Los detractores de Netanyahu contienen su entusiasmo: “Ganó, aunque será difícil que siga siendo primer ministro” | Internacional

Los detractores de Netanyahu contienen su entusiasmo: “Ganó, aunque será difícil que siga siendo primer ministro” | Internacional


El alivio se mezclaba con la preocupación el martes por la noche entre los israelíes que votaron contra el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. El jefe de Gobierno fue el candidato más votado según los sondeos a pie de urna, pero no le salen las cuentas para llegar a la mayoría necesaria y gobernar otros cuatro años.

“Lo ha vuelto a hacer. Ganó, aunque eso no signifique que vaya a poder ser primer ministro otros cuatro años. Veremos”, dice, sin ocultar su decepción, Alon, un israelí que ha votado por la oposición a Netanyahu y prefiere no dar su nombre completo.

No hace falta ser de izquierdas ni tampoco palestino con nacionalidad israelí, como quiere hacer creer el primer ministro, para votar contra él, rechazar sus políticas y sentir que el país necesita un cambio.

“Va a ser muy difícil revertir todo lo malo que hizo este Gobierno en los últimos cuatro años”, suspira, entre aliviada y triste, Fanny Kanigel, que llegó a Israel desde Argentina hace 60 años. Esta mujer cita, por ejemplo, los retrocesos en la calidad de la educación, el aumento del coste de la vida o un sistema de salud que se desmorona. “Y una agresividad en la sociedad que antes no existía”, apunta, a las puertas de un colegio electoral en el histórico barrio de Jaffa, en Tel Aviv.

“Por primera vez en la vida me pregunto si hice bien en venir a Israel en los sesenta. Este país y lo que yo pensé que tenía que ser ya no tienen nada que ver”, explica, agregando que piensa sobre todo en sus nietos, “que no pueden vivir en un país que va camino de ser una dictadura y solo quiere guerras”.

En este vecindario popular, Los Demócratas, coalición que aúna al laborismo con la formación de izquierda Meretz, y la Lista Conjunta, unión de tres partidos árabes, se anunciaban como las listas más votadas. En Israel no existe jornada de reflexión, ni está prohibido pedir el voto de camino a la urna, así que los accesos a los colegios electorales fueron este martes la última posibilidad de atrapar a los indecisos, entre un 5% y un 10% de los electores, según sondeos efectuados por medios nacionales. Pero la duda de casi todos era siempre la misma: votar por o contra Netanyahu.

Desde que se abrieron las urnas, Uri Ar, militante de Los Demócratas, ha explicado a numerosas personas cómo funciona el sistema electoral israelí y les ha recordado que apostar por los partidos más pequeños tiene su importancia para tener una coalición plural en el Gobierno. “Les digo que voten realmente al partido que más les represente y no al que piensan que será el más votado”, recalca.

Frente a este centro de votación de Tel Aviv ni siquiera había militantes del Likud, el partido de Netanyahu, y mucho menos de otras formaciones ultranacionalistas y religiosas que han estado en el Gobierno desde 2022. “Saben que no vale la pena venir hasta aquí porque no van a recibir apenas votos. Este barrio no se parece en nada al país. Es un lugar en el que vivimos en paz judíos y palestinos, porque todos somos israelíes. Queremos que siga siendo así”, explica Jonathan Leger, un padre de familia judío que votó a la Lista Conjunta, coalición de tres partidos árabes.

Kanigel ha votado a Los Demócratas y sueña con que Netanyahu deje el cargo y termine en la cárcel por los casos de corrupción que tiene pendientes. “Él tiene algo de psicópata en su forma de ser. Se considera un César, un rey. Piensa que, si él no gana, este país no existe y no es así. Es un peligro porque, para no ser juzgado, es capaz de hacer cualquier cosa”, considera.

Lana, que no quiere dar su apellido, es judía y ha votado por la Lista Conjunta. “Creo que somos la única izquierda, el único partido realmente de oposición, la única formación pacifista de Israel”, dice. “Mira las fotos de todos estos líderes: todos son militares”, agrega, señalando las imágenes de Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor, y de Yair Golan, general líder de Los Demócratas.

Basta alejarse un kilómetro para que el ambiente cambie totalmente y aparezcan las pancartas del Likud (derecha) y las imágenes de Netanyahu, acompañadas de su revelador eslogan de campaña: “Derecha o Palestina”. Es decir, o se vota al primer ministro o la coalición opositora se aliara con los partidos árabes para formar Gobierno y habrá un Estado palestino.

“Y eso es lo que no queremos. No queremos una Palestina. No queremos que Israel se entregue a los árabes. Por eso, Bibi [apelativo dado en Israel a Netanyahu] es nuestra única alternativa”, dice, preocupada, Masha Simon, repitiendo, prácticamente calcadas, las palabras del primer ministro en los últimos días.

Los militantes del Likud miran con preocupación las imágenes o los mensajes que les llegan al móvil sobre la enorme participación en ciudades árabes de Israel como Umm alFahm, Nazaret, Haifa o Lod. “No es normal”, “Algo está pasando”, “Netanyahu dice que hay fraude”, comentan entre ellos.

“¿Por qué estarían robando las elecciones? ¿Por ir a votar como cualquier israelí?“, les pregunta Ariana Ackermann, del partido Yashar, de Gadi Eisenkot, provocando un gesto de desprecio entre los militantes del Likud.

Votar por un cambio

En Jerusalén, Edén llega a su colegio electoral en el barrio de Rehavia sin saber a quién votar. “Aún dudo”, admite al primer militante que le aborda. Se acercan entonces un representante de Yashar, el partido de Eisenkot, y de Noam, una formación islamófoba y ultranacionalista. Cada uno expone sus argumentos.

“Eisenkot ha dado mucho en esta guerra. Perdió un hijo [como soldado en Gaza] y yo me creo cada palabra que sale de su boca. Puede estar o no de acuerdo con él, pero tengo claro que solo quiere el bien del país”, señala el partidario del vencedor de la noche. El otro activista subraya que la derecha es la única garantía de que Israel empleará la “determinación” necesaria para que los palestinos “olviden la posibilidad de tener alguna vez un Estado”. “Pero, Eisenkot y la mayoría de sus aliados también son de derechas”, le replica el representante de Eisenkot.

Los diálogos a las puertas de los colegios electorales revelan mucho sobre lo que está en juego. “Os votaría, pero vais a pactar con los musulmanes”, dice, literalmente, un viandante al activista de Yashar, refiriéndose a que necesitan el apoyo de una de las listas de los ciudadanos árabes de Israel para formar un Gobierno. “No. Nosotros vamos a pactar con la derecha”, repite el adepto de Eisenkot.

Lilat Yardenit llega a votar con ganas de hablar. No es de extrañar. Ha volado desde Los Ángeles para ejercer su derecho, al igual que otras decenas de miles de compatriotas. Israel carece de voto por correo o de urnas en sus embajadas repartidas por el mundo, salvo casos muy excepcionales.

“¿Quieres votar por el cambio?“, le pregunta un joven de Los Demócratas.

-“Sí, pero no por Yair Golan, porque ha criticado a nuestros soldados”, le responde, refiriéndose al líder de la coalición de izquierdas.

El Israel de Netanyahu, al que votó en el pasado, hoy “apesta”, dice Yardenit. Por eso, ha hecho el esfuerzo de volar desde EE UU para depositar, en esta ocasión, su confianza en Eisenkot.

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