Varias pistas dicen que el Papa Francisco no se fue

Varias pistas dicen que el Papa Francisco no se fue

Hace exactamente un año, el mundo entero se despertó con la muerte del Papa Francisco. Tenía 88 años de edad y había logrado gambetear varias veces la pleuresía que a los 21 le perdonó la vida, pero no fue gratis: le había pedido a cambio el pulmón derecho.

Su historial médico había sido bastante voluminoso: pie plano; renguera; las contracciones del nervio ciático; lumbalgia; cirugía de vesícula, intestino grueso y cataratas; hernia abdominal y varios achaques respiratorios durante los crudos inviernos itálicos. Aun así, de todo se había recuperado.

Todo el 2024 había transcurrido con una neumonía recurrente que preocupaba, pero las cadenas de oración y los rezos inclaudicables lo sostuvieron. Había podido incluso abandonar el Hospital Universitario Gemelli y regresar a su estancia en Santa Marta. Hasta que Dios, que tenía otros planes, lo llevó a su lado y él aceptó ser la ofrenda.
Las lágrimas y la congoja inundaron el mundo que había logrado ver que el Papa argentino era diferente. En 2013, la revista Time lo había nombrado “Personalidad del año”.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

Como siempre sucede, el llanto cesó, el sol siguió saliendo, llegó León XIV y en los últimos 12 meses San Lorenzo ganó un total de 15 partidos en todos los torneos mientras Buenos Aires se dedicó a acrecentar la leyenda del argentino más citado en todo el planeta.

Y mientras los frenéticos vaivenes de Argentina y el mundo nos tuvieron en vilo a locales y visitantes, Buenos Aires se preparó para recibir a los turistas ávidos de leyenda, la del porteño que de Flores llegó hasta la cima católica de las siete colinas de Roma, el 13 de marzo de 2013, cuando sucedió a Benedicto XVI, en el Vaticano. Y bien que hizo lío, a su manera.

Si nos ponemos estrictos, una veintena de tópicos bonaerenses serían ineludibles para reconstruir la vida y obra de Jorge Bergoglio, el Papa argentino.

El Papa que no se fue

El año pasado la empresa Civitatis lanzó un tour para recorrer los espacios que vieron crecer al Papa argentino desde que falleció, la demanda no paró de crecer y debieron sumar recorridas durante sábados y domingos para dar respuestas a la Papamanía.

Como merece cualquier historia de inmigrantes, el recorrido “franciscano” ata cabos sueltos arrancando por la semilla italiana. Y una anécdota, que el mismo Bergoglio solía contar, confirma que su destino estaba marcado.

Huyendo de la Italia empobrecida de Mussolini, los abuelos de Bergoglio (Giovanni Angel Bergoglio y Rosa Margherita Vasallo) habían comprado boletos para zarpar de Génova en octubre de 1927 y llegar a Buenos Aires, con su hijo menor, el piamontés Mario Giuseppe Bergoglio, el futuro padre del Papa.

Sin embargo, como todavía no habían terminado de vender sus bienes, cambiaron el pasaje por uno en otra compañía y para dos años más tarde y se salvaron de morir en el hundimiento frente a la costa de Brasil.

Tres tíos de Mario José (Lorenzo, Eugenio y Vittorio) ya vivían en Entre Ríos, en donde habían puesto una empresa de pavimentos. Aunque el plan inicial era venir a hacer su América en Entre Ríos, la crisis del 30 desplumó a los pioneros; la pavimentera voló por el aire y los Bergoglio tuvieron que reprogramar la ruta hacia Almagro, a metros de la intersección de México y Quintino Bocayuva, en la ciudad de Buenos Aires.

Ni siquiera sabían dónde estaban parados, pero un papelito estrujado en el bolsillo de don Giovanni lo decía clarito: “Casa Salesiana San Antonio, preguntar por Enrique Pozzoli”. Tenían que llegar hasta allí, justo por donde hoy pasa el 56 y había una comunidad de salesianos (el abuelo paterno del Papa, era de Turín, la ciudad piamontesa que fue la cuna de la congregación que lleva el nombre de San Francisco de Sales).

