usados por internet: relojes, discos antiguos y hasta una moto Zanella Patagonia Eagle Custom 150 cc. Hasta el año pasado promocionaba servicios de mini mudanzas a domicilio.
Cuando Carolina fue asesinada, la figura de femicidio todavía no existía en el Código Penal argentino. El caso fue juzgado como “homicidio simple” y terminó con una condena de 24 años de prisión para Tablado, quien recuperó la libertad en 2020 después de cumplir la pena.
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La relación entre ambos había comenzado durante la adolescencia. Compartían el colegio Marcos Sastre de Tigre y llevaban varios años de noviazgo. Con el tiempo, la investigación judicial reconstruyó episodios previos de violencia y celos que habían permanecido ocultos para buena parte del entorno de la víctima.
Edgardo Aló, padre de Carolina, supo después del crimen que algunas agresiones habían sido disfrazadas como accidentes domésticos. La adolescente incluso llegó a justificar lesiones ante su familia para evitar revelar lo que ocurría en la relación.
Aquella noche de mayo, la familia Tablado había salido de la casa y la pareja quedó sola. Horas después, el regreso de los padres y hermanos de Fabián terminó con el hallazgo del cuerpo de Carolina y el inicio de una investigación que conmocionó al país.
Los peritos determinaron que durante el ataque fueron utilizadas distintas armas blancas. También concluyeron que la secuencia homicida se extendió durante varios minutos y que existió una violencia extrema sobre la víctima.
Después del crimen, Tablado escapó. La Policía logró detenerlo pocas horas más tarde tras una serie de llamados y datos aportados por personas de su entorno.
Durante la instrucción aparecieron testimonios que indicaban que el joven había hablado previamente sobre la posibilidad de matar a Carolina y suicidarse. Para los investigadores, esos elementos derrumbaban la idea de una reacción puramente impulsiva.
Sin embargo, la defensa intentó sostener otra explicación. Tablado declaró en distintas entrevistas que había sufrido una pérdida de control emocional y que no comprendía completamente lo que había ocurrido aquella noche.
“No sé lo que me pasó”, dijo pocos días después del crimen en una entrevista periodística realizada mientras permanecía detenido.
La Justicia no aceptó esa versión. En 1998, la Sala III de la Cámara Penal de San Isidro lo condenó por homicidio simple. Tanto la fiscalía como la querella habían reclamado prisión perpetua por la violencia desplegada durante el asesinato.
La historia judicial de Tablado no terminó con la condena por el asesinato de Carolina. Mientras estaba preso recibió otra pena por amenazas contra una expareja con quien tuvo hijas mellizas. También registró incumplimientos de restricciones judiciales.
Cuando salió de prisión en 2020, distintas ciudades rechazaron públicamente su presencia. Finalmente se instaló en Posadas, donde encontró apoyo en sectores religiosos vinculados a tareas comunitarias y asistencia social.
No obstante, su llegada generó polémica inmediata. El Concejo Deliberante local llegó a declararlo “persona no grata”, mientras vecinos y organizaciones expresaban preocupación por su presencia en la ciudad.
Desde entonces, Tablado intenta mantener una vida de bajo perfil. Sus redes sociales muestran parte de esa cotidianeidad: publicaciones de venta, motos, objetos usados y fotografías tomadas evitando exponer completamente la cara.
Para Edgardo Aló, en cambio, el paso del tiempo nunca modificó el impacto del crimen. Después del asesinato de su hija se convirtió en uno de los principales impulsores de campañas contra la violencia en los noviazgos y participó durante años de actividades públicas vinculadas a la prevención de femicidios.
Treinta años después de las 113 puñaladas, el caso Carolina Aló sigue apareciendo cada vez que se vuelve a discutir condenas por violencia machista, reincidencia y límites de la reinserción social de condenados por crímenes de extrema violencia.









