La Copa de la Liga inglesa entregó una de esas noches que quedarán grabadas durante años. El modesto Fleetwood Town, equipo de la League Two (cuarta división), eliminó al Arsenal en la definición por penales tras empatar 1-1 en los 90 minutos y firmó uno de los mayores batacazos de la competición en este siglo.
El conjunto de Mikel Arteta llegaba con el cartel de vigente campeón de la Premier League y finalista de la última Champions League. Enfrente tenía a un rival que juega tres categorías más abajo y que disputó el partido en su pequeño estadio Highbury, con capacidad para apenas 5.000 espectadores. Sin embargo, la lógica quedó de lado.
La sorpresa comenzó a tomar forma a los 20 minutos, cuando Aarón Loupalo-Bi aprovechó las dudas del joven Marli Salmon dentro del área y venció a Illan Meslier, que fue elegido como titular por delante de Kepa Arrizabalaga. El Fleetwood se puso en ventaja y empezó a creer.
El encuentro tuvo además un episodio insólito cuando un dron sobrevoló el estadio y obligó a interrumpir las acciones durante varios minutos. Lejos de desconcentrarse, el conjunto local logró sostener la ventaja durante buena parte de la noche y llevó la tensión al máximo.
Arsenal encontró el empate apenas comenzado el segundo tiempo gracias a Viktor Gyökeres, que capitalizó una acción desordenada para establecer el 1-1. A partir de allí, los londinenses intentaron imponer la diferencia de jerarquía, aunque se toparon una y otra vez con la resistencia de un rival decidido a escribir historia.
La situación incluso pareció favorecer al Fleetwood cuando Max Dowman fue expulsado en el tramo final por una agresión sin pelota, dejando al Arsenal con diez hombres durante los últimos minutos. Aun así, ninguno logró romper la igualdad y la clasificación quedó en manos de los penales.
Allí emergió la figura de Jay Lynch. El arquero ya había sido determinante en el tiempo reglamentario al evitar sobre la línea un gol prácticamente hecho de Ben White en el descuento. Pero su intervención decisiva llegó en la tanda: contuvo el remate de Bruno Guimarães, el único fallo de la serie, para abrirle la puerta a la hazaña.
Con el posterior acierto de Conor Haughey, Fleetwood selló el 5-4 y desató la celebración de una ciudad que acaba de vivir la noche más importante de su historia reciente. Del otro lado quedaron las caras largas de los futbolistas del Arsenal, protagonistas involuntarios de una eliminación que ya tiene reservado un lugar entre los grandes «giant killings» del fútbol inglés.
El humilde club de la cuarta división avanzó así a los cuartos de final y se convirtió en la gran historia de una Copa de la Liga que sumó un nuevo capítulo a su larga tradición de sorpresas.