Precisamente ahí en México 4040 hace la primera parada el tour porteño del Papa cuando solo era Jorge Bergolgio. Allí a 8 cuadras del transitado Parque Rivadavia , todavía hoy funciona la Casa Salesiana de Almagro, fundada por el Reverendo Padre Lorenzo Massa, “sacerdote, misionero, apóstol, docente, historiador” … ¡y futbolero hasta la muerte!

Fue ese cura salesiano el fundador del Club Atlético San Lorenzo de Almagro en esto que fue su primer campito, hasta que se mudaron a Boedo y luego a Bajo Flores.

El Padre Enrique Pozzoli recibió a Giovanni Bergoglio y familia con los brazos abiertos, cuando llegaron sin nada. Los ayudó a instalarse y fue “el cura de la familia” durante décadas. Fue él quien dio la misa en la que el Padre del Papa, ya empleado del Ferrocarril) conoció a Regina María Sívori Gogna (1911-1981), una argentina hija de compadres. Se casaron en 1934 y poco después, el 17 de diciembre de 1936 nació Jorge Mario Bergoglio, el primogénito entre cinco hijos argentinos.
Una semana después, en Navidad, Pozzoli lo bautizaba en esa misma iglesia salesiana que no deja lugar a dudas de la genética cuerva del Papa.

Era el destino, ya lo dijimos: Su familia alimentaba su vida infantil con el código salesiano y él no contradecía esa devoción: procesiones en el María Auxiliadora o en el San Antonio de la calle México; visita cantada al Oratorio de San Francisco de Sales, con la abuela devota; un sexto grado (1949) experimental como alumno pupilo en el Colegio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles, en Ramos Mejía.

Es claro: si no hubiera sido jesuita, el Papa Francisco hubiera sido salesiano o en el peor de los casos futbolista entre los “cuervos”. Sus amores fueron una página marcada.

La tercera escala del tour es ahí nomás, la casa natal de Bergoglio, en Varela 268, Flores. Una sencilla placa de mármol veteado recuerda la estirpe del sitio con una leyenda simbólica:“Rezamos por vos”.
Una puerta de hierro gris con doble hoja vidriada cierra un zaguán profundo, apenas reverdecido por unas macetas que se reparten una “lengua de suegra”, una calathea y una palmerita que lucha para no perder su vieja dignidad.

En este PH de dos casas, el Santo Padre vino al mundo, a las 21 horas en punto. Aquí aprendió a decir “mamá” y caminar dando tumbos por el pequeño patio central. Todo parece detenido en el tiempo, como era a fines del 30, con los pisos de madera original, las nobles aberturas de entonces, la escalera de mármol que lleva al entrepiso y la terraza abierta al celeste porteño.

En 2021, el lugar estuvo en venta, pero hoy está vacío.

Pistas del Papa Francisco

En Varela 268, los Bergoglio vivieron hasta que Jorge cumplió los cinco años. La familia crecía: llegaron Oscar, Marta, Alberto y María Elena, la menor de todos, de quien la separaban 12 años.

Fue entonces en 1940 cuando se mudaron a la fresca casa con ancha vereda arbolada de Membrillar 531, más fresca aún gracias a la Plaza Herminia Brumana, a 50 metros, en donde Jorgito aprendió a pintarse las rodillas con moretones mientras recibía la educación primaria laica, en la Escuela Nro. 8 Coronel Ingeniero Ignacio Pedro Antonio Cerviño (Varela 358), otra de las paradas del tour.

El nivel secundario llevó al fan de San Lorenzo hasta Nuestra Señora de la Misericordia, Colegio Incorporado Normal y Liceo (Av. Directorio 2138). En ese mismo lugar también convergen los recuerdos argentinos de su Primera Comunión, meciéndose al ritmo de las arboledas de la Plaza Varela, en la esquina de Camacuá.

