El partido de Benjamín Netanyahu, el Likud, ha ganado las elecciones legislativas celebradas este martes en Israel, en las que habría obtenido entre 24 y 25 escaños, sobre un total de 120, según los sondeos a pie de urna difundidos tras el cierre de los colegios electorales. El partido Yashar (centroderecha), de su adversario, Gadi Eisenkot, se situaría entre 21 y 23 diputados, menos de lo que vaticinaban las encuestas previas a estos comicios, que lo situaban como primera fuerza. La votación, la primera desde el ataque de Hamás en 2023 y una sucesión de guerras en Oriente Próximo, ha registrado un 77% de participación, muy alta e inédita desde hace más de 25 años.
La formación de Netanyahu es la más votada, pero sus socios ultranacionalistas y religiosos se mantienen o pierden un apoyo considerable en las urnas, lo que hace imposible que el bloque llegue a 61 diputados, es decir, la mayoría suficiente para formar un Gobierno. Según estas proyecciones, el actual Ejecutivo de coalición sumaría unos 50 escaños, frente a los 63 que tiene hoy en el Parlamento. Lo mismo le ocurre al bloque anti-Netanyahu, formado por Eisenkot y sus aliados (una mezcla heterogénea de partidos judíos, principalmente de centroderecha y derecha), que rondarían los 52 o 53 diputados.
El Likud está lejos de los 32 escaños logrados en 2022. Parece claro que, tras 19 años en el poder en tres etapas distintas desde los años noventa del siglo pasado, el primer ministro ha pagado en las urnas la factura de una legislatura marcada por el radicalismo, el ataque de Hamás, la movilización masiva de reservistas y el incremento de los problemas domésticos, comenzando por el aumento del coste de la vida y la negativa a obligar a los ultraortodoxos a realizar el servicio militar obligatorio en un momento en que faltan soldados y sobran terrenos de conflicto para Israel, como Gaza y Líbano.
También ha pesado en la decisión de los votantes israelíes la negativa del primer ministro a crear una comisión independiente de investigación sobre los graves fallos de seguridad que se cometieron el 7 de octubre de 2023 y los errores en la década previa. Su claro interés en evadir la justicia, que quiere sentarlo en el banquillo por corrupción, es otro de los temas que más indigna a sus críticos.
“Es un triunfo de la mayoría”, ha celebrado Eisenkot, que fue jefe del Estado Mayor con Netanyahu en el poder, entre 2015 y 2019. El líder opositor, al que las encuestas daban como ganador desde hace meses, no se ha mostrado descontento con los resultados a pie de urna, por la mayoría opositora que trazan y su margen de maniobra con las formación árabes, que han duplicado su presencia parlamentaria. Las encuestas a pie de urna “señalan una falta absoluta de confianza en Netanyahu y en el Gobierno responsable de los ataques del 7 de octubre por parte de la mayoría de los ciudadanos israelíes”, ha dicho. Si el recuento los confirma, actuará “de inmediato para hacer efectiva la decisión del pueblo, reemplazar al Gobierno de Netanyahu”, ha agregado.
Dentro del bloque contra Netanyahu, Los Demócratas, una lista de izquierda que conjuga el laborismo histórico con el pacifista Meretz, logra un buen resultado: 10 escaños. “Se nos ha brindado una oportunidad histórica para formar un auténtico Gobierno de cambio en Israel, y no tenemos intención alguna de dejarla pasar”, ha celebrado Yair Golán, su líder. Golán ve en la proyección una prueba de que “los israelíes han destituido a Netanyahu” y manda un mensaje al resto de líderes del bloque anti-Netanyahu: “El mandato que hemos recibido hoy de la ciudadanía es una orden operativa para reconstruir el país ante la que no cabe vacilación, luchas de egos, ni espacio para maniobras políticas”.
Entre ellas está Israel Beitenu, la formación de derecha laica del exministro Avigdor Lieberman. Sube de seis a ocho. La coalición de centroderecha Beyahad también sale bien parada, con 14 escaños en dos de los tres sondeos, que le colocarían como tercera fuerza política en la Kneset. La encabezan Naftali Bennett y Yair Lapid que se alternaron en la jefatura de Gobierno en 2021-2022, la única legislatura sin Netanyahu desde 2009.