El secundario de Bergoglio concluyó en la Escuela técnica Hipólito Yrigoyen, de Monte Castro, de donde se graduó Técnico Químico. Ese título le permitió trabajar en Laboratorios Hickethier y Bachmann (Azcuénaga 1183), yendo y viniendo de Flores a Barrio Norte, durante casi tres años.

Jorge Bergoglio tuvo siempre un vínculo especial con su abuela Rosa Vasallo, católica ferviente. Y así fue hasta el día de 1974 en que falleció en el Sanatorio San Camilo, sobre la calle Angel Gallardo. Ella fue la mujer que más influyó en su personalidad, en principio porque pasaron largas tardes juntos mientras se hundían en la nostalgia de los recuerdos de la madre patria piamontesa, cuando hacía obras benéficas para los más pobres.

De su madre, en cambio, se le pegó el amor por la música. El la acompañaba con el oído adherido a Radio Nacional, para escuchar música clásica.

De ahí vendrá esa imperiosa necesidad del Sumo Pontífice de perderse, entre mate y mate, con Johann Sebastian Bach cuando necesitaba poner en orden sus preocupaciones. Y gracias a las dos, madre y abuela, su italiano fue fluido desde el primer día en que su sotana y su vocación lo llevaron a la ciudad de San Pedro, a pesar de que –cuando chico- odiaba que en su casa se hablara piamontés.

Por la calle Pedernera se alcanza la Avenida Rivadavia 6950, parada esencial en este circuito porteño de homenaje al Papa. Aquí mismo, justo enfrente de la Plaza Gral Pueyrredón (Plaza Flores), está la Basílica San José de Flores, “sucursal del Vaticano” según los vecinos, y para los cultores de la papamanía, punto exacto de la epifanía en la vida de Bergoglio.

Fue el 21 de septiembre de 1953 cuando Jorge Bergoglio tenía 17 años. Iba a festejar el día del estudiante con compañeros de la Acción Católica, grupo en el que militaba con amigos. Llegó primero y, mientras esperaba al resto, pintó confesarse. Arrodillado frente al sacerdote, hizo luz en él algo que venía titilando.

Allí “Dios lo llamó”, explicó después y una placa recordatoria, una lámpara votiva y un San José yacente visten el escenario basilical del confesionario en el que Jorge Bergoglio decidió ser cura.

Un hermoso retrato del Santo Padre escolta el almohadón bordó del confesionario de madera lustrada, en donde el cura del barrio perdonó los pecados de Bergoglio hace 73 años. Así, arrodillado frente a él, se arrepintió de todos sus líos. En nombre de Dios, el párroco lo perdono, lo bendijo y él aceptó su vocación.

Pese a su determinación, ese fue un secreto durante dos años y eligió revelarlo en el restaurante de la esquina, ahí nomás, en Rivadavia y Rivera Indarte, cuando la familia se reunió para celebrar los 20 años del matrimonio de sus padres, oficiado por el padre Enrique Pozzoli, también presente. Antes de que llegaran los postres, largó sin más que no iba a estudiar medicina, como todos esperaban, sino que sería “médico de las almas”, cura.

A Jorge Mario se le cortó la digestión y, en segundos, Regina sintió que el alma se le caía al centro de la Tierra para luego regresar. Rosa, la abuela, quebró el silencio sepulcral: “si cambiás de idea, siempre podrás volver a casa”, dijo previendo que su hijo le haría la cruz, y no se habló más. Pero finalmente todos lo aceptaron.

Las pistas del Papa

Bergoglio se internó en el Seminario Metropolitano Inmaculada Concepción de Villa Devoto y fue un camino de ida. Esas inmensas cuatro manzanas que guardan el susurro de miles de padrenuestros desde fines del 1800 fueron su hogar durante dos años. Fue allí donde debió sortear otro golpe del destino: la infección pulmonar que casi lo llevó a la tumba; pero sobrevivió.

Todo indicaba que su fe lo orientaba de forma natural hacia la orden salesiana. Sin embargo, a los 23 años eligió la misión jesuítica.
Una vez recuperado, a fines de marzo de 1960 partió a Chile para hacer un “juniorado” en la Comuna Hurtado de la Compañía de Jesús, a 25 kilómetros de Santiago de Chile.

En ese paraje inhóspito accesible solamente en carro tirado por caballos, Bergoglio confirmó su preferncia por el silencio, las voces del mundo interior, la sed de saber, la camaredería, y su completa entrega al corazón de Cristo.

Y a sus compañeros de la Casa Loyola les dejó el mejor de los recuerdos como hombre que “hacía lío”, si esa era una buena herramienta para evangelizar. Y fue por eso que aceptó ser actor en la pieza teatral A la hora undécima.

“Siempre contabas con él, además de ser muy inteligente, por sobre la media. Cuando alguno tenía dificultad con lo que pasaba en el curso, tú hablabas con él y te destrababa el problema”, contó Luis Bresciani, quien luego llegó a ser presidente del Tribunal de Ética del Colegio de Arquitectos de Chile. Bergoglio desataba nudos.

Bergoglio regresó a Buenos Aires en febrero de 1961y fue profesor de Literatura y Teología en el Colegio del Salvador, (Callao 542), que pertenece a la Compañía de Jesús. Entre 1964 y 1965, dio clases de Literatura y Psicología a la escuela jesuita Inmaculada Concepción, en Santa Fe.

Se ordenó cura en 1969 y lo primero que hizo fue bendecir a su madre Regina. En la década del 70, fue superior provincial de los jesuitas en Argentina; entre 1980 y 1986, estuvo en el rectorado del Colegio Máximo y en la Facultad de Filosofía y Teología de San Miguel. Siguieron seis años en Córdoba.

En 1992, lo nombraron obispo de la diócesis de Oca y, en simultáneo, obispo auxiliar de Buenos Aires, con derecho a suceder a Antonio Quarrachino, cosa que sucedió en 1998, cuando su mentor falleció y Bergoglio heredó el cargo de arzobispo de Buenos Aires, en la Catedral Metropolitana, parada obligada que del tour papal, que recibe a los visitantes desde el atrio con videos alusivos de valor histórico.

Allí estuvo, hasta que la fumata blanca del deber lo llamó en 2013, desde la Capilla Sixtina. Y mientras tanto, como si tuviera tiempo libre, fue Gran Canciller de la Universidad Católica Argentina.

Hasta ese día, salía todos los días a caminar y se perdía entre los porteños para comprar su periódico en el puesto de diarios de Hipólito Yrigoyen y Bolívar, otra de las paradas, junto con la cancha de San Lorenzo.

Faltaría sumar la Parroquia San José del Talar, en el barrio de Agronomía, Villa Devoto, donde se exhibe una pintura donada por el Papa con la imagen de la Virgen Destanudos, su versión mariana favorita. La hizo Ana María Betta de Berti, a partir de una estampita que había comprado el mismo Bergoglio, mucho antes de llegar al Vaticano.

De manera simbólica, todas las visitas guiadas concluyen sobre la vereda de Bolívar 225, frente a la Iglesia San Ignacio de Loyola, fundador de la orden de los jesuitas.

En total son más de dos decenas los rincones porteños y del Gran Buenos Aires que reclaman centimetraje y patria potestad en la road movie del primer Papa argentino, el primer Papa jesuita de la historia, el primer Papa americano e, incluso, el primer Papa “no europeo” desde Gegorio III. Todo el planeta lo recordará y sobre todo los argentinos, que desde un año vienen extrañándolo.

star111 login

betturkey giris

https://vsetut.uz

lottostar

https://slotcoinvolcano.com

lottostar

super hot slot

hollywoodbets mobile

pusulabet giris

yesplay bet login

limitless casino

betturkey guncel giris

playcity app

sun of egypt 4

moonwin

aviamasters

jeetwin

winnerz

lukki

croco casino

playuzu casino

spinrise

discord boost shop

fairplay

betsson

boocasino

strendus casino

sun of egypt 2 casino

gbets login

playwise365

amon casino

betmaster mx

verde casino

winexch

prizmabet

solar queen

quatro casino login

springbok