“El pueblo israelí ha enviado a Netanyahu a la oposición y a casa. No permitiremos que siga con sus mentiras. El bloque de Netanyahu se ha desplomado, es un colapso total”, dijo el diputado de Los Demócratas Gilad Kariv.
Cada bloque resalta el resultado de los sondeos que le deja en mejor lugar. En los canales de televisión cercanos a Netanyahu se celebraba la victoria. Netanyahu, en efecto, ha vuelto a hacer buena su fama de eterno superviviente político dando la vuelta a meses de encuestas desfavorables. Pero las cuentas le salen mucho más a la oposición, que da ya la despedida del poder a Netanyahu.
Para el ministro de Defensa, Israel Katz, cercano a Netanyahu, las celebraciones de la oposición “son prematuras” y lo que está claro por ahora es que el Likud “es la fuerza política más votada”.
El mensaje que han enviado las urnas es más de rechazo a los socios de Netanyahu que al primer ministro. Por ejemplo, dentro de su coalición, el partido ultraortodoxo sefardí Shas se desmorona: de los 11 en 2022 pasa a entre seis y ocho escaños. A esto se suma el aparente castigo a sus dos socios de extrema derecha religiosa. Poder Judío, liderado por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, tiene pobres perspectivas, con entre seis y siete diputados, pese a que en campaña, el líder ultra se jactaba de poder llegar a 15 escaños. Y Sionismo Religioso, del titular de Finanzas, Bezalel Smotrich, se conformaría con seis parlamentarios.
Si los resultados oficiales confirman estas proyecciones, Israel tiene por delante semanas de negociaciones en las que los partidos árabes tendrán un papel fundamental. Una vez que se tengan los resultados oficiales, el presidente, Isaac Herzog, encargará a un diputado (normalmente el líder del partido más votado) que intente formar Gobierno. El aspirante tendrá 28 días para negociar y 14 de prórroga. Si logra la mayoría necesaria y presenta una propuesta que el Parlamento aprueba por mayoría simple, se constituye el Gobierno. Si fracasa, el presidente puede elegir a otro candidato y en última instancia, a un tercero. Si todos estos intentos quedan en nada, habrá nuevas elecciones.
Los partidos árabes, imprescindibles
Los grandes triunfadores de los comicios son los partidos árabes: la Lista Conjunta, una coalición de tres partidos, y la islamista moderada Ra’am. Conjuntamente, obtienen unos 18 escaños, según estas proyecciones. Todo ello gracias a una movilización sin precedentes de sus votantes, que se sienten discriminados y tratados como ciudadanos de segunda categoría en Israel, sobre todo desde los ataques de Hamás de 2023.
Estas formaciones representan sobre todo a los palestinos con nacionalidad israelí, es decir, a un quinto de la población, pero también reciben votos de votantes judíos, que los consideran la verdadera oposición a los partidos judíos tradicionales. Si quiere el puesto de primer ministro, Eisenkot tendrá que pactar con la Lista Conjunta o con las dos, pese a que durante la campaña, ha asegurado que no negociarán con ellas. En una sociedad traumatizada por los ataques de Hamás del 7 de octubre del 2023, lo contrario les habría restado apoyos. Solo Los Demócratas se dijeron dispuestos a aceptar en un futuro Gobierno a Ra’am, formación liderada por Mansur Abbas.
Abbas ha tendido ya la mano para construir una mayoría. “Espero que salgan las cuentas y podamos garantizar que haya 61 escaños en la Knesset”, ha dicho. Y el líder de la Lista Conjunta, Yusef Yabarín, celebró que su coalición es “amplia, fuerte y no podrá ignorarse en ningún escenario político”. Eisenkot ya avanzó en campaña que dará la bienvenida a cualquier formación que acepte a Israel como Estado judío, califique a Hamás de grupo terrorista y favorezca una ley de alistamiento.
La jornada electoral ha transcurrido sin incidentes de peso, pero en medio de una gran tensión. El primer ministro ha dado muestras de nerviosismo y ha publicado varios mensajes en sus redes sociales sugiriendo que los partidos árabes estaban “robando las elecciones”, sin explicar en qué se basaba. “Los partidarios de los Hermanos Musulmanes están asaltando los colegios electorales y robando las elecciones”, ha dicho el jefe de Gobierno. “Si no salimos a votar ahora, nos encontraremos con un Gobierno de partidos árabes”, ha insistido.









